«Los musulmanes no querían conquistar Asturias, solo someternos a sus tributos»

Javier Fernández Conde, antes de la conferencia en el Ridea. /  ÁLEX PIÑA
Javier Fernández Conde, antes de la conferencia en el Ridea. / ÁLEX PIÑA

Javier Fernández Conde profundiza en la batalla de Pelayo en la apertura del ciclo de charlas del Ridea por los centenarios de Covadonga

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA OVIEDO.

El catedrático emérito de Historia Medieval de la Universidad de Oviedo y sacerdote Francisco Javier Fernández Conde (Pillarno, 1937) fue el encargado de abrir el ciclo de conferencias sobre el centenario de Covadonga que organiza el Ridea (Real Instituto de Estudios Asturianos). El título de la suya: 'Covadonga, Realidad y mito', lejos de ser «provocador» -como advirtió el historiador- pretendía exponer la interpretación de unos hechos y su transcendencia en el tiempo bajo la óptica del propio investigador, ya que «sobre lo sucedido lo sabemos casi todo, las fuentes son pocas y el problema es interpretarlo», afirmó.

Los hechos, en opinión de Fernández Conde, serían «el encuentro de unos montañeses con un destacamento musulmán comandado por Alqaba en el que se resultan victoriosos los primeros y mueren los jefes de la expedición». Más que una batalla en el sentido estricto, para el medievalista se trataría de «una escaramuza, es el sustantivo que podría calificarlo». En su interpretación «los musulmanes no querían conquistar este territorio, solo someter a los asturianos a sus tributos». La figura de Pelayo también es matizada en el análisis del historiador. «Las crónicas y la historiografía posterior lo relacionan con el mundo visigodo. Yo creo que representaba un poder local cántabro-astur al que eligen en una asamblea otros poderes de la zona para encabezar su lucha contra los musulmanes». Esta idea «sirve para desmitificar las cosas» y parte de una suposición razonable. «¿Si no era de allí por qué lo eligen? ¿Cómo eligen a un extraño, a alguien venido de otras tierras? Porque los visigodos no tenían esa relación amistosa con los astur-cántabros», sostuvo el catedrático.

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Ante la figura del primer titular del Reino de Asturias y los acontecimientos vividos en Covadonga se enfrenta «el mito, algo muy común para explicar o legitimar los orígenes de una cultura o unas instituciones», explicó Fernández Conde, quien puso como ejemplo las versiones míticas de la fundación de monasterios asturianos como los de Corias, Cornellana o San Antolín de Bedón. En el caso del reino asturiano la vindicación del origen gótico de Pelayo «surge 150 años después, cuando Alfonso III salta la cordillera y avanza por la meseta. Trata de justificar sus esfuerzos frente al Islam y por qué se siente dueño de esas tierras». Todo eso «se legitima con una mitología», que aparece en las crónicas de ese periodo, defendió el conferenciante.

«El mito es algo muy común para legitimar los orígenes de una cultura o unas instituciones»

El goticismo o 'covadonguismo' (en la expresión acuñada por Javier Fernández Conde) tendría un gran éxito entre «los defensores de la unidad de España que veían en la época goda un periodo unificado, cuando no era así. El territorio visigodo estaba lleno de poderes feudales enfrentados». La legitimidad de los reyes acudiría igualmente a esos orígenes. «No solo los de León, Castilla, también los aragoneses pretendían entroncar con Pelayo», manifestó.

En cuanto al mito religioso y al culto mariano en torno a la Santa Cueva, el historiador aventura la hipótesis de que «allí hubiese un santuario precristiano, avalado por la toponimia de Deva (divinidad pagana), aunque en la época de las crónicas ya hay una capilla dedicada a Santa María», relató. El esplendor de la devoción por La Santina lo sitúa «en época barroca y cuando se alza la nueva colegiata, antes es un santuario pequeño y débil, como lo describe Morales en tiempos de Felipe II», precisó.

Respecto a las conmemoraciones del centenario defendió que «aportarán realismo a Covadonga, los hechos están ahí y solo cambian las interpretaciones».

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