Un pañuelo es el mundo

‘Planisferio celeste’ (1688), de Frederick de Wit, una de las obras que se exponen en la Biblioteca Nacional./Colpisa
‘Planisferio celeste’ (1688), de Frederick de Wit, una de las obras que se exponen en la Biblioteca Nacional. / Colpisa

La Biblioteca Nacional explora la historia de los mapas en la muestra 'Cartografías de lo desconocido'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

'El mundo es un pañuelo' parece una frase hecha, un tópico sin demasiada enjundia, pero ni mucho menos. En latín, pañuelo se dice 'mappa' y el 'mappa mundi', cuyo diminutivo es la palabra en español mapa, es el lugar en el que se representa el mundo. El pañuelo del mundo. La Biblioteca Nacional desvela este secreto, y otros muchos, en la exposición 'Cartografías de lo desconocido', que reúne doscientos mapas, manuscritos, incunables, grabados, atlas y cartas náuticas y que permanecerá abierta hasta el 28 de enero.

Un mapa, en su definición convencional, sería algo así como un dispositivo para exponer una serie de fenómenos alejados, inabarcables a un solo golpe de vista. Pero por extensión, el mapa se ha convertido en un mecanismo privilegiado de representación y visualización de hechos invisibles o difícilmente observales. De ahí que el uso de la palabra se haya extendido a expresiones tan alejadas de la representación física como la 'geografía de las emociones', la 'cartografía de las tendencias electorales' o el 'mapa de los conocimientos'.

«Como los buenos magos, los mapas esconden más que lo que enseñan», explica la historiadora del Arte Sandra Sáenz-López, comisaria de la muestra junto con el también historiador Juan Pimentel, que ahonda en esta idea: «Pensar que el mundo cabe en la palma de una mano es ilusionismo puro». 'Usted está aquí', 'así es la Tierra' o 'este es su país' son, sobre los mapas, simples convenciones visuales y espaciales en las que se apoyan estos trucos que sirven para que las personas se manejen por el mundo y por la vida. El mapa del tiempo, el mapa del tesoro, el plano de la ciudad que un turista está visitando, el del metro, el mapa de Peters que se estudia en los colegios, la bola del mundo... Todo se puede explicar, o al menos intuir, gracias a los mapas.

La exposición de la Biblioteca Nacional incluye mapas históricos, como las Genealogías de Cristo, el 'Fasciculus Temporum', de Werner Rolewinck, el 'De Aetatibus Mundi Imagines', de Francisco de Holanda, el cronograma de la humanidad 'Carta sincronológica de historia universal', de S. C. Adams, o el atlas anatómico 'De humanis corporis fabrica', de Andrea Vesalio.

«Los mapas no solo son importantes por lo que dicen, sino por lo que callan», explica Sáenz-López. «En ocasiones, los autores se ven obligados a omitir información, por cuestiones prácticas, porque no cabe todo, o por motivos estratégicos, políticos, militares y religiosos», agrega. Un ejemplo: en un mapa de Sancha del siglo XI se 'olvidan' los territorios controlados por el Islam, Al-Andalus, en un momento en el que el Cristianismo está a punto de llevar a cabo algunas de las batallas más importantes de la Reconquista.

La idea general es que los mapas pueden ser políticos (que representa los países) o físicos (que lo hacen con los fenómenos naturales). Sin embargo, la exposición de la Biblioteca Nacional demuestra que la tipología es casi infinita. Están los mapas etnográficos, que dibujan a los hombres que habitan en cada lugar; están los 'manuscritos iluminados', códices de la Edad Media o inspirados en ella que incorporan imágenes, 'iluminaciones', que añaden luz lo que se lee; están los mapas que enseñan los monstruos que, supuestamente, merodeaban por los océanos que quedaban por conquistar, y también están los mapas de las utopías, un oxímoron en apariencia (no se puede representar lo que no existe), pero no en la realidad.

«La 'terra incognita' hace alusión a todos los territorios que no se conocen, pero que muchas veces aparecen en los mapas. Están ahí, aunque empíricamente no los hayamos visto. La 'terra incognita' es una constante en la cartografía hasta el día de hoy», asegura Sandra Sáenz-López. «Algunos mapas sirven para encontrar tesoros o para ocultarlos. Los usos de los mapas han sido muy variados a lo largo de la historia, y algunos desvelan secretos y otros intentan esconderlos confundiendo a los enemigos. Los mapas son artefactos cargados de poder, no son absolutamente neutros y objetivos, todos tienen una intencionalidad», subraya Juan Pimentel.

Fotos

Vídeos