Parodia de la desinformación

La compañía catalana Els Joglars llenó por completo el aforo del Valey en la función de 'Zenit'. /  MARIETA
La compañía catalana Els Joglars llenó por completo el aforo del Valey en la función de 'Zenit'. / MARIETA

Els Joglars sometieron a crítica a los medios de comunicación con 'Zenit', escenificada en el Centro Valey

ALBERTO PIQUERO PIEDRAS BLANCAS.

Hay una escena al principio de 'Zenit' que estableció la perspectiva de esta tercera obra firmada por Els Joglars tras la marcha de Albert Boadella (quien continúa asesorándoles amistosamente) y que ayer se representó en el Centro Valey, en Castrillón. En ese arranque, un periodista de vieja escuela, interpretado por Ramón Fontserè (autor asimismo del texto, coescrito junto a Martina Cabanas, y director de la función), cae en un sueño profundo tras una borrachera y se le ilumina la historia de las crónicas que en el mundo han sido desde los tiempos remotos hasta la actualidad, a través de una síntesis de episodios que podría recordar a la elipsis de '2001: Odisea en el espacio'. Si bien que en este caso la grandeza cinematográfica se va tornando sátira teatral, género predilecto del grupo catalán, a través de coreografías elocuentes que perfilaron desde la época de las pinturas rupestres a la muerte de Cristo, el descubrimiento de América, la Revolución francesa, el nazismo o el atentado de las torres gemelas de Nueva York

La historia central que se dramatiza transcurrió en la redacción de un periódico venido a menos, con una estructura escenográfica sencilla y en varias alturas que favoreció las entradas y salidas de los actores, dando cuenta de la degradación de aquellos medios de comunicación que confunden el negocio con la información. Máxime en unos tiempos donde prevalece entre algunos profesionales el narcisismo de los 'like' sobre el rigor de la noticia. Pero tampoco queda fuera del marco el consumidor de esa prensa sensacionalista, sin el cual no existiría.

Interpretaciones excelentes de Fontserè, Pilar Sáenz, Xavi Vilà, Julián Ortega, Juan Pablo Mazorra y Dolors Tuneu en una representación que abarrotó el aforo del Valey (414 espectadores para ser exactos).

Tal vez el texto no fue tan brillante, salvo en algunos cuadros como podría ser el que retrata la decapitación de un periodista francés por parte de la Yihad y las reacciones que suscita entre los responsables de 'Zenit', el periódico ficticio, que oscilan entre el alborozo de la exclusiva y el propósito de endulzar tanta sangre.

Con todo, la función provocó abundantes risas entre el público y una ovación final muy calurosa, despidiendo un epílogo en el que los miembros del rotativo se ven rodeados por basuras y excrementos.

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