«La poesía de Ángel González es un big bang en el que las palabras llegan desde lejos»

Lorenzo Oliván, en la Cátedra Ángel González. /  PABLO LORENZANA
Lorenzo Oliván, en la Cátedra Ángel González. / PABLO LORENZANA

Lorenzo Oliván ofreció en la cátedra que lleva el nombre del poeta una ponencia en la que reveló las claves de su obra

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

Quiso empezar el profesor de la Universidad de Oviedo Leopoldo Sánchez Torre recordando la condición de exalumno de la casa de Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, 1968), también profesor, crítico y poeta de amplia trayectoria. Palabras de agradecimiento tuvo Oliván para la Universidad de Oviedo antes de su ponencia, que llevó por título un lema de Cernuda, donde situaría la esencia del homenajeado: 'Carácter es destino'. Coincide con Ángel González en una poesía existencialista, marcada por el paso del tiempo, en la que se define uno mismo por la humildad al igual que por juegos de imágenes en combinaciones eléctricas. Sitúa la sintonía oficial, el hilo musical de toda la obra en el poema inicial 'Para que yo me llame Ángel González'. Ve en él lo mismo que Gerardo Diego: el camino hacia delante con una progresión musical y un ritmo expresivo irrefrenable. Admira el juego de contrastes, el forcejeo de contrarios, los versos cortos o en suspensión, las polaridades que el poema va abriendo continuamente, la ruptura de los encabalgamientos, la sintaxis binaria que define el conjunto. Se siente deudor del vitalismo herido de Angel González: «Es un big-bang donde las palabras entran desde fuera, desde muy lejos». Un lenguaje vivo, con resonancias que no cesan, en permanente crescendo romántico, donde el nudo patético lleva a un destino trágico. Admira los armónicos más presentes: la indefensión y la resistencia como movimientos primeros. Ve en ellos al poeta con conflicto interno y que no deja de hablar desde el mismo.

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