Los premios más negros

David Llorente, José María Espinar, Miguel Barrero, Sofía Rhei y Javier Azpeitia se llevan los galardones que anualmente se fallan en la Semana Negra

JESSICA M. PUGA

En solo unos minutos el nerviosismo puede transformarse en una inmensa alegría. Ocurre, por ejemplo, cuando sabes que tu nombre está entre los candidatos a llevarse un premio. Fe de ello pueden dar los escritores que se irán de la XXX Semana Negra con alguno de los cinco galardones que se entregaban este año al amparo del festival y destinados a poner en valor tanto a autores consagrados en el género como a debutantes y a obras de no ficción, de fantasía e históricas.

David Llorente (Madrid, 1973) se llevó, por unanimidad, el Premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra del año por 'Madrid frontera', una obra dura sobre la realidad social actual, que el jurado eligió por «su originalidad y audacia estilística, así como por su capacidad de utilizar la literatura como una herramienta de denuncia e interpretación de la realidad». Enfrenta Llorente en el papel a las clases más bajas de la sociedad con las más altas, mostrando cómo a los primeros les están quitando la voz, mientras que los segundos niegan lo evidente. «Este premio sirve de avituallamiento para reafirmarme en la idea de seguir escribiendo y de no dejar de hacerlo nunca», apuntaba el autor poco después de saberse ganador.

El Memorial Silverio Cañada, destinado a poner en valor la primera novela de género negro de un autor, se lo llevó José María Espinar (Granada, 1974), quien calificó la sensación inmediatamente posterior a saberse ganador como «brutal» y «solo comparable con la primera vez que mi mujer me dijo 'te quiero'». El jurado destacó «la ambición de la novela a la hora de hibridar géneros», así como «su dibujo de los personajes». El protagonista de 'El peso del alma' es el detective Milton Vértebra, quien se ve inmerso en un complejo caso donde los intereses científicos y los principios morales chocan dejando un rastro de muertes.

Para el asturiano Miguel Barrero (Oviedo, 1980), con 'La tinta del calamar. Tragedia y mito de Rambal', fue el Premio Rodolfo Walsh por «su singular capacidad narrativa» y «la eficaz disposición de los elementos narrativos, la atención al detalle de las piezas del sumario del caso y la reflexión que el autor hilvana en busca de respuestas». En la obra recupera uno de los crímenes cometidos en Gijón que aún no ha encontrado respuesta: el asesinato de Alberto Alonso Blanco cometido hace ahora 41 años. El escritor, tras recibir aplausos y felicitaciones de amigos y compañeros, agradeció a Gijón, en general, y a la Semana Negra en particular, tanto el premio como su dedicación a la escritura. «Este es un reconocimiento internacional a un libro que nació en esta ciudad, en la Semana Negra, que es mi casa desde hace 12 o 13 años y que antes de serlo, era un lugar que yo frecuentaba con mucho gusto porque veía y hablaba con autores. Me hice escritor por varios factores, y uno, sin duda, es la Semana Negra», confesó.

Sofía Rhei (Madrid, 1978) divide su tiempo entre la poesía y la novela. Una de ellas, 'Róndola', le valió ayer el Celsius 232 de la Semana Negra. Se trata de una obra fantástica que mezcla feminismo, fantasía y humor, factor este último que la autora cree que ha sido determinante para que el jurado se decantara por ella. «El humor es un género que ahora mismo, en España, no goza de gran popularidad, espero que ahora vaya hacia adelante», explicó.

No pudo dar sus razones Javier Azpeitia (Madrid, 1962), uno de los 130 autores que han estado -o aún están- en esta trigésima edición de la Semana Negra, porque ya se fue de Asturias. Su novela 'El impresor de Venecia' le valió el Premio Espartaco a la novela histórica por una obra en la que plasma el nacimiento del negocio de los libros. Libros que ayer recibieron aún más aplausos en Gijón.

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