«Fui la primera en muchas cosas»

Margarita Salas y Juan Manuel Bonet, con el cuaderno de investigación de la científica asturiana. /  IÑAKI MARTÍNEZ
Margarita Salas y Juan Manuel Bonet, con el cuaderno de investigación de la científica asturiana. / IÑAKI MARTÍNEZ

La científica asturiana depositó en 2008 los cuadernos con las investigaciones genéticas que le encargó Severo Ochoa en 1964 Margarita Salas recupera diez años después su legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes

J. L. GONZÁLEZ / AGENCIAS GIJÓN.

La Caja de las Letras del Instituto Cervantes guarda múltiples tesoros. No hay joyas ni oro ni fajos de billetes, sino legados de grandes personajes de la cultura española guardados en viejas cajas de seguridad esperando a ser abiertos. Todas las puertas doradas de este impresionante espacio tienen impresas dos fechas: la de su cierre y la de su apertura. En la jornada de ayer, la científica asturiana Margarita Salas (Canero, 1938) recuperó su particular tesoro, cedido durante diez años para engrosar este espacio: sus cuadernos con las investigaciones genéticas que desarrolló en Nueva York en 1964 por orden del también asturiano Severo Ochoa.

El acontecimiento sirvió a Salas, que estuvo acompañada por el director del Instituto Cervantes, Juan Manuel Bonet, la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la asturiana Rosa Menéndez, y el presidente de la Real Academia de Ciencias, José Elguero, para echar la vista atrás. Para recordar cómo en sus inicios su condición de mujer la penalizaba en un mundo científico dominado por los hombres. «El principio de mi carrera comenzó con dificultad. Había bastante discriminación por el hecho de ser mujer porque cuando yo empecé con la tesis doctoral (1961) se pensaba que las mujeres no valíamos para hacer investigación», afirmó. Su situación cambió cuando estuvo en la Universidad de Nueva York a las órdenes de Severo Ochoa, quien la trató «como persona. No sentí ninguna discriminación. Cuando estudié Químicas, la tercera parte de los alumnos éramos chicas, pero la mayoría no continuaban la carrera, sino que se casaban, tenían familia. Eso ha cambiado bastante», celebraba.

Con sus cuadernos en la mano, un recuerdo de sus inicios que ahora quiere «ver, tocar y tenerlo para disfrutarlo», Margarita Salas vio cómo se la describía como la «Marie Curie española», un calificativo que ella rechaza por considerarlo una exageración. «Soy una investigadora que, evidentemente, fui la primera en muchas cosas, pero eso es todo. Soy muy trabajadora, me apasiona la ciencia y por eso sigo adelante».

Juan Manuel Bonet considera «un orgullo» que la institución que dirige haya podido recibir el legado de Margarita Salas, el primero realizado por una mujer desde que en 2007 se pusiera en marcha la iniciativa. Un legado que, además, representa la participación de la ciencia en la cultura española en un camino en el que el Instituto Cervantes seguirá profundizando con una exposición dedicada a la Academia de Ciencias Exactas que se abrirá al público a lo largo de la próxima primavera.

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