Cuando el propio edificio es el yacimiento

Las Jornadas de Arqueología Medieval se centran en el estudio de monumentos con técnicas estratigráficas

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

La imagen de la arqueología está ligada a las excavaciones, los yacimientos en los que se escarba el pasado en busca de respuestas. Pero hay otra forma de hacer ese viaje en el tiempo. La arqueología de los edificios aplica principios estratigráficos para desentañar la historia constructiva de los diferentes monumentos que pueblan nuestras geografías. De esa arqueología alejada de la imagen peliculera hablan las Jornadas que la Asociación de Profesionales Independientes de la Arqueología de Asturias (APIAA) organiza en Oviedo con la colaboración del diario EL COMERCIO y que hoy llegan a su segunda sesión. Esta tarde, José Fernández disertará primero sobre 'La construcción del paisaje en el entorno de Santo Adriano de Tuñón' (18 horas) y Fernando Arce Sainz, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aportará su visión sobre ese mismo edificio desde una perspectiva estratigráfica (19 horas). Arce Sainz conoce bien Santo Adriano de Tuñón y también otros muchos monumentos Prerrománicos asturianos, sobre los que hace ya varios años que se llevaron a cabo esos complejos estudios arqueológicos, que, en cierta forma, consisten en despiezar, trocear el edificio, para analizar los contextos contenidos en cada unidad estratigráfica. Las piedras van dando respuestas sobre lo que ha ido pasando en ellas, en el caso de los edificios Prerrománicos, en los últimos 1.200 años.

Es información fundamental, que en Asturias se recogió desde el 2006 hasta el 2012 a través de una serie de proyectos de investigación liderados por Luis Caballero Zoreda, una referencia en esta disciplina. Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, Santirso, San San Salvador de Priesca, El Conventín de Valdediós y San Julián de los Prados formaron parte de esos trabajos, pioneros en muchos aspectos, puesto que la arqueología de los edificios no deja de ser una disciplina muy nueva. «No tiene una larga trayectoria en el mundo científico español, se empizan a hacer las primeras lecturas de los edificios en los noventa», apunta el estudioso.

Sirve tanto esfuerzo para confirmar hipótesis y también para negar aspectos que se creían ciertos. En el caso de Santo Adriano de Tuñón, protagonista en la jornada de hoy, los trabajos de Arce Sainz sirven para rechazar algo que durante mucho tiempo se creyó cierto: que esa iglesia, como algunas otras como la de San Pedro del Nora, estaban en una segunda división dentro del Prerrománico. Quizá las malas reformas y obras de conservación tuvieron la culpa. Pero hoy la arqueología les devuelve su esplendor: «No es justos relegarlas. Son iglesias que hay que verlas como arquitectura de poder, en Santa Adriano quien estaba detrás de la promoción del monasterio era el propio Alfonso III», detalla. Son, en definitiva, iglesias importantes, y aunque las restauraciones hayan borrado las huellas, la arqueología está ahí para hacerlas salir a la luz de nuevo. La arqueología sirve, pues, no solo para ampliar el conocimiento sobre el edificio y sus circunstancias históricas si no que, a decir de Arce Sainz, debería también ser tenida en cuenta a la hora de realizar cualquier tipo de obra reparadora en estos históricos inmuebles. «El arquitecto, o la dirección colegiada de la obra, debería utilizar el informe arqueológico para saber lo que tiene entre manos y cuente con ello, no se trata de conservar a ultranza, pero antes de hacer una intervención de carácter reparador que va a cambiar la fisonomía, convendría hacer estas lecturas previas», sostiene.

No hay obligaciones legales que exijan informes arqueológicos en el caso de los edificios y queda al albur de la sensiblidad de cada técnico. Lo bueno es que cada vez son los más los arquitectos que aspiran a conocer en profundidad la arqueología de los edificios.

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