Conciertazo de Joaquín Sabina en Gijón

El cantautor jienense volvió a reafirmarse a su modo con ‘Lo niego todo’, en una plaza de la Laboral abarrotada y rendida a las viejas canciones

ALBERTO PIQUEROGijón.

Después de siete años sin componer temas inéditos, Joaquín Sabina (Úbeda, Jaén, 1948) ha vuelto a la palestra. Rodeado, eso sí, por un montón de colegas que le han facilitado la nueva inspiración. Al punto de que hay quienes han dicho que en el disco que ayer presentó en una abarrotada plaza de La Laboral, ‘Lo niego todo’, hay canciones con mayor aroma de Leiva que del propio protagonista de la velada. Pero Sabina es mucho Sabina para dejar de ser el eje de la función, incluso si por razones de la edad que no perdona tiende al asiento o cede, como en esta noche del miércoles hizo, parte de los focos y del tiempo musical a quienes le acompañaron en escena, ya fuera su inseparable Pancho Varona con ‘La del pirata cojo’, Jaime Asúa y De Diego, entrados en el repertorio clásico, o Mara Barros, voz coral y también singular, con ‘Hace tiempo que no’ o la copla ‘Y sin embargo te quiero’, en las que estuvo poderosa.

La gira que le ha traído hasta Gijón comenzó por tierras mexicanas, tal vez cogiendo fuerzas antes de su estreno en España, el cual tuvo por marco ni más ni menos que su Úbeda natal. Al paso por Madrid, hubo un amago de leve desfallecimiento, que le impidió rematar con los bises el primero de los conciertos. Traducido a su peculiar argot, «un Pastora Soler», alusión al pánico escénico que ha retirado de la tarima provisionalmente a la de Coria del Río. En la ciudad donde sufrió el famoso y perdonado gatillazo hace ya doce años se presentaba acaso bajo la protección del santoral, pues se ha dado la circunstancia de que coincidiera el día y la noche con la fecha de San Joaquín, que ya es casualidad y no se sabe si un guiño. Por san Joaquín, Sabina.

El caso laico es que el ubetense venía a negarlo todo, que por ahí se inició el repertorio, con ‘Lo niego todo’, estrofas que están escritas sobre un poema de Benjamín Prado y que la escenografía encuadrada bajo periódicos con titulares como ‘No vive en la calle Melancolía’ o ‘Aprendiz de crápula’. Todo un proceso de desmitificación, en el que se desmienten paralelismos con cantantes de orquesta o un supuesto Bob Dylan español, en el que confiesa que «ni he quemado las naves/ ni sé pedir perdón», alcanzando un estribillo de melodía pop donde volvió a repetir que «lo niego todo,/ aquellos polvos y estos lodos,/ lo niego todo,/ incluso la verdad». Ni leyenda suicida, ni bala perdida, ni santo beodo.Vaya usted a saber. «Gijón para nosotros no es un concierto más», dijo para recibir después la primera ovación de las muchas que iban a venir. Ante él, bastantes más de 6.000 personas, prácticamente lleno.

Siguieron, entre otras, ‘Quien más, quien menos’ y ‘Postdata’, en la que ha dejado su huella Ariel Rot, aires de reggaetón y ranchera, incluyendo paradojas de la casa, «de tanto ser felices/ se me olvidó quererte» O ‘Lágrimas de mármol’, que incorpora una cuestión central: «Superviviente, sí, maldita sea». Se fueron desgranando las piezas de reciente creación en un ambiente multitudinario que sumó algunos bombines al del invitado principal, quien mostró una voz acaso no tan cazallera, lo que tiene su mérito, pues vibró con fuerza. A sus costados, mejorando las circunstancias, el teclado de Antonio de Deigo, las guitarras de Pancho Varona y Jaime Asúa, el bajo de la argentina Laura Gómez, las cristalinas cuerdas vocales de Mara Barros, el saxo de Josemi Sagaste –que salió a escena con falda escocesa– y la batería de Pedro Barceló. Excelentísimos en lo trepidante y en lo delicado. «Esta es la única banda del mundo en la que los músicos cantan mejor que el cantante», les elogió.

El calor iba a crecer varios grados al subirse al termómetro la galería de canciones que ha creado la leyenda –negada o no– de Sabina. El tumulto se convirtió en armonía de coro milenario (por los millares de gargantas, que no del milenio). Ahí se celebró la comunión colectiva, que estábamos en el día de San Joaquín, recuerden, dándole afinación a ‘Ruido’, perdiéndose por la cintura de ‘19 días y 500 noches’, sumergiéndose en el asfalto de ‘Peces de ciudad’ o delirando ‘Por el bulevar de los sueños rotos’, que las antecedió. Sí, un auténtico delirio, que ahora es demasiado tarde, princesa. Que Sabina haya logrado negar el mito y bajarse de la peana, eso ya sería más discutible. Visto lo visto y escuchado lo escuchado, el agonizante está más vivo que nunca. Qué le vamos a hacer. No se puede bajar del santoral cuando a uno le apetece. Y todo ello con un sonido limpio. Un conciertazo.

Fotos

Vídeos