Santiniebla recuerda a Luis Cernuda

Algunos de los participantes en la ruta guiada organizada ayer, con la ría al fondo. / FOTOS: LUIS SEVILLA

La reedición de 'En la costa de Santiniebla' le rindió homenaje en el ochenta aniversario de su publicación en 'Hora de España'Una ruta literaria rememoró los pasos del poeta del 27 por tierras asturianas durante el verano de 1935

CASTROPOL.

«Con un tiempo tan espléndido como el de hoy tal vez Cernuda no habría escrito su relato ambientado en Castropol», afirmaba Manuela Busto, bibliotecaria de la villa del Eo, durante el recorrido de la ruta literaria que sigue los pasos del poeta de la generación del 27 por los mismos lugares que visitó en el verano de 1935 y que son identificables en su narración 'En la costa de Santiniebla'. Una concurrida ruta a la que ayer asistieron los clubes de lectura de Pravia y Candás, además del de Castropol y autores consagrados como el crítico y colaborador de EL COMERCIO José Luis García Martín. Pero ayer también se recordaba la estancia del autor de 'La realidad y el deseo' en tierras asturianas con la presentación de la reedición de su texto en un volumen especialmente preparado para el homenaje que la Biblioteca Municipal Menéndez y Pelayo en colaboración con el Foro Comunicación y Escuela le rendían en el ochenta aniversario de la publicación del texto en la revista 'Hora de España'.

Del paso de Luis Cernuda por Castropol queda su relato y una fotografía en la que el poeta aparece tumbado sobre las rocas de la playa de La Fuente con la villa al fondo. La imagen muestra su rostro contrariado, posiblemente por la climatología adversa que acompañó sus días allí y que tal vez sirvió -como sugería la bibliotecaria y guía- para ambientar, dos años después, el paisaje de 'En la costa de Santiniebla', una ficción distópica en la que estudiosos de su obra como su biógrafo Antonio Rivero Taravillo -presente en los actos de homenaje- han vislumbrado el trasfondo histórico de la guerra civil o de la revolución de octubre del 34.

Allí, con la panorámica de la ría en bajamar, comenzaba la ruta cernudiana para luego dirigirse a la parada de ALSA, situada en el mismo punto que 82 años antes, cuando el poeta llegó a Castropol, acompañado del pintor Miguel Prieto, formando parte de las Misiones Pedagógicas del Gobierno de la República. Tampoco se había movido de su sitio el edificio que albergó el Hotel Guerra en el que los misioneros culturales se hospedaron y tal como lo describiría Cernuda: «Mi guarida(...)se hallaba en una empinada cuesta, a la entrada del pueblo(...)La espalda de la casa caía sobre la ría». A la puerta de la antigua fonda -hoy una vivienda particular-, su propietaria, Charo Díaz, asistía a las explicaciones e invitaba a entrar para enseñarnos la misma vista que tuvo el poeta desde la ventana de su cuarto: «Podía ver, tras los turbios cristales, el agua, donde apenas aparecía alguna vez la menuda vela de una barca», escribiría.

El protagonista del relato cuenta que en una de aquellas jornadas en Santiniebla escuchó, «a través mismo de las paredes de mi habitación, las primeras notas de la 'Sonata a Kreutzer'». Manuela Busto ha identificado el lugar del que pudiera provenir aquella música en una casona próxima al hotel donde residía Vicente Moriente, uno de los impulsores de la Biblioteca Circulante de Castropol y el contacto entonces con las Misiones Pedagógicas. El parque que hoy lleva su nombre, frente a la actual Casa de Cultura, fue otro de los lugares visitados en la ruta literaria, que seguiría tras las huellas de Cernuda por la villa hasta el edificio en el que estuvo la biblioteca a la que iba a auxiliar el poeta en su misión.

Tras el recorrido por las calles de Santiniebla, se presentó en la Casa de Cultura el libro editado con prólogo de Rivero Taravillo e ilustraciones de Lulas Somoza. Ambos estuvieron presentes en un acto, que contó también con la asistencia de Ángel Yanguas Álvarez de Toledo, sobrino-nieto de Luis Cernuda. En su intervención confesó la emoción con la que visitaba por vez primera Castropol: «Un lugar que hasta entonces solo era un topónimo anotado por el tío Luis al dorso de una fotografía» y con el que a partir de ahora -dijo- le gustaría estrechar lazos a través de la Fundación que custodia el legado del poeta. También el biógrafo del homenajeado expresó su sorpresa «al constatar durante estos días la correspondencia de los escenarios descritos en la Santiniebla del relato con el Castropol real, algo que no siempre resulta fácil en sus textos», afirmó.

El descubrimiento de una placa conmemorativa en La Mirandilla, un rincón desde el que se divisa la ría que une Asturias con Galicia, recuerda también desde ayer el paso del poeta sevillano por Santiniebla. «Ya para siempre en el atlas de todos los cernudianos», señaló emocionado su sobrino-nieto.

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