'Sensible' entusiasma en Avilés

Kiti Mánver y Chevi Muraday (al fondo), durante el estreno nacional de 'Sensible' en Avilés. / FOTOS: MARIETA

Éxito de la obra inspirada en un texto de Constance de Salm, dirigida por Juan Carlos Rubio e interpretada por Kiti Mánver y Chevy Muraday

ALBERTO PIQUERO AVILÉS.

Ha vuelto a abrir sus puertas el Palacio Valdés, de nuevo poniendo en cartel un estreno nacional, 'Sensible', que entusiasmó. El título completo de la narración que escribió Constance de Salm, perteneciente al género epistolar y publicada en 1824, fue el de 'Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible', del que la versión de Juan Carlos Rubio ha seleccionado el último adjetivo, significativo e indicativo.

La protagonista a la que da silueta y espíritu la poderosa Kiti Mánver es una aristócrata madura, quien descubre o cree descubrir la traición de su joven amante, pasando por todas las etapas del calvario al descubrir a la salida de la ópera el engaño del amado, que sube al coche con otra mujer. Despechada se sumerge en una espiral de desenfreno intentando recuperar la atención de su enamorado.

Es el punto de partida para lo que Juan Carlos Rubio ha definido al modo de «un abanico de sensaciones y afectos del alma, todas las etapas del calvario», en las que atraviesan cordilleras «las emociones, sueños, frustraciones, obsesiones, ironía, dolor y humor».

Los aplausos finales del público obligaron a los actores a salir a saludar cinco veces

Un tratado del amor, la imaginación de los celos desbocada y los sentimientos estremecidos puestos en pie. Un análisis profundo y sutil de las fibras más íntimas, envuelto en la luz y las sombras que alumbró la magnífica luminotecnia de Juanjo Llorens, abrazada por la música de Julio Award y la danza.

Los dos protagonistas, Kiti Mánver y Chevy Muraday, le otorgaron la verosimilitud artística que se convierte en verdad lacerante, que conmueve por su autenticidad, mediante unas interpretaciones sobresalientes.

En el caso de Kiti Mánver -en la obra, Constance-, se hace dueña absoluta de la palabra, mientras que Chevy Muraday, bailarín y coreógrafo, aporta el lenguaje del cuerpo además de desdoblarse en un tercer personaje que resulta indispensable para establecer las pistas sobre las relaciones y las agonías que casi siempre produce el amor.

Una apuesta resuelta de manera brillante en la que la palabra dialoga con la danza expresionista y en la que, al final, el título de la obra se invierte y muestra de una forma cruel y desoladora que el amor es insensible.

La ovación final fue extensa y clamorosa. Tanto, que los aplausos obligaron a los actores a salir a saludar cinco veces.

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