Sobre Cupido y los polígonos irregulares

Los actores, sobre las tablas del Palacio Valdés. /Marieta
Los actores, sobre las tablas del Palacio Valdés. / Marieta

Teatro Kamikaze llevó ayer al Palacio Valdés un nuevo estreno nacional, 'Ilusiones', aplaudidísimo

Alberto Piquero
ALBERTO PIQUEROGijón

Despedía el Palacio Valdés la programación del primer trimestre del año con la representación el pasado 9 de marzo de la obra de Pablo Remón 'El tratamiento', coproducida por Teatro Kamikaze y levantando el telón como estreno nacional. Llegados a los soles de abril, el ciclo escénico del Palacio Valdés que se prolongará hasta junio mantiene esa extraordinaria capacidad magnética de continuar siendo el espacio elegido para los estrenos absolutos.

En este caso, ha repetido Teatro Kamikaze -Premio Nacional en 2017 por su iniciativa en el Teatro Pavón, de la que se estimó que es «un proyecto colectivo en el que se desarrollan con excelencia las diversas ramas de la creación escénica», además de «la valentía de sus propuestas»-, fiel a una trayectoria ejemplar a la que ahora agregan 'Ilusiones', texto del ruso Ivan Viripaev (Siberia, 1974), que ha traducido Helena Sánchez Kriukova, con adaptación y dirección de Miguel del Arco, siendo sus intérpretes Marta Etura, Daniel Grao, Verónica Ronda y Alejandro Jato.

La narración dramática, que se enhebró mediante costuras dialécticas de comedia y tragedia, puso sobre las tablas el curso de las vidas de cuatro personajes, dos parejas, que finalizarán su travesía existencial siendo octogenarios, lo que ya es toda una perspectiva en la que caben el amor y el desamor, la dicha y la desdicha, las certezas y las dudas (más preguntas que respuestas), en un planteamiento gobernado por la palabra que construye y destruye. Teatro existencialista al cuidado de cuatro interpretaciones poderosas, que incluyeron el que actores y actrices se desdoblaran en el papel de narradores novelísticos de sus personajes y en los personajes mismos, intercambiando perfiles y siluetas. Al fondo de la historia de las dos parejas que se cuenta palpitan y crecen lo que podríamos llamar polígonos irregulares, mucho más que la simple geometría de un cuadrado de cuatro seres humanos. Se imaginan todas las posibilidades de la realidad y todas las realidades posibles, en cuya diana ni siquiera Cupido sabe si el amor ha de ser o no ser correspondido.

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