El teatro, el cine y la vida, tres en uno

Ana Alonso, Francisco Reyes y Barbara Lennie, en plena interpretación de 'El tratamiento'.
/MARIETA
Ana Alonso, Francisco Reyes y Barbara Lennie, en plena interpretación de 'El tratamiento'. / MARIETA

La obra de Pablo Remón 'El tratamiento' recibió la ovación del Palacio Valdés en estreno absoluto

ALBERTO PIQUERO AVILÉS.

Es Pablo Remón (Madrid, 1977) una rúbrica emergente del teatro español que procede de la escritura cinematográfica, siendo su guión más reciente el de 'No sé decir adiós'. Y a esos mundos, cine y teatro, acudiendo a su experiencia en ambos, nos remitió en la tarde de ayer el estreno absoluto que subió a las tablas del avilesino Palacio Valdés, una comedia negra titulada 'El tratamiento', bajo su autoría y dirección.

En información preliminar, se indicaba desde la compañía Kamikaze, que coproduce junto a La_Abducción (fundada por Remón en 2013), que un 'tratamiento' es «un conjunto de medios para curar o aliviar una enfermedad», y también «el modo de trabajar ciertas materias para su transformación». En particular, se llama 'tratamiento' asimismo al resumen de una futura película. Y por esas coordenadas se hilvanó la narración dramatúrgica. La enfermedad a tratar puede ser la vida, entendiendo que el arte se ocupa de tal terapia, ayudándonos a interpretarla, bien que no siempre se alcancen las recetas idóneas o convenientes.

En el centro de 'El tratamiento' está un guionista y su relación con la ficción. Alrededor, muchos otros personajes que se desenvolvieron por las cercanías. Cinco actores en estado de gracia, Ana Alonso, Francesco Carril, Bárbara Lennie, Francisco Reyes y Emilio Tomé, dotaron de existencia a una veintena de figuras. Subdividida la obra en tres epígrafes, 'El futuro del cine español', 'El hundimiento del Titanic' y 'Cartas desde el mar Egeo', las estampas que se ramificaron a partir de ahí por diversos espacios y tiempos dieron cuenta de un largometraje de la Guerra Civil en el que se asomaron los ovnis y Franco salió con los alienígenas para salvar España, los recuerdos de la obsesión que tuvo el propio guionista siendo niño por el hundimiento del 'Titanic' o que ya siendo adolescente escribiera poemas a imitación de las canciones de Héroes del Silencio, un amor epistolar surcando el Egeo o, en el desenlace, un estreno de cine. La construcción, muy original, se desenvuelve por momentos en términos de relato oral; pero siempre logrando una intensidad vital.

Como se puede advertir, un tejido teatral muy heterogéneo y que tras su apariencia disparatada, en realidad, ofreció un mapa íntimo de la industria cinematográfica y sus pobladores, sus sueños y frustraciones, que son los de nuestras propias vidas. Una función llena de amenidad, inteligente y perspicaz, que recibió la complicidad bienhumorada del público -al que se sumaron los componentes de Teatro Kamikaze Israel Ejalde y Jordi Buxó- y un enorme aplauso al final, que Remón recibió junto al elenco sobre el escenario . Late al fondo la incógnita de por qué el ser humano es creativo. La respuesta que subyace podría ser que es debido a que se sabe perecedero.

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