Cualquier tiempo pasado pudo ser peor

Nacho Guerreros y Kike Guaza, durante la representación. /  MARIETA
Nacho Guerreros y Kike Guaza, durante la representación. / MARIETA

El Teatro Palacio Valdés acoge un nuevo estreno nacional, 'Juguetes rotos', de Carolina Román, una aplaudida historia que aborda el tema de la transexualidadLa obra trasladó a los espectadores a la década de los años 60, con las libertades por hacer, y recibió una ovación muy calurosa en su epílogo

ALBERTO PIQUERO AVILÉS.

Tras la celebración del vigésimo quinto aniversario de su reinauguración, que concitó a primeras figuras de la dramaturgia nacional, el Teatro Palacio Valdés volvió ayer a sus costumbres, poniendo en escena un estreno absoluto, 'Juguetes rotos', de la argentina residente en Madrid, Carolina Román, autora y directora de la obra.

Un texto incisivo y limpio que hizo viajar a los espectadores a la geografía humana que la propia Carolina ha definido al modo de «una España franquista y negra», situada en la década de los 60. En esa época transcurre la infancia de Mario, rodeado por un entorno rural, hijo de una familia conlas ideas propias de aquellos años, conservadoras. Y a esos recuerdos acude tras recibir una llamada que le informa del fallecimiento de su padre. Es la memoria doliente y sincera que evoca a un niño que habiendo nacido varón, se siente de condición femenina. Algo impensable no sólo en el diámetro campesino de aquel tiempo, sino en la ciudad a la que Mario escapa, Barcelona, y donde solo halla comprensión del mundo del varieté.

Al fondo de la historia, lo que resplandece es una amistad que emociona profundamente. Sin embargo, la celebración de esas variedades artísticas por parte del público asistente, nada tiene que ver con el desprecio general que se les profesaba en la vida cotidiana. Mario ha de decidir entre asumir su realidad esencial o disfrazarla bajo el anonimato por las calles ordinarias. En palabras de Carolina Román: «Me interesaba hablar de los que no pudieron salir de sus propias jaulas, los que no se atrevieron». Esas son las huellas que vuelve a pisar Mario. Y finalmente comprende que «la oportunidad de encontrar una segunda vida es aceptar que solo existe una vida».

Es la memoria doliente y sincera que evoca a un niño que se sintió de condición femenina

Nacho Guerreros y Kike Guaza (desarrollando varios personajes) le otorgaron autenticidad en sus interpretaciones al drama pespunteado de humor, dejando al pie una evidencia que conviene tener presente, que cualquier tiempo pasado pudo haber sido peor. El público ovacionó al elenco, que tuvo que salir varias veces a saludar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos