Amaia y Alfred, a la conquista de Eurovisión

La pareja ya ha ganado en el festival, al menos en capacidad de arrastre. Cinco mil españoles han viajado a Lisboa para apoyar a nuestros representantes

Ensayo de Amaia y Alfred. /Jose Sena Goulao (Efe)
Ensayo de Amaia y Alfred. / Jose Sena Goulao (Efe)
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOEnviado especial a Lisboa

Nunca quedan bien clasificados, pero siempre están felices», comentaba un locutor de radio italiano el jueves pasado mientras observaba cómo más de 400 españoles hacían cola bajo un sol de justicia en Praça do Comercio, el corazón de Lisboa, que estos días late al ritmo de Eurovisión gracias a la victoria de Salvador Sobral en la pasada edición. Todos permanecían en rigurosa fila delante de una mesa vacía con el objetivo de hacerse una foto con Amaia y Alfred, nuestros representantes en la final de esta noche (TVE, a partir de las 21:00 horas) con 'Tu canción' y a los que las casas de apuestas sitúan en el puesto 19 (si no han bajado más al cierre de este periódico). España lleva 49 años sin ganar -desde 'Vivo cantando', de Salomé, en 1969- y en los últimos 20 años no se ha superado el puesto 15 en 14 ocasiones. Fracaso tras fracaso. Sin embargo, cuando la pareja entra en la plaza, todo queda olvidado. El turno de espera se rompe y se abalanzan sobre ellos creando tal caos que supera a los guardias de seguridad privada y obliga a la Policía a intervenir y poner orden. Aquí la ilusión no entiende de resultados.

Este año, los españoles son mayoría en Lisboa y han comprado una de cada seis entradas que han salido a la venta (el 16% de todas, contando las dos semifinales, los ensayos y la final). Esto significa que a la capital lusa, si se cuenta a los que han viajado sin boleto, se han desplazado unos 5.000 compatriotas, de los 30.000 extranjeros que calculan las autoridades portuguesas que han viajado por el festival (y que han superado en número a los que llegaron durante la Eurocopa de 2004 o en el centenario de las apariciones marianas en Fátima). En esta ocasión se han juntado varios factores. Por un lado, el más obvio, la cercanía con nuestro país vecino, pero también ha contribuido el éxito del regreso de 'Operación Triunfo' a TVE, de cuya academia salieron hace tres meses Alfred y Amaia.

Uno de sus antiguos compañeros de 'talent show' también se encuentra allí observando la escena. Es Ricky Merino, el mallorquín de 32 años eliminado en la sexta gala del programa. «Los 'eurofans' españoles son unos bestias, no solo este año. Lo que pasa es que con 'Operación Triunfo' se ha captado a una nueva generación de seguidores. Eurovisión hasta hace poco tenía un matiz en España algo 'friki' y no es verdad, nunca lo ha sido. Es un programa musical donde toda Europa, además de Australia, se esfuerzan por llevar algo bueno, porque esto es un escaparate enorme frente al mundo. Hay que tomarlo con seriedad, dándole la importancia que tiene», explica a este periódico, imaginando desde detrás de sus gafas de sol cómo sería estar en el lugar de la pareja de representantes.

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En coche o en avión

La fila se ha vuelto a recomponer, la Policía ha pedido refuerzos y forma un cordón en torno a Amaia y Alfred, que observan con algo de miedo la marabunta que, durante la próxima hora, les va a pedir «un beso, una dedicatoria y una foto». Cien metros por delante y cien personas en medio, el punto de vista cambia radicalmente. «Venimos desde Nerja en coche, a apoyar a los nuestros. No tengo ni entrada, ha sido muy complicado encontrarla, pero venimos a disfrutar. Para mí es mi primer festival y estamos a tope con Amaia y Alfred. Lo que tienen que hacer es vivir el momento, el puesto es lo de menos», explica Paco, que con 60 años se ha traído a sus tres hijos y a su mujer.

La entrada más barata al Altice Arena, el pabellón que acoge las galas, cuesta 35 euros y tiene una visibilidad prácticamente nula. Las más caras, en el denominado 'golden circle', llegan hasta los 600 euros. «Nosotros ya habíamos estado en Copenhague con Ruth Lorenzo, en 2014. Había hasta autobuses gratis y ella era impresionante. Esta vez está peor preparado, pero esto está muy bien. Hemos venido en avión y tenemos entrada para una de las semifinales. Y de noche de marcha, mucha marcha. Se nota mucho que somos mayoría, porque además formamos mucho escándalo», reconoce José Antonio, autónomo de 22 años que proviene de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

La impaciencia y las caras de preocupación aumentan conforme la posición en la cola está más retrasada. Allí está Lola, teleoperadora de 56 años que ha viajado en avión desde Zaragoza junto a su marido. «No creo que nos dé tiempo a hacernos la foto con ellos. Como soy mayorcita, recuerdo que soy 'eurofan' desde que nos representaron Mocedades. Como el domingo (por mañana) es mi cumpleaños, mi marido me ha regalado el viaje para ver a Amaia y Alfred. A mí me gustan, pero la puesta en escena es poco efectiva. No me importa cómo queden, aunque sería estupendo acabar por encima del puesto 15. Lo bueno es que ahora estoy rodeada de 'eurofans', ya que normalmente me encuentro sola en mi pueblo», confiesa.

Y ya al final de la fila, casi fuera de la plaza y con nulas posibilidades de ver de cerca a la pareja de artistas, un grupo de amigos que se han conocido en las redes sociales y llevan todo el año organizando el viaje a Eurovisión llaman la atención por ir perfectamente uniformados con camisetas que ellos mismos han creado con el logo de Amaia y Alfred. Vienen de Mágala, Italia, Madrid y Alicante, de dónde es Abel Navarro, periodista de 21 años. «Es mi primer festival y me lo esperaba diferente. En la televisión se ve todo muy grande, pero no defrauda. A nivel audiovisual, junto a la 'Superbowl' puede ser uno de los espectáculos más grandiosos del mundo. Tengo entradas para las dos semifinales y para el ensayo de la final», revela. No le falta razón, Eurovisión tiene una audiencia potencial de 1.500 millones de espectadores en todo el mundo. Pero es más chulo venir para contarlo.

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