Vaquero Palacios al descubierto

Una exposición en Madrid recupera la obra del arquitecto en las centrales eléctricas asturianas. La muestra, itinerante, tendrá en Asturias su primera escala

La impresionante sala de turbinas de Salime./LUIS ASÍN
La impresionante sala de turbinas de Salime. / LUIS ASÍN
M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Versátil, polifacético, brillante. A Joaquín Vaquero Palacios (Oviedo, 1900-Madrid, 1998), artista integral, arquitecto, humanista de los espacios, puede que la historia aún no le haya hecho justicia. Quizá porque su obra no está en una calle principal, en una avenida de renombre, no se puede ver con la facilidad de una catedral gótica ni fotografiar con la habilidad de un turista chino. Porque la obra, descomunal, impresionante, brutal de Vaquero está en Asturias, en las centrales térmicas e hidráulicas de la antigua Hidroeléctrica del Cantábrico y hoy EdP que llenan de arte los valles asturianos. Esas centrales, esas obras mayúsculas, se convierten ahora en una gran exposición que abrirá sus puertas el jueves en la sede de la Fundación ICO en Madrid.

Fotografías, bocetos, planos, maquetas componen una muestra que lleva por título ‘Joaquín Vaquero Palacios. La belleza de lo descomunal. Asturias, 1954-1980’, que se adentra en treinta años de colaboración con la eléctrica asturiana y que perfila los trazos de su trabajo integral en las centrales de Salime (1945-1955), Miranda (1956-62), Proaza (1964-68), Aboño (1969-1980) y Tanes (1980). Porque no solo se encargó Vaquero de su arquitectura, sino también de murales, esculturas, mobiliario, diseño industrial, solo o en colaboración con su hijo Joaquín Vaquero Turcios (Madrid, 1933-Santander, 2010).

Fotografía de Luis Asín de la central de Proaza que forma parte de la exposición que se inaugura el jueves en Madrid.
Fotografía de Luis Asín de la central de Proaza que forma parte de la exposición que se inaugura el jueves en Madrid.

El siguiente Joaquín en la saga familiar se apellida también Vaquero, tiene Ibáñez de segundo y es también arquitecto. Y es él quien, durante año y medio, se ha esforzado por poner en marcha esta exposición que se convertirá también en catálogo impreso. La carga emocional y la responsabilidad han ido de la mano en este camino que está a punto de concluir. «Me emociona poder enseñar la obra de mi abuelo, desconocida para mucha gente, que está enterrada en las profundidades de los valles asturianos», apunta este hombre que conserva con precisión en la memoria cómo fue la primera vez en la que visitó un lugar tan especial como la sala de turbinas de la central de Grandas de Salime, cuyo inmenso mural pintó su padre. «Recuerdo la sensación de humedad; también esa sensación de ver por primera vez una cosa, de probar algo; yo estaba probando un espacio de dimensiones increíbles, con aquellos grandes murales en combinación con todas las turbinas y la maquinaria, y recuerdo las historias que me contaba mi padre... Y me sigue poniendo los pelos de punta».

Vaquero trabajando en los relieves de acceso a la central de Miranda en 1962.
Vaquero trabajando en los relieves de acceso a la central de Miranda en 1962. / ARCHIVO VAQUERO

Era un crío, su padre le contaba cómo acompañaba a su abuelo a las obras y en una de esas le dijo: «¿Ves ese muro de 120 metros? Necesito que hagas un mural». Era Vaquero Turcios un joven veinteañero: «Me contaba que se sentaba en una especie de balancín con botes de pintura y, claro, efectivamente, así se humaniza la epopeya».

«Obra única y personal»

Para Joaquín Vaquero Ibáñez se entremezclan lo humano y lo puramente arquitectónico. Y no duda: la obra de su abuelo es, desde cualquier mirada, impresionante. «Era capaz de desarrollar un estilo reconocible y convertirlo en personal, certero y transformarlo en una obra única y personal».

Central de Grandas de Salime.
Central de Grandas de Salime. / LUIS ASÍN

Elegir entre todas sus obras no es tarea fácil para el nieto que a lo largo de los meses ha seguido los pasos del abuelo para construir las historias de las centrales asturianas, pero tiene claro cuál es la elegida: Proaza. Los trabajadores de EdP la llaman ‘la discoteca’, aunque en realidad más se asemeja a un museo de arte contemporáneo. «Es un espacio fantástico, lleno de color, con esos signos magnéticos, las luces que suben verticales por los muros, el diseño exterior es envolvente». Para la exposición se ha realizado una maqueta que reproduce todo su proceso constructivo.

Sofá circular de Salime diseñado por Vaquero.
Sofá circular de Salime diseñado por Vaquero. / LUIS ASÍN

«En este país no se le hace justicia a nadie», se lamenta Vaquero Ibáñez, sabedor de que quizá su abuelo no es excepción si no regla.Pero, el camino para lograr ese reconocimiento está en marcha. La exposición busca ser didáctica, alejarse de tecnicismos para acercar la figura del artista integral a todos los públicos. Lo hace con 90 fotografías de Luis Asín y un amplio trabajo audiovisual a cargo de Juan Vaquero, junto con cuadros de Joaquín Vaquero Palacios, fotografías de época, planos originales y un largo etcétera de elementos más que formarán también parte del catálogo que se edita de forma paralela a la exposición organizada por la Fundación ICO con el patrocinio de la Fundación EdP.

En ese viaje hacia el conocimiento y el reconocimiento, la itinerancia de la muestra está llamada a jugar un papel clave. Explica Vaquero Ibáñez que el objetivo pasa por recorrer los espacios vitales de su abuelo con la muestra. De esta forma, Asturias no solo será visita obligada, sino que, aunque aún no hay fechas ni espacio cerrados, será la primera escala. El objetivo es que pueda llegar también a ciudades como Roma y Nueva York. «Quiero que la exposición siga los pasos de mi abuelo a lo largo de su vida».

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