La Xata la Rifa en plena reconversión

La puesta en escena se trasladó al frontal del Teatro Campoamor. :: FOTOS: PABLO LORENZANA

La compañía de Mónica Cofiño llevó al Teatro Campoamor y a la plaza del entorno su delirante 'Ablaña Dead City... pan pa hoy y fame pa mañana'

ALBERTO PIQUERO

Al final -o, para ser más exactos, en los instantes que precedieron al verdadero epílogo-, el público que ayer llenó la platea del Campoamor para asistir a la representación del espectáculo teatral, fílmico y musical, que puso en pie (de guerra) la compañía La Xata la Rifa, que dirige Mónica Cofiño, titulado 'Ablaña Dead City... pan pa hoy y fame pa mañana'; el desprevenido público, digo, fue desalojado a tiros de la confortabilidad neoclásica del venerable recinto. Vale que fueran balas de fogueo, pero el empeño de la banda de forajidos (creo que abundaban más las forajidas, aunque las certezas son discutibles en tan comprometida situación), conminando a los espectadores a abandonar la sala, resultó limpio y eficaz. E incluso el personal se agregó a la fiesta/manifestación en torno a la escultura urbana de Úrculo, el Culo monumentalibus. Se desplegaron pancartas reclamando a Villa, el sindicalista, los millones que se embolsó fraudulentamente; ardieron ruedas de camiones como en los cortes de carreteras que una vez, hace mucho tiempo, prendía la minería reivindicativa; sonaron petardos, se oyó una voz comandante dirigiendo la operación por megafonía y la plaza se colmó de humo y mucha gente secundando el guirigay.

Previamente, la función había construido dos relatos (o quizá más) en el escenario teatral. Por un lado, los testimonios de mineros que en una filmación de encuadres plurales fueron dando sus opiniones acerca de la experiencia bajo los castilletes. El repaso atendió a diversas cuestiones esenciales, desde los motivos que les llevaron a un trabajo tan penoso (si bien se incluyeron también las opiniones de aquellos que le cogieron el gusto a las galerías) a las interioridades de los oficios que se albergan entre la hulla, los tiempos en los que en los pueblos mineros abundaban los bares o las épocas en las que los vigilantes tenían permiso para apalear a los trabajadores. Y otras reflexiones, en torno al compañerismo, el miedo o la huelga del 62. En la orilla complementaria, la ficción, la mirada retrospectiva, el juicio crítico, mediado por canciones de letra nueva o al amparo de 'Santa Bárbara' y 'Duérmete fíu del alma', estampa fluvial que hace descender por un río a una despistada muchacha extranjera que vino por estos lares en busca de trabajo, la pobre. A la manera de un entierro en el Ganges.

Siguiendo el guión del programa: «Una Xata Minera que viene del futuro con retraso, recorre las cuencas en su nave del tiempo (el tren). Ablaña convertida en escenario de western y de la decadencia postindustrial. Carbayín (donde ahora tiene su sede la compañía, en la estación de Feve), es Broadway y la lucha minera bailada de los ochenta. Y en Tuilla se celebra un banquete de fabada futurista para niños, ante el Villano Boss». O, dicho en otros términos, «la añoranza de tiempos que nunca fueron buenos...». Al final, fiesta/manifestación y muchos aplausos.

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