El Comercio

«No se da valor a quedar cuarto en unos Juegos»

Manuel Fonseca, en la exposición olímpica.
Manuel Fonseca, en la exposición olímpica. / J. PETEIRO
  • «Barcelona aguantó cinco años con muchas incomodidades, pero lo hicieron con estoicismo porque les quedaría una gran ciudad»

  • Manuel Fonseca Director de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92

El encargado de organizar el mayor hito en la historia del olimpismo español, Manuel Fonseca (Madrid, 1943), repasó ayer los valores presentes en los Juegos de Barcelona 92. Sellero confeso, acudió a Gijón para ofrecer una conferencia englobada dentro del ciclo que conmemora el vigesimoquinto aniversario de la Asociación Amigos del Deporte.

¿Qué recuerdo le queda de Barcelona 92?

Grato, porque supuso un antes y un después. No solo en la ciudad de Barcelona, sino también en el deporte español. La ciudad sin los Juegos no hubiera sido lo que es en estos momentos y eso que la ciudadanía tuvo que aguantar durante cinco años una ciudad patas arriba, con muchísimas incomodidades. Pero lo supieron hacer con estoicismo porque después sabían que les quedaría una gran ciudad.

Siempre está presente el debate de si España será capaz de superar las medallas del 92. ¿Usted qué cree?

Creo que sí las puede superar. Pero, aparte de que tener unos Juegos en casa supone una motivación especial, hay que tener en cuenta que la inversión en el Plan ADO fue muy superior a las que ha habido con posterioridad. Está claro que, cuando tienes medios, aunque no siempre fructifican, ayudan mucho y eso se nota. Para los Juegos de Barcelona se contrataron a los mejores entrenadores del mundo en muchas disciplinas. Eso supuso que los técnicos españoles aprendieran y vieran unas nuevas vías de la enseñanza. Eso y el desarrollo de las facultades de educación física, que hacen que se esté al día de los avances, han hecho subir muchos peldaños al deporte español.

A veces falta el último para engrosar el medallero

En Sidney, en el año 2000, quedó una sensación de fracaso, pero hubo catorce cuartos puestos. Aquí solo medimos por el número de medallas, pero hay que mirar también por los diplomas, porque quedar cuarto del mundo en unos Juegos Olímpicos es un resultado extraordinario y, sin embargo, no se le da valor.

¿Qué valores pretendían transmitir en aquellos Juegos?

Es muy complicado decir en pocas palabras cuáles son los valores de Barcelona. En realidad, es la aplicación de un sistema lógico, ético y deontológico a la organización deportiva. Por ejemplo, terminar sin déficit la competición, que queden ventajas para los ciudadanos una vez finalizado el acontecimiento. Esto vale para cualquier tipo de organización que se realice en una ciudad. Desde una maratón hasta un campeonato del mundo de patinaje o un concurso hípico internacional, como es el caso de Gijón.

De acuerdo a eso, tras las candidaturas fallidas, parece complicado volver a ver unos Juegos en España a medio plazo.

Siempre se puede buscar un beneficio para la ciudadanía, pero hace falta un respaldo económico potente, una unión política y un buen proyecto. Digamos que son los tres pilares en los que debe basarse una candidatura.

Actualmente esos tres requisitos parecen a cada cual más difícil de encontrar.

(Sonríe) Sí, por lo que unos Juegos Olímpicos aquí no creo que los vea. Tengo 73 años ya. Ojalá me equivoque, pero es muy difícil.

Usted estuvo muy vinculado al piragüismo, ¿le alegra especialmente la trayectoria de Craviotto?

Me hace una enorme ilusión. Estuve allí en Río. Su padre y yo hacíamos aguas bravas juntos. Él era muy bueno y yo no (ríe), pero somos muy amigos. La verdad que Saúl, Toro y los demás piragüistas han hecho un papel extraordinario.