El Comercio

Sangre gijonesa en la NBA

Abrines, en el vestuario de los Thunder, en su estreno como jugador de la NBA.
Abrines, en el vestuario de los Thunder, en su estreno como jugador de la NBA.
  • Álex Abrines, jugador de los Oklahoma Thunder, mantiene sus vínculos con Asturias, donde residen sus abuelos

  • Gaby, su padre, conoció a su madre en su etapa como jugador del histórico Lagisa y Álex visita la ciudad cada verano

El 15 de agosto del año pasado, cuando la selección española de baloncesto visitó Gijón para comenzar su gira de preparación del Eurobasket 2015 con un amistoso ante Bélgica, a Álex Abrines se le quedó cierto regusto amargo en el cuerpo. El entonces jugador del Barcelona no pudo disputar el partido por una fascitis plantar que le impedía entrenarse al mismo ritmo que sus compañeros –y que acabó dejándolo definitivamente fuera del Europeo–, pero aprovechó el momento para compartir con sus miles de seguidores una fotografía de la primera vez que estuvo en una cancha de baloncesto.«Primera victoria!! Una lastima no haber jugado aquí!! Os dejo una foto de hace 22 años!!!», decía el texto. En ella, Álex posaba en la pista central del Palacio de los Deportes de La Guía junto a su padre Gaby, que en el ya lejano 1994 jugaba en el Lagisa Gijón Baloncesto.

Álex Abrines tenía sólo once días cuando visitó Gijón por primera vez. Lo recuerdan bien Paquita y Ramón, sus abuelos, desde el piso de la calle Menéndez Pelayo donde residen desde hace media vida: «Él nació el 1 agosto en Mallorca y allí hacía demasiado calor, así que la madre vino con él para aquí y estuvieron un mes».

Toda la familia por parte materna del actual jugador de los Oklahoma City Thunder es gijonesa. La historia se remonta al verano de 1985, momento en que el Lagisa Gijón Baloncesto incorporó a la plantilla a un chico de 19 años de Binissalem (Islas Baleares) procedente de las categorías inferiores del Real Madrid. Se llamaba Gaby Abrines, jugaba como alero y cuajó bien en la ciudad y en el equipo, tanto que permaneció en ella hasta 1989.

Los entrenamientos en el Pabellón de La Arena a las órdenes de entrenadores como Ed Johnson y Ricardo Hevia eran exigentes, pero también dejaban tiempo para otras cosas, como enamorarse. Así conoció a Arancha Redondo, con la que se terminaría casando unos cuantos años después.

Paquita y Ramón, los padres de Arancha, fueron una pareja muy popular en el Gijón de los años sesenta y setenta. Él jugó a fútbol como portero en varios equipos de la ciudad y trabajó durante mucho tiempo como representante de perfumería y pintura. Ella también hizo deporte, concretamente natación –tuvo el honor de inaugurar las piscinas de la Universidad Laboral en una competición– y llegó a ser elegida Reina del Día de Asturias poco antes de conocer a su marido.

Pese a su vinculación al deporte, el matrimonio Redondo Ispizúa rara vez asistió a uno de los partidos de su yerno. Para ser más exactos, Ramón recuerda que sólo lo hizo una vez para ver «cinco minutos cuando jugaba en el Fuenlabrada».

Porque Gaby Abrines conoció media España después de dejar Gijón. En 1989 fichó por el Huesca, donde debutó en la ACB. Luego pasó por otros equipos de la máxima categoría como el Cáceres, el Gran Canaria y el Fuenlabrada. Entre medias tuvo tiempo para vivir una segunda etapa en Gijón, en la temporada 1993-94. Su hijo Álex acababa de nacer en Mallorca y pasó el primer año de su vida en la ciudad de su familia materna, en un piso del barrio La Arena muy cercano al de sus abuelos.

Gaby Abrines se retiró en 1999 en las filas del Club La Salle, un equipo de Mallorca en el que años después su hijo Álex comenzó a jugar a baloncesto. Se le daba bien y tenía cuerpo para ello, tal vez por influencia de los genes paternos, pero tampoco se le daba mal la natación que un día practicó su abuela Paquita, y tuvo que elegir entre los dos deportes.

Eligió la canasta. Su progresión desde entonces ha sido fulgurante. En 2011, con 17 años, fichó por las categorías inferiores del Unicaja de Málaga. Dos temporadas allí le bastaron para llamar la atención del Barcelona, donde militó hasta que este verano debutó en los Oklahoma City Thunder, el equipo que lo eligió en 2013 con el número 32 del draft. También se ha convertido en un habitual de la selección española, con la que logró la medalla de bronce en los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

‘Lobezno’, como ha sido bautizado Álex en los medios de comunicación, ha firmado con los Thunder un contrato de 18 millones de dólares por tres temporadas. De momento se adaptado perfectamente a la vida en Oklahoma y ha promediado 12 minutos y 4 puntos por partido con su nuevo equipo. Su predecesor, el mediático Kevin Durant, ha bendecido su fichaje:«Creo que va a ser un gran jugador para ellos. Es un buen tirador y un jugador atlético».

Visitas frecuentes a Gijón

Álex Abrines viaja cada año a Gijón para visitar a su familia. Sus escapadas a la playa de San Lorenzo para disfrutar de un baño o tomar el sol son frecuentes. Este mismo verano estuvo en Asturias. Ahí, Paquita y Ramón se dieron cuenta de que su nieto se estaba haciendo más famoso de lo que imaginaban. Paseando por Candás hubo un par de personas que se acercaron a él para pedirle una foto. Algo parecido les pasó después en el restaurante donde pararon a comer, que acogía una boda. Ni el novio pudo evitar acercarse a saludarlo.

Paquita y Ramón se desplazaron a Madrid hace un mes para presenciar en directo el amistoso entre el Real Madrid y el nuevo equipo de su nieto. Ahora permanecen al tanto del debut de Álex en la NBA gracias a los vídeos que les enseña en el móvil otra de sus nietas, más joven que él. «Tienen partido cada dos días y hay siete horas de diferencia, así que lo de verlo es complicado», lamenta la abuela que, no obstante, no descarta trasnochar el día que llegue una cita importante. Su hija Arancha ya le ha enviado algunos productos de merchandising de los Oklahoma City Thunder, como un imán de nevera, para que vayan familiarizándose con los colores de su nuevo equipo.

Tres enormes álbumes con recortes de prensa descansan dentro de uno de los armarios de la habitación donde Álex y su hermano pequeño, Marcos, se alojan cuando vienen a visitar a sus abuelos. En el escritorio hay unas cuantas fotos dedicadas por él. Cada vez que saben que su nieto sale en la prensa bajan al quiosco para ampliar su hemeroteca particular.

«Ye un chaval muy cariñoso. Tiene 23 años...», dice Paquita, que no hace diferencias a la hora de elogiar a sus nietos, y que aún se sorprende al comprobar la repercusión mediática que rodea al mayor de los hijos de Arancha y Gaby: «¡Sale mucho más en los periódicos de España ahora que está en Estados Unidos que antes!».