BALONCESTO

Invasión menuda en Pumarín

Oliver Arteaga choca el puño con una niña. /  HUGO ÁLVAREZ
Oliver Arteaga choca el puño con una niña. / HUGO ÁLVAREZ

Cincuenta alumnos de Primaria del Colegio Amor de Dios asistieron a un entrenamiento del Unión Financiera

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

La plantilla del Unión Financiera Oviedo Baloncesto recibió ayer una visita poco habitual. La de cincuenta alumnos de tercero de Primaria del Colegio Amor de Dios de Pumarín. Para los niños, especialmente formales, sentados en las butacas a pie de pista mientras seguían las evoluciones de los hombres de Carlos Marco, fue toda una novedad y un contraste verse junto a esos 'gigantes'.

Mientras los jugadores ovetenses ensayaban sistemas ofensivos de juego, la coordinadora del ciclo de Primaria, Elena Fernández, explicó que la visita se debía a la tercera de las unidades del programa con el que aprenden los más pequeños del colegio. «Nos gusta hacer cosas diferentes y visitar al mejor equipo que tenemos en el barrio nos pareció una buena idea», señaló la profesora. No hubo objeción por parte de una plantilla que les abrió de par en par las puertas de su fortín.

«En Infantil trabajamos con el proyecto mi casa, mi cole y mi calle», continuó la coordinadora. «Con los más pequeños hacemos cosas en el aula, pero a los de cinco años los sacamos a que conozcan la ciudad», hizo hincapié. Los niños y niñas del Amor de Dios ya han descubierto este año las estatuas de Oviedo, las señales de tráfico y los centros social y médico de Pumarín. Ayer tocaba el básket.

Alguno ya sabía de qué iba esto de la pelota naranja. «Tenemos niños del centro que están ya en las categorías inferiores del Oviedo Baloncesto», comentó Fernández. Otros, sin embargo, tenían más dudas y preguntaron por el portero del equipo. «No se dice portero, se dice pívot», contestaron los jugadores, que, solícitos, se acercaron tras la práctica a chocar la mano a los pequeños. Luego hubo sesión de fotos con los Víctor Pérez, Romaric Belemene, Mouhamed Barro y el resto.

A la más pequeña la llamó el capitán. «¿Dónde está Martina?», preguntó Pérez. La niña salió de la fila para apretar la manaza de reboteador de Kenan Karahodzic, el ala-pívot serbio. Medio asustada, medio divertida, Martina le enseñó la suya ante el asombro de sus compañeros. Lo mismo hizo su compañero Marco, pero con los pies del gigante balcánico. Comparó sus zapatos de uniforme con unas zapatillas que pasan del cincuenta y muchos.

El que se lo pasa bomba dentro y fuera de la pista es el norteamericano Drew Maynad, que les repitió a los niños en un perfecto inglés de Míchigan: «So strong, so strong» -bien fuerte, bien fuerte-, cuando chocó las manos de los críos. Tras las fotos y las bromas, la clase entera deseó suerte a la plantilla del Oviedo Baloncesto, que este fin de semana tiene un importante choque contra Melilla, cuarto de la tabla.

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