Despedida en familia de Rubén Garabaya

Una veintena de familiares se presentó en Logroño para arropar a Rubén el día de su retirada como jugador de balonmano. /  R. G.
Una veintena de familiares se presentó en Logroño para arropar a Rubén el día de su retirada como jugador de balonmano. / R. G.

El pivote avilesino se vio arropado por los suyos en Logroño en el último partido tras 22 años de carrera«Lo mejor que me llevo es el cariño que la gente me ha demostrado estas últimas semanas, eso significa mucho», afirma en su despedida

NACHO GUTIÉRREZ AVILÉS.

La semana que terminaba ayer domingo ha estado cargada de emociones para uno de los mejores deportistas que ha dado nuestra comarca, el jugador de balonmano Rubén Garabaya Arenas, un avilesino de Corvera. El martes anunciaba su retirada en una rueda de prensa regada con lágrimas y el sábado, en el último partido de la temporada y de su carrera, recibía el tributo de su club, La Rioja, y una afición que ha sabido valorar la implicación de un deportista grande en todo, cualidad a la que añade una forma de ser con la que también triunfa fuera de las canchas.

«Lo mejor que me llevo de estas últimas semanas ha sido ver que la gente me demuestra mucho cariño y eso significa mucho», dice Rubén unas horas después del último día en activo, en el que se pudo despedir marcando sus dos últimos goles. «Juego poco en ataque, pero el sábado tenía que marcar para dedicarle el último a mi madre», Coronación, fallecida hace unos años y cuyo primer apellido, Arenas, ha lucido su hijo a modo de reconocimiento.

Fue un sábado perfecto porque a Rubén le tenían preparada una sorpresa. Una veintena de familiares se presentaba en Logroño para disfrutar de un completo fin de semana: «Alquilaron una casa rural en un pueblo cercano y allí prepararon una fiesta con parrillada para acelerar el proceso», dice por la amenaza de coger peso una vez que el deporte profesional se acabó, en su caso a punto de cumplir los 40 años: «Me di un homenaje, pero hay que cuidarse».

Con los suyos pudo disfrutar el después de un partido con gran carga de emotividad, porque a la retirada del pivote se unía la de compañeros, aunque el gran protagonista principal era el asturiano: le hicieron el pasillo de honor en su salida a la cancha y al final del partido ante el Benidorm, Garabaya disfrutó como un niño cuando sus compañeros de vestuario le elevaron por los cielos riojanos, muy cerca de donde su camiseta con el 17 perdurará para la eternidad.

Después fue el turno de los aficionados, que pudieron esquivar bodas y comuniones para agradecer y eternizarse con los jugadores franjivino. El más solicitado, Rubén Garabaya, que con su tradicional paciencia infinita se dejó abrazar y fotografiar por absolutamente todos.

Entre la multitud sobresalía la nutrida comitiva asturiana formada por los familiares de Garabaya, vestidos con camisetas con distintas fotografías del pivote y un gran 17 en la espalda. Su esposa Nuria, sus hijos Martina y Nico, su padre, que le regaló un libro con recortes de prensa de su carrera deportiva, su hermano Luis Miguel, encargado de recopilar un vídeo que incluía mensajes de ausentes, emocionaron al pivote.

Rubén tiene enfocada su vida en Logroño, donde regenta un negocio de telefonía y espera poder trabajar como programador. Quiere desconectar del balonmano, pero seguirá vinculado al deporte que le dio la vida con el campus que organiza en Asturias y posiblemente con la territorial riojana o el mismo club en el que ha colgado los hábitos tras 22 años en el balonmano profesional.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos