El Comercio

Jempy Drucker vence al esprint en una etapa que benefició a los repescados

En el paseo de la playa de Peñíscola, 156 kilómetros de calor más allá, venció el luxemburgués Jempy Drucker, un especialista en ciclocross y prólogos de 30 años sin apenas palmarés. Como él, los otros trece primeros clasificados de la etapa habían sido repescados en la jornada del domingo, cuando hubo 93 indultados y solo 71 ciclistas habían llegado dentro del límite horario. Si los jueces y la organización hubieran aplicado la ley, el vencedor ayer habría sido Esteban Chaves, decimocuarto.

La Vuelta es víctima del éxito de su modelo. Etapas cortas, explosivas, con la dureza concentrada y con sobrepoblación de finales en alto. Diseñada al gusto de la audiencia televisiva. Los ciclistas se quejan por su exceso de dureza. Pero cada vez corren más. La velocidad es la tortura. Y es cierto: están molidos. Pero llegar el domingo a Formigal a cámara lenta y haciendo grupo para no ser expulsados supone adulterar la carrera, que hoy descansa.

Cuando la etapa de ayer dejó los barrancos y las ramblas de Morella y se ciñó a Vinaroz y el Mediterráneo, el miedo a las caídas casi las provocó. Nadie se sentía en tierra firme camino de Peñíscola. Diez kilómetros finales de rotondas y curvas urbanas trazadas sobre asfalto. El Sky, por precaución, se colocó al frente. «Froome no se resigna», juran en el equipo británico.

En las calles de Peníscola se trataba de no resbalar. El esprint era cosa de los repescados. Se conocían bien del día anterior metidos en el vagón trasero de la Vuelta. El que menos les sonaba era Drucker, un chico fuerte que ha ganado un par de prólogos. El del BMC supo esperar. Tenía las fuerzas reservadas el día anterior y tuvo más sangre fría para ganar el esprint de los repescados.

El asturiano Samuel Sánchez es sexto en la general, a 6.12' del líder, Nairo Quintana.