El Comercio

El Tour castiga a Sagan

Sagan saca el codo y empuja a Mark Cavendish contra la valla.
Sagan saca el codo y empuja a Mark Cavendish contra la valla. / AFP
  • Expulsa al campeón del mundo por cerrar contra las vallas a Cavendish y «poner en serio peligro» a otros corredores

Siete de la tarde en la plácida Vittel, ciudad balneario donde Nestlé embotella su agua. Es un lugar limpio. Pero a esa hora solo se habla en Vittel de juego sucio, de la carnicería del Esprint con que ha terminado un rato antes la cuarta etapa. Todo son corrillos, rumores, discusiones sobre si Sagan ha lanzado con un codazo a Cavendish contra las vallas. «¡Hay que expulsarle! Pero no se atreverán porque es el campeón del mundo», defiende parte de la sala de prensa. La otra mitad discrepa: «No. Ha sacado el codo para mantener el equilibrio cuando Cavendish se le ha echado encima». No hay consenso.

A las siete de la tarde, el presidente del Jurado del Tour, Philippe Marien, entra apresurado en la sala de prensa. Un nube de cámaras le sigue. Tarjeta roja a Sagan, fuera del Tour, descalificado «por poner en serio peligro la integridad de otros corredores en los metros finales». La Grande Boucle se queda sin su ciclista más estimulante porque el eslovaco perdió la línea y cerró contra las vallas a Mark Cavendish. Mientras el británico, con el brazo derecho en cabestrillo, subía a la ambulancia, Sagan se defendía: «No le tiré con el codo».

En el ciclismo, los locos se dedican al esprint. Los hay suicidas llenos de espolones como Abdoujaparov. Guapos, chulos y con garras como Cipollini, que repartía puñetazos. Camicaces como Cavendish, apodado 'bad boy', chico malo. O como Bouhanni, que pasa su tiempo libre en un ring de boxeo. Son tipos rabiosos, de los que cabecean mordiendo su propio bozal. Una jauría a mordiscos a cien metros de la meta.

El esprint venía ya trompicado por la caída antes del último kilómetro que barrió a una veintena de dorsales, incluido el líder, Thomas. Iban todos con los nervios tirantes. Era un final atormentado, violento. Démare, con el maillot tricolor de campeón francés, vio la pancarta y salió a por ella, aunque no por el camino más corto. En pugna con el noruego Kristoff, se fue arrimando a la ristra de vallas de la derecha. Era un esprint a río revuelto. Sagan siguió la estela de Démare y Kristoff. Y, claro, se arrimó aún más a la derecha. Apenas dejó hueco entre él y el filo de las vallas. Pero por ahí se atrevió a meterse Cavendish, un dorsal sin miedo. Nunca frena. El británico, que no sufre rotura pero tiene un ligamento tocado y es duda para seguir hoy, remontaba rápido. Ahí estaba, más rápido que Sagan, comiéndole el terreno.

«No sabía que venir por detrás»

Rascaban los piñones de once dientes. A 70 kilómetros por hora. Los velocistas solo miran adelante. Sin retrovisor. Sagan seguía con los ojos a Démare. «No sabía que Cavendish venía por detrás», declaró. Eso no disculpa su maniobra. Cerró el hueco entre él y las vallas. Cavendish se le echó encima. Chispas. Contacto a toda velocidad sobre ese alambre de funambulista que es un tubular. Al notar el toque, el instinto de Sagan activó su mecanismo defensivo: abrió los codos, los usó para mantener el equilibrio. Para entonces Cavendish ya había empezado a perder el equilibrio. Se incrustó contra el vallado. Volteado y tirado en el suelo, al británico no pudieron esquivarle ni Degelkolb ni Swift, que le atropellaron y también volaron. Vittel se echó las manos a la cabeza.

Mientras, Démare celebraba vivir el «sueño» de su vida, Sagan corría al autobús del Dimension Data, donde tapaban con vendas a Cavendish. «Le he pedido perdón. No es agradable una caída así. Pero es que no le vi. Yo solo intentaba seguir la rueda de Kristoff. Cavendish se ha abalanzado sobre mí», repetía. «Que no, que no le he dado con el codo». El supuesto codazo de Vittel. En el Dimension Data bramaban contra Sagan. Rolf Aldag, el director, lanzaba su dedo acusador: «No es un accidente. Es violencia». El equipo pidió de inmediato la expulsión del eslovaco.

El Tour hablaba por los codos en Vittel. Antes de la etapa, todas las conversaciones se fijaban en la próxima jornada, en el primer final en el alto. En las rampas verticales de La Planche des Belles Filles. En la cima donde en 2012 Froome firmó su primer triunfo en el Tour. «Será una subida agresiva», anunciaba el británico. Contador era más cauto: «Hay que saber elegir el día para atacar. En este Tour van a pasar muchas cosas», vaticinó. Y acertó. Incluso hubo tortas en ese remanso de aguas tranquilas que es Vittel.

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