Carlos Barredo, un paisano entre la niebla de Los Lagos

Barredo dialoga con dos corredores de la Fundación Alberto Contador. /F. A. C.
Barredo dialoga con dos corredores de la Fundación Alberto Contador. / F. A. C.

El excorredor recuerda con emoción su victoria en la mítica cima asturiana en la Vuelta a España

VÍCTOR M. ROBLEDOGijón

Al poco de instalarse en Gijón con su familia desde su pueblo natal, a principios de los noventa, el niño Carlos Barredo (Taranes, Ponga, 1981) hizo una apuesta con su padre. «Le dije que quería una bicicleta de carreras y él me respondió que, si subía desde el pueblo de unos amigos hasta los Lagos de Covadonga, me la compraba. Un sábado cogí una de montaña, llegué a los Lagos y el lunes ya tenía mi bici nueva», recuerda con una sonrisa el excorredor asturiano, actualmente afincado en Madrid. Aquella inocente ascensión por La Huesera y el Mirador de la Reina fue el inicio de una carrera que, en realidad, había comenzado a germinar viendo por televisión las hazañas de Miguel Induráin en el Tour de Francia.

Barredo empezó a correr como federado con quince años en la Escuela Ciclista Las Mestas. «No es normal hacerlo tan tarde, pero analizándolo a posteriori me parece la mejor edad porque es cuando tú lo decides, no nadie de tu entorno», apunta. Fue en 2004 en su segundo año como sub 23, en el filial de la ONCE, cuando Manolo Sáiz apostó por él y le dio una oportunidad como profesional en las filas del Liberty Seguros.

Barredo era un todoterreno con ADNasturiano, capaz de superar con relativa facilidad la media montaña y con intuición para colarse en las escapadas. Su palmarés se fue poco a poco salpicando de trofeos mientras ayudaba a los líderes de sus equipos –el Quick Step primero y el Rabobank después– a hacerse más grandes. Se llevó etapas de la Vuelta a Asturias, del Tour Down Under, de la París-Niza, y de la Vuelta a España, así como una Clásica de San Sebastián. Pero todo se interrumpió en 2012 al ser sancionado por la UCI por «aparente violación de las normas antidopaje» tras estudiar su pasaporte sanguíneo, pero sin haber dado nunca un positivo en un control. El máximo organismo ciclista, además, anuló todos sus resultados entre 2007 y 2011 y abocó al corredor asturiano a una retirada prematura.

«Tengo la conciencia tranquila y sigo recordando con cariño mis victorias»

«Tener tengo esos triunfos, otra cosa es que la UCI me los haya quitado y solo me haya dejado la de la Vuelta a Asturias en mi primer año como profesional. Sigo en lucha por ello, pero eso solo son estadísticas. A nivel personal tengo la conciencia tranquila y sigo recordando con cariño esas victorias porque las considero mías», asegura el excorredor asturiano.

Más allá de su propia sanción, Barredo lamenta el daño que puede causar una decisión como aquella en un corredor más joven. «A mí me sucedió con 31 años y con tres temporadas más firmadas, sabiendo que era mi último contrato. Lo pasé muy mal y estuve incluso en tratamiento psicológico, pero en mi entorno supieron encauzarme e incluso saqué un aprendizaje. Lo grave es cuando se cometen errores con chavales muy jóvenes», apunta Barredo, que pone como ejemplo un caso muy reciente. «Hace dos años, un chico belga dio positivo en China, juró que no había hecho nada y se suicidó. Se están jugando con muchas cosas y con atropellos así se pueden cargar la vida de una persona», lamenta.

Un helado por el Muro

Alejado del ciclismo, Barredo retomó sus estudios para licenciarse en Educación Física y tiene la ilusión de doctorarse en un futuro no muy lejano. Mientras tanto, asesora a una veintena de jóvenes deportistas y se encarga de la preparación física del equipo sub 23 de la Fundación Alberto Contador.

El 12 de septiembre de 2010, los auxiliares del Quick Step estaban presenciando un partido del Sporting en El Molinón cuando a través de los videomarcadores se anunció que Carlos Barredo acababa de ganar la etapa de los Lagos. «Yo entonces dormía con un pijama delSporting y me hizo mucha ilusión. Aquel día fue el más especial de mi carrera. Gracias a ese puerto había podido engañar a mi padre para que me comprara la bici y era además la primera vez que él iba a verme después de haber tenido un problema de salud grave el año antes. Me acuerdo de todo: del ataque, de los relevos, de la ascensión... Al levantarme y ver el día de lluvia y niebla sabía que iba a ganar». Por la noche lo celebró y comiendo un helado con Mateo Tosatto y su director mientras paseaban por el Muro.

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