CICLISMO

La muestra B confirma el positivo de Samuel Sánchez

Samuel, dos días antes de conocer su positivo. / P. LORENZANA

El ciclista ovetense recibió la notificación oficial sobre el resultado del contraanálisis realizado hace un mes

EDUARDO ALONSO GIJÓN.

Samuel Sánchez ya no se viste de ciclista. El deportista que siempre sonreía ya no lo hace. Aquel que no se bajaba de la bicicleta, ahora no se llega ni a montar. Indudablemente, el ovetense no hace su vida diaria como si nada hubiese ocurrido. Como si de un día más se tratase. De sus éxitos quedan rastros amables. Muchos. Siempre ha sido un corredor ganador al que en algunos momentos le había faltado un pelín de suerte y de justicia que, finalmente, le había llegado.

Sin embargo, todo se truncó el pasado 17 de agosto. A menos de 48 horas de la que iba a ser su última Vuelta a España y, probablemente, del final de una carrera redondeada con el oro olímpico de Pekín 2008. Aquel día fue suspendido provisionalmente por dar positivo con GHRP-2, un liberador de la hormona del crecimiento. El primer golpe, tremendo, para un ciclista bravo, carismático, que gozaba del cariño del aficionado y que, de un momento a otro, vio en peligro todo su esfuerzo. El segundo lo encajó ayer. Otro mazazo. El ovetense recibió la notificación oficial por parte de la Unión Ciclista Internacional (UCI) que confirma el positivo del contraanálisis realizado hace un mes. Sus abogados trabajan ahora en cómo justificar la presencia de la hormona en su organismo.

La justicia, en el ciclismo, es cuestión ya no de años ni de meses. Simplemente, de semanas. La popularmente conocida como muestra B del corredor habría dado idéntico resultado. EL COMERCIO se puso ayer en contacto con Samuel Sánchez. No quiere hablar. Lo hará, insiste, cuando llegue el momento porque, advierte, el proceso legal sigue adelante. Remite a sus abogados. Pero sigue insistiendo, como lo ha venido haciendo hasta ahora, en su inocencia. «Estoy a punto de retirarme. ¿Para qué me iba a meter en esto?», contestaba el pasado mes de agosto a la pregunta sobre su presunto dopaje.

Con 39 años y diecisiete años en activo (el ciclista con una carrera más longeva dentro del pelotón internacional), el BMC le suspendió nada más conocerse el comunicado de la UCI. No corrió la Vuelta, en la que tenía depositada grandes expectativas y sueños. Si finalmente se confirma el dopaje, no lo hará más. Y algo peor: su currículo, lo mejor que deja un ciclista, quedará manchado.

La UCI, según apuntaba el diario 'Marca', hará oficial el positivo por GHRP-2 -la misma sustancia con la que el italiano Pirazzi ha recibido cuatro años de sanción- en las próximas horas. A continuación, llegaría lo más temido: el inicio del proceso por el cual será castigado de forma oficial y definitiva y condenado a una jubilación anticipada no merecida e inesperada (contaba con una oferta del equipo francés Fortuneo-Oscaro para 2018, en el que correrá este año Wargill, el vigente campeón de la montaña del Tour). Una culpabilidad -en estos casos se invierte el cargo de la prueba- que ahora intentarán depurar sus abogados ante la UCI en espera de la sanción.

Aquella llamada de la Unión Ciclista Internacional en agosto lo cambió todo. Del blanco se pasó al negro. Se lo dijeron muy claro. Había dado positivo. Aquel control sorpresa realizado el día nueve de aquel mes en su domicilio de Oviedo evidenciaba rastros de GHPR-2, un péptido que provoca la producción de hormona del crecimiento. Una sustancia prohibida. Una sustancia asociada a los gimnasios especializados en atajos, en conseguir músculo a toda velocidad.

Sea como sea, Samuel no tira la toalla. El oro olímpico ha depositado toda su confianza en sus abogados porque cree, y así hace hincapié en las conversaciones, en que se trata de un error en una carrera, la suya personal, con pedigrí.

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