Una confianza con sorpresa

Disparo del rojiblanco Antonín, tras superar a Laurín, en la visita ovetense de enero de 1957, con un récord de asistencia. :: E. C./
Disparo del rojiblanco Antonín, tras superar a Laurín, en la visita ovetense de enero de 1957, con un récord de asistencia. :: E. C.

En el derbi de 1973, los jugadores del Sporting, con ventaja en el marcador, pensaban que el Oviedo iba a dejarse llevar, hasta que un tiro de Galán amenazó la permanencia

El Sporting y el Oviedo iniciaron su rivalidad liguera con el comienzo de la competición, en el año 1929. Desde entonces, el conjunto ovetense visitó El Molinón en 37 ocasiones, con un balance de 17 triunfos rojiblancos, once empates y nueve victorias del conjunto azul.

Los derbis siempre se caracterizaron por una tensión especial, pero sólo sobre el terreno de juego, porque fuera del campo, la mayoría de jugadores de los dos equipos mantenían estrechos lazos de amistad. Cuando los árbitros decretaban el final de los partidos se acababan todo tipo de rencillas deportivas, salvo en excepciones.

En el primer derbi jugado en El Molinón, que terminó con el triunfo de los gijoneses por un ajustado 3-2, se produjo la primera expulsión, la del rojiblanco Castro, por repeler una entrada de fuerte entrada del oviedista Polón en falta señalada por el vizcaíno Pelayo Serrano de la Mata. La tensión de las gradas se trasladaba en ocasiones a los terrenos de juego.

En muchos casos, esa amistad empezaba a fomentarse en las convocatorias de la selección asturiana, que tuvo su mayor auge en la década de los años 60. Podrían enumerarse numerosos ejemplos de la camaradería que existía al margen de la rivalidad, con los recordados 'Tati' Valdés y Tensi, Prieto, Vili, Montes, Quini o Redondo. En algunos casos, el trato había nacido con anterioridad, por tener las raíces en una determinada zona. Hubo una época en la que la comarca langreana era una buena cantera para los dos rivales asturianos.

Un partido con anécdota fue el que se disputó el 20 de mayo de 1973 en Gijón. El Sporting se jugaba la permanencia. Sólo le servía el triunfo. Llegó a comentarse que el Oviedo, con la continuidad en Primera asegurada desde la jornada anterior, iba a afrontar el partido sin demasiada intensidad. El Sporting salió presionado por la necesidad, por lo que pronto de apreció que en su juego sobraba ansiedad.

En el citado encuentro, Quini marcó el que sería el gol del triunfo. Era el minuto 63. La confianza empezó a anclarse en el ánimo de los rojiblancos, al pensar que el resultado también lo daba por bueno el Oviedo, que había dado imagen de pensar más en la contención, con técnica, pero sin asumir riesgos ofensivos, más que en jugadas esporádicas. Sin embargo, al filo de la media hora, un disparo de Galán rozó la madera de Castro. La acción sirvió para quitar todo tipo de credulidad sobre la seguridad del triunfo. Al final, el propio Barinaga, entrenador del equipo carbayón, reconoció la justicia del triunfo. En el bando gijonés, Mariano Moreno no pudo contener las lágrimas.

Hubo derbis para todos los gustos. Desde un 6-0 a favor de los rojiblancos, con recital goleador de Pío, hasta un 0-6, en el que Aloy y Lalo desarbolaron a los gijoneses. En la confrontación disputada en enero de 1957 se produjo un récord de asistencia y de recaudación en un partido de fútbol celebrado en Asturias, con aficionados ubicados en las vigas superiores de las gradas. Se notaba que el Sporting iba camino de su tercer ascenso. Otros partidos fueron polémicos por los arbitrajes, como el del extremeño Carmona Méndez en 1996. A los 26 minutos, el Sporting estaba con nueve jugadores, por las expulsiones de Bouzas y Bango.

En los años 90 empezaron a fomentarse los almuerzos institucionales con participación de los presidentes y los entrenadores, con representación de los ayuntamientos y del Principado. En Gijón, el último fue en 2002. Ahora, las costumbres son más impersonales, en todos los aspectos.

Fotos

Vídeos