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Quini abraza a sus herederos del gol

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En la fila de arriba, de izquierda a derecha; Juli, Rubo, Darío, Quini, Steven, Álex 'Toquero', Christian, Diego López y Manolo. En la fila de abajo, también de izquierda a derecha, el padre de Adrián López, José Luis López, Sergio Ríos, Pablo, Isina, Quique, Anina, Señas, la madre de Pablo Espina, Avelina Ordoñez, e Iris. / PALOMA UCHA

  • La novena gala del trofeo que lleva su nombre mostró la buena salud de la artillería asturiana

  • «Si hay caras nuevas el año que viene, bien, pero si repetís, mucho mejor», comentó 'El Brujo' a los galardonados

«Esto es lo más bonito. Aunque no lo penséis, hacéis feliz a muchísima gente». Con tono casi paternal, Quini, una auténtica institución del gol en la historia del fútbol nacional, se dirigía a quienes sueñan con seguir su senda en los terrenos de juego asturianos con la intención de reflejarles la dimensión de su acierto anotador. Situado frente al atril del Bal Hotel, escenario un año más de los galardones que llevan su nombre, 'El Brujo' abrazó a sus herederos antes de que recibiesen el trofeo organizado por la Federación de Peñas Sportinguistas y EL COMERCIO, que les distingue como los artilleros más prolíficos en el Principado.

  • Los artilleros recogen el premio a su puntería

  • Multitudinaria cita con el gol

  • El Trofeo Quini reúne a los mejores goleadores asturianos y a cientos de asistentes (I)

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«Si hay caras nuevas el año que viene, bien, pero si repetís, mucho mejor», confesó a los premiados Quini, emblema indiscutible de una ceremonia dirigida por el jefe de prensa del Sporting, Jose Luis Rubiera, y en la que 'El Brujo', pese a sus esfuerzos por dirigir los focos hacia la nueva hornada del gol, volvió a acaparar todas las miradas. «Me pongo más nervioso con el micrófono delante que cuando salía con el campo lleno», expresó con esa espontaneidad que siempre le acompaña el legendario goleador rojiblanco nada más tomar la palabra ante un público siempre expectante ante su presencia.

Con todos los premios ya entregados, un preadolescente caminaba buscando a la salida tras un corrillo en el que se encontraba Enzo Ferrero y le pudo la curiosidad. «¿Era uno de los que jugaba con Quini?», le preguntó a su padre. Ante la respuesta afirmativa de su progenitor, le interpeló de nuevo para tratar de averiguar algo más sobre su juego, que, por motivos de edad, no pudo disfrutar. «¿Y cuál de los dos te gustaba más?», cuestionó. «Los dos eran muy buenos, pero Quini es mucho Quini», replicó en una muestra de admiración sobre una figura que trasciende hasta la más enconada rivalidad.

Rezagado, el presidente del Real Oviedo, Jorge Menéndez Vallina, hizo su aparición durante el turno de alocuciones y se ubicó junto a su homólogo sportinguista Javier Fernández en un movimiento que no pasó desapercibido para Quini, atento como dentro del área adversaria durante su trayectoria profesional. «Tengo detrás a los dos presidentes de los clubes más representativos de Asturias y les voy a dar un detalle», anticipó 'El Brujo' antes de colocarles a ambos un pin de plata en una distinción que no fue la única inesperada ayer.

El presidente de la Federación de Peñas Sportinguistas, Jorge Guerrero, que jalonó de agradecimientos su intervención y no quiso dejar pasar la ocasión para agradecer la labor de su antecesor en el cargo, José María Suárez Braña, otorgó al histórico artillero rojiblanco el busto que este año reciben todos los vencedores, modificado en su forma a instancias del propio protagonista, como confesó. «Me sacaron guapo porque cogieron la imagen de cuando era joven. Así que un acierto el cambio», señaló haciendo gala de su buen humor Quini, que aparcó el cachondeo para referirse a los valores que desea reunir en el galardón al que da nombre.

«Me gustaría que lo vieseis como algo especial, como un estimulo para seguir progresando», señaló en una visión similar a la ofrecida por el director de este diario, Marcelino Gutiérrez, que calificó el premio como la recompensa «al trabajo colectivo y al esfuerzo diario en cada entrenamiento».

«Es muy importante mantener unida a la afición del fútbol asturiano», expuso el concejal de deportes del Ayuntamiento de Gijón, Jesús Martínez, que tildó la ceremonia de «especial» y subrayó una idea repetida por varios de los presentes para recoger la esencia de un Trofeo «con una dimensión que alcanza a toda Asturias», como indicó Jorge Guerrero.

El benjamín de los premiados, Quique, agarró el micrófono como marca la tradición y sacó la sonrisa a todos los presentes con un discurso con un tono muy cercano a los futbolistas profesionales. «Gracias a todos los colaboradores. A mi entrenador Jairo Arias, a mi club, y a los compañeros, que sin ellos no sería nada posible», afirmó el joven goleador del Quirinal antes de que José Luis Rubiera iniciara la cuenta atrás para la décima edición. «El fútbol sin goles deja de ser fútbol», proclamó 'El Brujo'. Palabra de artillero al que le crecen los aspirantes a recoger su herencia.