El Comercio

El Eibar confirma el atasco blanco

El madridista Cristiano Ronaldo salta por encima del jugador del Eibar Lejeune.
El madridista Cristiano Ronaldo salta por encima del jugador del Eibar Lejeune. / REUTERS
  • El conjunto vasco, bien organizado, saca los colores a nivel táctico a los de Zidane

Ya no es casualidad. El Real Madrid tiene un problema. La afición blanca acudió al Santiago Bernabéu esperando una goleada ante el Eibar, cuya histórica mala racha en Chamartín hacía intuir una tarde plácida, para aliviarse. «El Eibar va a pagar la cuenta», dijo Danilo en Alemania tras la tercera 'X' consecutiva. El equipo de Zidane no está ahora mismo para grandes logros (1-1). Se creía que tenía una fiebre amarilla, porque no fue capaz de superar a tres rivales vestidos con ese color (Villarreal, Las Palmas y Dortmund), pero lo cierto es que ahora mismo tiene problemas de juego, no supersticioso.

La irrupción de la 'BBC' en el once coincide en el tiempo con el bache de resultados. Juntar a Bale, Benzema y Cristiano en un once, normalmente, aporta pegada, pero genera un evidente desequilibrio que parece no tener solución si faltan los jugadores que sujetan el 'invento'.

Mendilibar triunfó esta vez con su plan valiente y el Eibar se quitó el estigma de que nunca había hecho un gol en Chamartín. Saltó el cuadro vasco muy centrado y tras un centro de Capa, que cuajó un partidazo arriba y abajo, fue Fran Rico el que sólo remató de cabeza en el área chica. Hubo pitos. No se sabía muy bien si eran a la actitud de los blancos o a Keylor, que ya había generado murmullos cuando se le escapó una bola que le había dejado coger Carvajal protegiendo de la presión rival con el cuerpo. Después se confirmó que era más global.

Estaba perezoso y pausado el Real Madrid, que empató por kilates de oro en una buen acción de sus dos cracks cienmillonarios. Cristiano, tras un buen recorte, la puso tocada para que Bale picase de cabeza para pillar a contrapié a Riesgo como si fuese el mejor de los arietes del mundo. Más de la mitad de sus últimos tantos (lleva 50 goles en Liga, una cifra digna de un delantero puro) han sido de este modo.

No se achicó el Eibar, que buscó ahogar la salida de balón de Kroos. Cuando recuperaba iba rápido hacia Keylor. Jugaba el Real Madrid al tran-tran, daba la sensación de que pensaba que ganaría por calidad. Pero andando ya no se gana a nadie, menos cuando no hay control en el centro del campo.

Los pitos se hicieron evidentes cuando decretó el descanso. La afición no pedía buen juego, pero sí actitud después de los tres empates consecutivos. El partido de Isco fue pobrísimo, tanto en defensa como en ataque. No logró convencer a su técnico, que le acabó quitando viendo que sólo frenaba el juego.

El Eibar competía, era valiente tras recuperar aunque le falta mordiente para asustar de verdad al vigente campeón europeo mientras el duelo seguía igualado. Sólo a base de centros laterales merodeaba el área de Riesgo, que sacó alguna buena mano.

Al Eibar, que había completado bien el 90% del plan le quedaba lo más complicado: la recta final. Esa en la que el equipo local, sin importar quienes sean sus jugadores o su entrenador, exprime de modo histórico. Ningún otro estadio provoca que el reloj se suspenda y los segundos se conviertan en minutos. Fue capaz de sacarlo adelante, porque esta vez aunque tuvo 84 minutos para solucionar el gol de Rico, fue incapaz de encontrar un patrón de juego para hacerlo. Su equipo regaló una parte y después se estrelló ante el plan de Mendilibar.