El Comercio

El azulgrana Messi lucha con el deportivista Andone.
El azulgrana Messi lucha con el deportivista Andone. / AFP

Messi acapara todos los focos

  • El astro argentino regresa tras la lesión y marca en su primer disparo a puerta en la goleada del Barcelona al Deportivo

En un partido de historias mínimas y personajes máximos, el Barcelona sonríe justo cuando le toca afrontar uno de los encuentros más atractivos del año. El miércoles llegará al Camp Nou el Manchester City de Guardiola y enfrente tendrá a un equipo que, para empezar, ha recuperado a Messi, quien apenas necesitó un disparo ante el Deportivo para sumarse a la fiesta goleadora que ayer habían iniciado Rafinha y Luis Suárez (4-0).

Hoy, mañana y pasado todos hablarán de Messi. Es lo normal, también es lo fácil. Un mes después, el astro argentino está de vuelta y, por lo visto, entonado como el que más. En 35 minutos evidenció las ganas tremendas de fútbol que tiene.

Pero sería enormemente injusto que todos los focos dirigiesen su luz al menudo atacante argentino. Neymar y Rafinha merecen una reflexión. El atacante brasileño brilló, apareciendo en la segunda línea ofensiva y encontrando los huecos donde no los había. Habilitó a Luis Suárez en su gol y vio el desmarque de Messi en el suyo. No celebró ninguno propio, pero pudo cuajar ante el Deportivo uno de los encuentros más completos de la temporada.

Aunque sin duda, el gran damnificado de la vuelta de Messi y de su partido (en lo que alabanzas y atención mediática se refiere) será Rafinha. Está de dulce el hispano-brasileño que logró un doblete goleador y apunta a jugador importante esta temporada.

La victoria del Barcelona ante el Deportivo arrastra una carga de importancia mayor de lo que puede entenderse a priori. Para los de Garitano porque vuelven a mirar abajo con cierto cosquilleo en el estomago, y para los de Luis Enrique porque parece que ha pasado una eternidad de aquella derrota en Vigo, justo antes de estos parones internacionales que tanto molestan en la competición casera. Pero el equipo azulgrana afrontaba el choque tras perder ante el Celta (4-3) y con una rémora mayor en sus piernas.

Se reconcilia, por tanto, el cuadro culé con su parroquia gracias a un triunfo que se fraguó en el primero de los asaltos. Antes de que el lorquino Sánchez Martínez señalara el camino de los vestuarios, los pupilos de Luis Enrique ya ganaban 3-0 con goles de Rafinha y Luis Suárez. El uruguayo sigue a lo suyo, pero es que el hispano-brasileño también. Quizás esté por fin en la temporada de su eclosión. En lo que a goles se refiere, ya ha marcado los mismos que en su mejor año. Casualidad o no, fue defendiendo la elástica del Celta con el técnico asturiano también en el banquillo.

A cabezón no le gana nadie al entrenador del Barça. Y pocos como él son capaces de ver lo que puede ofrecer el menor de los Alcántara. Hasta cuatro titularidades le ha dado en Liga y Rafinha ha respondido con fútbol y goles. Necesitaba continuidad y romper en la suerte del gol. Dio muestras de que anda en el camino.

En un partido donde el Deportivo se mostró totalmente estéril en el ataque, las buenas noticias cayeron del lado azulgrana. Regresó Messi tras su lesión, el equipo volvió a dejar la portería a cero pese a las ausencias, se volvió a ganar en casa, Luis Enrique dosificó a sus pilares y Ter Stegen pasó totalmente desapercibido.