El Comercio

Morata corre a celebrar su gol tras batir al meta Iraizoz.
Morata corre a celebrar su gol tras batir al meta Iraizoz. / APF

Morata derriba a un meritorio Athletic

  • Un gol del suplente impidió el empate de un rival que superó sus limitaciones

No era un buen día para que el Athletic visitara el estadio Santiago Bernabéu. Tres días antes había naufragado en Bélgica en un partido europeo contra el bisoño Genk. Tampoco podía contar con futbolistas clave como su goleador Aritz Aduriz y toda una línea defensiva ausente formada por Óscar de Marcos, Eneko Bóveda, Yeray Álvarez y Mikel Balenziaga. Además, el Real Madrid sumaba 11 goles en los dos últimos partidos y las renovaciones de Luka Modric y Toni Kroos durante la semana había animado el ambiente entre los merengues tras la goleada ante el Legia.

Sin embargo, bajo la lluvia madrileña, el guión arcoíris para los madridistas se ennegreció por su propia suficiencia, por la capacidad de supervivencia de los rojiblancos y por la incapacidad de Zinedine Zidane para encontrar una solución que no fuera el demasiado demandado milagroso último minuto.

A pesar de los esfuerzos del equipo vizcaíno, pronto se le vieron las costuras al Athletic remendado. Enric Saborit, un zurdo que se estrenaba como titular esta temporada ante la obligación de sustituir a Balenziaga, fue la víctima ideal. Impulsado Isco hacia su banda, el rojiblanco se confió, el balón se le escapó del pie ayudado por la lluvia y la inexperiencia y el centrocampista madrileño sólo tuvo que colocar el balón en el espacio de Karim Benzema para que anotara el francés. No habían pasado ocho minutos.

Entregados a la inercia de las clásicas victorias en casa, los futbolistas del Real Madrid se distrajeron con pensamientos sobre batallas particulares y luchas de números. Ante la calma de sus rivales, el Athletic se atrevió a algo más que a defender y empezó a adelantar sus líneas en ataque. En una de ellas, Lekue aprovechó la indolencia local. El lateral avanzó por su banda con cierta indecisión, vio el camino abierto, colocó el balón en el área rival y, entre la hiperactividad de Eraso y la distancia otorgada por los defensas de Zidane, la pelota terminó en los pies de Sabin Merino, quien aprovechó para marcar.

Sólo el amago de lesión de Laporte amenazó a los visitantes en una segunda mitad en que se decidieron a tutear a los blancos porque ya habían comprobado que el grupo de Zidane no estaba inspirado ni en defensa ni en ataque. De hecho, Iñaki Williams desperdició una oportunidad ofrecida por un error local porque su punto de mira se había elevado.

Al rescate

Atascado el equipo blanco, Zidane miró en su libreta de opciones y optó por la más obvia de sus respuestas tradicionales. Ordenó a Lucas Vázquez que cambiara lo que ocurría en el terreno de juego, pero se echó de menos a un delantero con más instinto. Observado el problema, una nueva sustitución relevó a Benzema por Álvaro Morata. Entonces la zurda del galés encontró a un delantero rematador, que sólo por repetición consiguió el gol deseado. No era el habitual último minuto, pero apenas quedaban diez para el final.

Logrado el tanto deseado, el final del Madrid no fue plácido. Williams recibió un regalo de Varane y sólo un excelente mano a mano de Keylor Navas evitó que el vasco empatara. Tampoco Ronaldo fue capaz de sentenciar en un cara a cara con Iraizoz.