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El ejemplo de tolerancia de Adauto

El partido ante el Atlético de Madrid del 14 de enero de 2001 fue el último que disputó Adauto como jugador delSporting.
El partido ante el Atlético de Madrid del 14 de enero de 2001 fue el último que disputó Adauto como jugador delSporting. / J. Bilbao
  • El exdelantero del Sporting se retiró en 2014 y ahora trabaja como agente de futbolistas en Brasil | Su rostro se hizo muy popular en la República Checa al protagonizar una campaña contra el racismo en el fútbol, tras un desagradable episodio en un derbi de Praga

Nada más llegar a la República Checa, a Adauto da Silva (Santo André, Brasil, 1980) le entraron ganas de regresar a su país y olvidarse de Europa para siempre. Era el año 2002 y Adauto, casi un niño todavía, se enfrentó a una situación que afortunadamente no había vivido nunca. En cada estadio que visitaba con el Slavia de Praga, su nuevo equipo, era abucheado por la afición rival con gritos que imitaban el sonido de un mono. En el derbi contra el Sparta de Praga la humillación fue mayor, tanto que el árbitro detuvo el partido para pedir la intervención de la policía. Nunca en Europa había sucedido algo así.

Un año antes de aquello, Adauto aterrizó en el aeropuerto de Asturias dispuesto a vivir su sueño europeo. En la terminal de Ranón lo esperaban unos cuantos periodistas en busca de sus primeras declaraciones como jugador del Sporting. Adauto era un perfecto desconocido, pero desde el club se habían filtrado toda clase de bonanzas sobre su talento.

Se trataba de un delantero de apenas 19 años que llegada cedido por el Bayer Leverkusen. «Tenía un precontrato con ellos», recuerda el exjugador rojiblanco desde su oficina: «En el 2000 quedé ‘pichichi’ de la Copa Sao Paulo, con ocho goles en siete partidos, y el Bayer adquirió una opción de compra sobre mí, aunque nunca llegué a jugar en su equipo. Siempre estuve a préstamo».

La experiencia en Gijón no salió tan bien como Adauto esperaba. Su paso por el Sporting quedó reducido a once partidos de Liga -solo tres como titular-, uno de Copa y dos goles anotados. «El problema fue el límite de extranjeros. Sólo podían jugar tres. Lediakhov, Cherishev y Kamatcho eran internacionales, de mucha calidad, así que lo tenía muy difícil para jugar. Yo era aún muy joven», señala.

El brasileño desapareció de las convocatorias con la dimisión como entrenador de Vicente Cantatore y la posterior llegada de Pepe Acebal. Aun así, guarda grandes recuerdos de aquel año: «Fue la primera oportunidad de mi vida en el fútbol profesional. Me gustó mucho Gijón y toda Asturias, sobre todo el marisco. Cuando descansábamos me iba con otros jugadores a conocer la región».

Un sello checo con su cara

El ejemplo de tolerancia de Adauto

Adauto regresó entonces a Brasil, aunque el fútbol europeo volvió a llamar pronto a su puerta. Un año después, tras ganar la Liga con el Atlético Paranaense, le surgió la posibilidad de irse a la República Checa. «Allí me quedé cuatro temporadas y media», rememora. El triste episodio racista en el derbi contra el Sparta de Praga lo convirtió en abanderado de la lucha contra la xenobofia. Protagonizó campañas en carteles publicitarios, se codeó con ministros e incluso circuló un sello postal con su cara.

Tras otro breve periodo en Brasil, Adauto se lanzó a recorrer mundo. Probó suerte en el Central Español uruguayo, volvió a la República Checa y acabó jugando dos temporadas el Zilina eslovaco. Era el año 2011. Su carrera deportiva tocó a su fin en 2014 en un equipo de la tercera división brasileña, el Atibaia-SP, con el que logró el ascenso.

Desde su retirada, Adauto trabaja como representante de futbolistas. «Tengo mi propia oficina, aunque también llevo algún jugador junto a otros socios. Es el caso, por ejemplo, del controvertido Juan Figer, que en su día llevó los asuntos de hombres como Neymar o Robinho. También ha sido coordinador de la escuela de fútbol base ‘AdautoGOL’ en su barrio, Vila Joao Ramalho, en Santo André.

Adauto no ha dejado de seguir durante estos años al Sporting, tampoco mientras el equipo estuvo en Segunda. Entre sus viajes pendientes está una visita a Gijón para saludar a algunos amigos que dejó en la ciudad y a Quini, para quien sólo tiene palabras de agradecimiento: «Era una persona que me trataba con mucho cariño. Para mí todo era nuevo: el país, el idioma… Él era una leyenda y me ayudó mucho». También le gustaría reunirse con el club para poner encima de la mesa los nombres de algunos de sus representados: «Aquí hay jugadores jóvenes muy buenos que necesitan adaptarse a Europa. A ver si podemos hacer algo».