Fútbol

El calvario de Santi Cazorla

En la imagen superior se ve el tendón de su pie izquierdo con el trozo de piel de su brazo que le fue implantado. / PABLO GARCÍA / MARCA
En la imagen superior se ve el tendón de su pie izquierdo con el trozo de piel de su brazo que le fue implantado. / PABLO GARCÍA / MARCA

El futbolista asturiano trabaja a diario con el objetivo de volver a jugar algún día | Hace un año que disputó su último partido. Desde entonces se han sucedido las operaciones. En una sufrió una infección que casi le deja inválido

J. A. G. GIJÓN.

Santi Cazorla no se rinde. Tiene entre ceja y ceja volver a calzarse las botas y jugar al fútbol, su mayor pasión. El jugador asturiano, campeón de Europa con Luis Aragonés en el banquillo, sufre un calvario que dura más de cuatro años. En este tiempo ha lidiado con el dolor, llegando a acostumbrarse a su molesta compañía, consciente de que era el peaje que tenía que pagar por seguir jugando.

Recuerda el partido donde todo empezó. «Fue un amistoso ante Chile. Abandoné el campo tras recibir un golpe que provocó una fisura en el hueso», explica en una entrevista en Marca. Desde aquel día, se habituó a jugar con molestias, «saltándole las lágrimas por culpa del dolor», confiesa. Su trayectoria en el Arsenal, donde fue siempre un jugador referencia para su técnico, Arsene Wenger, estuvo jalonada por las desgraciadas lesiones. Se rompió el ligamento externo de la rodilla al tiempo que sus problemas en el tobillo no desaparecían. Las infiltraciones le permitieron volver a jugar y entrar de nuevo en la dinámica de partidos. Fue un espejismo. El alcance de los corticoides no daba para más. «Un médico», revela en la entrevista, «me dijo que si volvía a caminar con mí hijo me podía dar por satisfecho».

El horizonte más cercano que divisa es volver a andar. No es extraño que aceptara ser intervenido en el tendón de la zona plantar del pie derecho. Aquello fue el principio de la agonía. Al quitarle los puntos descubrieron que la herida se abría. Aquella operación la pasó hasta en ocho ocasiones, en busca de una solución definitiva que no llegó hasta el pasado mes de mayo. Fue cuando decidió ponerse en manos del doctor vitoriano Mikel Sánchez. «Vio que tenía una infección tremenda, que me había dañado parte del hueso calcáneo y que me había comido parte (¡ocho centímetros!) del tendón de Aquiles. Debajo de la piel descubren tres bacterias agresivas como las causantes de las infecciones que sufría. Faltó muy poco, revela, para que el daño fuera aún mayor y pudiera perder incluso una pierna.

La intervención fue de órdago. El doctor que le operó le reconstruyó el tendón, enrollando otros sobre él. En el tobillo le implantaron un trozo de piel que le quitaron de su brazo izquierdo. El mismo en el que tenía tatuado el nombre de su hija 'India'. Es curioso ver al lado de una enorme cicatriz que recorre la zona tendinosa un trozo de la inscripción dedicada a su hija, mientras que en el brazo presenta un borrón como si la tinta se hubiera esfumado.

Cazorla se ilusiona con regresar a las canchas. Trabaja cada día en Salamanca para conseguirlo. Hasta allí se desplazó desde julio para ponerse bajo los cuidados de Juan Carlos Herráez, fisioterapeuta de la Selección. «No les daré el placer a los que no quieren que vuelva a jugar. Volveré», tiene escrito en su perfil de Whatapp. Unas letras escritas a fuego en su alma y que suscriben sus amigos de siempre, entre los que se cuentan Villa, Silva o Iniesta, entre otros. Su técnico en Londres, Arsene Wenger, no tiene dudas. «Es fuerte y valiente y, detrás de su sonrisa hay una fuerza impresionante», afirma concluyente.

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