«En los campos se ven actitudes que son inaceptables en otros ámbitos»

Un grupo de colegiados, pertenecientes a la Delegación de Gijón, en la sede del Comité Técnico de Árbitros, el pasado viernes, durante las charlas técnicas. / JORGE PETEIRO

Los árbitros del Principado consideran que los graves episodios vividos las dos últimas semanas han sido «casos aislados»

DANI BUSTO GIJÓN.

Cuando pasan desapercibidos es porque lo han hecho bien. La labor arbitral, ingrata en ocasiones, requiere de una gran vocación. Es imposible ser colegiado de otra manera porque no compensa que, desde la grada, alguien se acuerde de su madre cada fin de semana. Y eso como mal menor, ya que en las últimas semanas se han vivido en Asturias dos graves episodios ya conocidos: una presunta agresión física a un colegiado en Oviedo e insultos racistas y machistas dirigidos al trío arbitral en Colombres..

Pese a estos hechos recientes, desde el Comité Técnico de Árbitros del Principado se asegura que se trata de «casos aislados y puntuales». Eso sí, que «no deben repetirse». Asturias cuenta esta temporada con 414 árbitros de fútbol federados, en su gran mayoría pertenecientes a las Delegaciones de Oviedo (130) y Gijón (124). Son números que poco a poco van en aumento, lo que indica cierto interés por vivir el fútbol desde otra perspectiva, distinta a la habitual. Del mismo modo, cada vez se pueden ver más mujeres árbitro, aunque las cifras todavía están muy lejos de llegar a equipararse, ya que hay 28 mujeres frente a 386 hombres.

Atarse las botas y saltar al terreno de juego con el silbato en mano conlleva un esfuerzo que es invisible la mayoría de las veces y poco valorado por algunos espectadores e incluso jugadores. Previamente, además, se ha realizado un trabajo de preparación tanto técnica como física. Bien lo sabe el colegiado asturiano de Primera División Pablo González Fuertes, quien actúa como profesor en la Escuela de Árbitros del Principado y ve la evolución de los alumnos. «Es evidente que el trabajo del árbitro, desde que comienza en la escuela, requiere un esfuerzo semanal», comenta el gijonés.

«En todas las delegaciones hay clases a las que es obligatorio asistir y son necesarias para reciclarse y tener un plus de conocimientos», añade el colegiado, de 37 años. Además, recuerda que hay «unos treinta árbitros por categoría y existe una competencia feroz para ascender». Dar el salto de categoría requiere todo un proceso de exámenes, informes de partidos y una línea de continuidad.

Colegiados veteranos, como Germán Iglesias Hortal, valoran que tanto la preparación técnica como física ha aumentado bastante en la última década. «Nuestra capacitación mejoró mucho, a la par que el nivel de exigencia que ahora tenemos», señala el gijonés, de 38 años, que arbitra en Tercera División desde 1998.

Bajo estas premisas, el colectivo arbitral reivindica su buen hacer y pide un respeto necesario a todos los niveles, sobre todo en el fútbol base y regional, escenarios en los que los colegiados y sus asistentes pueden verse más desprotegidos. Aunque las agresiones físicas son esporádicas y se han reducido considerablemente respecto a lo que podía suceder en las décadas de los 70 y los 80, todavía queda un largo camino cívico por recorrer.

«No se trata de un problema en el fútbol ni de Asturias. Se trata de la falta de educación de la sociedad en sí», lamenta González Fuertes, al tiempo que asegura que «en los campos de fútbol ves comportamientos de personas que, en la vida cotidiana, parecerían impensables e inaceptables».

El árbitro asistente de Segunda División Víctor Hugo Fernández Suárez también incide en la idea de que para reducir al máximo posible el número de incidentes desagradable se debe partir de una educación desde la base. «Los padres no colaboran demasiado... Piensan que tienen hijos 'estrellas'», afirma el ovetense. «A esas edades deberían ver el fútbol como un disfrute para los niños, pero sucede lo contrario, se ve todo demasiado profesional», añade.

Pelea de padres

Aunque nada 'profesional' fue el comportamiento de algunos padres, que incluso llegaron a las manos en un partido de juveniles. Lo vivió el vegadense Daniel Álvarez Baniela. «Llegaron a entrar al terreno de juego y tuve que suspender el partido cuando faltaban tres minutos para el final, pero esto no es algo frecuente, solo me pasó dos veces en ocho años», recuerda el colegiado, que está adscrito a la Delegación de Occidente y habitualmente se encarga de dirigir tres o cuatro partidos cada fin de semana.

Alejados de los focos mediáticos y de los túneles extensibles de los grandes estadios, son muchos los árbitros que viajan solos a cada rincón de Asturias. Fernández Suárez considera que los árbitros de las categorías regionales «están desamparados» y cree que «se les debería prestar un mayor apoyo por parte del fútbol profesional».

En la misma línea, Iglesias Hortal comenta que en los partidos de categorías inferiores, como cadetes y juveniles, el árbitro «está solo contra el mundo» y recuerda que «no hay fuerzas públicas ni ningún tipo de seguridad privada». Con todo, afirma que «normalmente no pasa nada, pero a veces ocurre».

«Insultos a montones»

El colectivo arbitral lamenta que los insultos se hayan normalizado y se escuchen con frecuencia en un campo de fútbol. De hecho, este parece ser el entorno ideal al que acuden muchos espectadores para desahogarse. «Hay campos que son más tranquilos que otros, pero oímos insultos a montones, algo que en otros contextos no se podría permitir», asegura Daniel Álvarez Baniela. Como es lógico, los árbitros no entran al trapo porque «si respondes a la gente, armas más jaleo».

Los colegiados suelen hacer oídos sordos cuando son increpados, pero en ocasiones se complica mantener el tipo. «En los partidos en los que hubo polémica, después sales un poco decepcionado, como si fueses el culpable de todo, y hay que entender que en estas categorías está una sola persona y nos podemos equivocar», indica Baniela.

Para los que empiezan ahora a dar sus primeros silbatazos, Iglesias Hortal recomienda que «disfruten» de lo que hacen, ya que sin vocación esta tarea se hará muy cuesta arriba. Además, asegura que los incidentes que se puedan presentar en los terrenos de juego «se dan en casos aislados».

Con confianza recoge el testigo el joven Javier Gurpegui, de 17 años, que debutó esta temporada en Primera Regional. El gijonés es primo de Sonia Güevea, la asistente insultada en Colombres. Afirma que de momento él no ha vivido una situación tan «extrema» como la de ella.

Pese a todo, estos incidentes no lo amedrentan. El joven, que comenzó a arbitrar nada más cumplir los 14 años, insiste en disfrutar de cada partido «como si fuese el más importante de todos». Además, destaca la importancia de no ceder terreno ante los comportamientos incívicos que se pudieran producir: «No se debe perder la ilusión por arbitrar si uno se encuentra con este tipo de situaciones, porque si se pierde esa ilusión, es justo lo que los agresores quieren».

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