Sporting - Oviedo, 14 años después

Los eternos rivales se reencuentran esta tarde en un Molinón lleno hasta la bandera para el duelo regional | Los gijoneses buscan afianzar su tendencia y aguantar el liderato ante un conjunto azul que quiere dar la sorpresa

RAMÓN JULIO GARCÍA / JAVIER BARRIO GIJÓN.

Stark y Lannister. El universo medieval 'martiniano' (de George R. R. Martin, padre del fenómeno 'Juego de tronos') empieza a latir con la enemistad que se profesan estas dos grandes casas de Poniente. Una fantasía recurrente -sobre todo con Jaime Lannister luciendo el azul el pasado año- ante un paisaje del presente en el que se reencontrarán dos clubes que presumen de una rivalidad casi centenaria. El derbi en el Norte: Sporting-Oviedo, al que nadie quiere faltar. Ni la lluvia, que amenaza con comparecer puntual. Sin belicismos ni intrigas, con un balón como respuesta a todas las preguntas, la esencia madre de esta adictiva trama se recrea esta tarde en El Molinón tras unos días de pasión que alcanzan su cenit.

Después de un vacío de catorce años, llenado únicamente por el sentimiento febril del sportinguismo y del oviedismo en los 'piques' de calle y, en los últimos años, en el nuevo foro que representan las afiladas redes sociales, el derbi asturiano se despierta de su letargo con el mejor de los aspectos. Con dos clubes que han sobrevivido a sus tiempos más críticos y anuncian, cada uno a su manera, un futuro esperanzador y libre de cargas económicas. El Molinón, en ese sentido, lucirá esta tarde en todo su esplendor, rebosante de aficionados, con mayoría rojiblanca, aunque se esperan más de un millar de representantes de la hinchada azul. No va más en la mesa de apuestas.

Más sobre el derbi

Defiende Paco Herrera que ante un derbi «no hay favoritos». Y la historia puede escupir bastante más de un puñado de ejemplos que atornillan este pensamiento. Recela mucho el Sporting de un rival que estacionará en Gijón con rostro enfermizo, con siete bajas para la cita, pero desconfía todavía más el técnico catalán del embriagador ambiente que se ha generado con el intachable inicio de temporada de su cuadrilla: líder en la Liga, viva en la Copa del Rey. Por contra, a Juan Antonio Anquela, amigo de Herrera, le quita el sueño la solvencia que ha manifestado el Sporting en este inicio de temporada -un «inmaculado» en sus palabras- y la fórmula para anestesiar su pegada. Cada técnico con su tema.

Buscará Herrera, en su condición de anfitrión, desconchar al eterno rival del Sporting en un ambiente desmelenado, sobre todo con sus muchachos, que tendrán el abrigo de casi todo El Molinón, que entrará en erupción con una entrada que amenaza con hacer historia. Se calculan unos 29.000 aficionados. El técnico catalán, de sonrisa fácil y pensamiento extremadamente calculador, no deja nada al azar. Refrescadas las piernas de sus potenciales titulares al paso por la Copa, en Reus, hoy envidará con todo -ha llamado a filas a los 22 jugadores con ficha profesional-, buscando prolongar el estado de gracia del proyecto y repescando para la causa al grupo que magulló el Nástic en Tarragona el fin de semana anterior.

En cualquier caso, con un once en apariencia engrasado, Herrera se guarda la opción de la sorpresa en la víspera. De producirse, no se sabe a qué dirección o línea apuntará, o si afectará al dibujo, abrochándose el equipo con otro traje. Aunque esto último no parece probable. Sí se mantiene una duda razonable en el lateral diestro, donde compiten Lora y Calavera por el derecho a medirse con Saúl Berjón, y puede que en el centro del campo, con la alternativa de buscar encaje a Álex López. Aunque tanto el catalán como el gallego faenaron de lo lindo a lo largo y ancho del partido que se disputó el miércoles en Reus.

No conoce la derrota todavía este Sporting, fiable como un reloj suizo, numantino y poco complaciente en defensa y noqueador como pocos en ataque. Defiende el equipo de Herrera desde su atalaya, en este arranque, el liderato prácticamente de todas las clasificaciones que se pueden dar en este momento. El resto de competidores de Segunda están bajo sus pies; es el más goleador junto al Oviedo y el más fiable en defensa con el Alcorcón. Y, lo más importante, la música que compone este Sporting, diseñado por Torrecilla y Paco Herrera, encandila al sportinguismo, que ha reseteado completamente tras el fiasco de la temporada pasada con los fichajes de estos dos profesionales. Pero un derbi es harina de otro costal, con más miga que corteza.

Al Oviedo le duelen sus múltiples bajas, especialmente las de Hidi y Mariga, potenciales titulares, aunque Anquela no ha dado demasiada coba a esta circunstancia. El semblante que muestra su equipo en la temporada es agradable y prometedor. Salvo por el tropiezo en la primera jornada ante el Rayo, el grupo azul ha enlazado un empate en Almería y una goleada al Reus, con un buen regusto para la hinchada azul, que aprecia un equipo en crecimiento. Aunque en la coyuntura actual estará condicionado por el parte médico, como se pudo ver en la eliminatoria de Copa del Rey frente al Numancia, que se enfrentará al Sporting en la siguiente ronda tras eliminar a los azules.

Encaje de bolillos

El encaje de bolillos que está obligado a hacer Anquela es importante, con Yeboah, Forlín y Owusu, por poner tres ejemplos, lejos de su forma. El defensa argentino, además, posiblemente tenga que incrustarse por delante de la zaga junto a David Rocha, observados ambos por Folch desde el retrovisor. La esencia de su propuesta, en todo caso, será innegociable, con un grupo laborioso, pegajoso en la presión y de transiciones rápidas. Linares y Toché hacen sociedad en el Tartiere, pero Anquela medita recogerse un poco en su visita a El Molinón, sacrificando al delantero maño, enseñando el colmillo en su ofensiva con Saúl Berjón, su futbolista más en forma, y Toché, que se coronó ante el Reus con un doblete.

Pero un partido de máxima rivalidad no respeta los momentos de gracia, ni tampoco entiende los periodos de flaqueza y flojera. Y a nadie se le escapa que la derrota deja resaca y estigma al bando perdedor, por muy buena cosecha que se haya traído a la contienda. Aunque bien merece la pena asumir el riesgo después de catorce largos años de desierto en el derbi en el Norte.

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