El descubridor de talentos

Luis Carriega, en El Molinón, en una sesión de entrenamiento./E. C.
Luis Carriega, en El Molinón, en una sesión de entrenamiento. / E. C.

Carriega, el entrenador del espectacular ascenso del Sporting de 1970 y prototipo del fútbol de ataque, fallece a los 88 años

MANUEL ROSETY GIJÓN.

Luis Cid 'Carriega', uno de los entrenadores más históricos del Sporting, falleció el lunes. De forma repentina, el corazón del 'gallego sabio' se apagó mientras jugaba una partida de cartas, una de sus aficiones, sin que los intentos médicos de urgencia para salvarlo, incluso con la aplicación de un desfibrilador, pudieran hacer nada.

Carriega tuvo un largo recorrido en el fútbol profesional. Una de sus etapas de jugador fue en el Real Oviedo, donde permaneció dos temporadas. La trayectoria como entrenador fue, sin embargo, más destacada. Tras sus inicios en el Cartagena y el Europa, pasó al Langreo, donde descubrió a Nieves, Falito y Doblas, ente otros, y enseñó su estilo ambicioso. No pudo lograr la permanencia por una drástica reestructuración en la categoría, pero el Sporting se fijó en el gallego para cubrir la vacante en el banquillo tras la dimisión de Galarraga.

La directiva de Antonio Roibás inició los contactos con Carriega, con gestiones personales de Miguel Díaz Negrete y José Carlos Alegría, quienes apalabraron su fichaje, comprometido para la etapa que iniciaba Méndez Cuervo en la presidencia.

En el Sporting, la etapa de Carriega fue espectacular, aunque en su primera campaña tardó en encontrar una regularidad. En diciembre de 1968 recurrió a Quini, con 19 años, quien estaba en el Ensidesa, para hacerlo debutar en el Sporting, de lo que el técnico presumía: «Lo considero como mi hijo». A la campaña siguiente, fue el entrenador de un ascenso espectacular, con un fútbol de ataque que ilusionaba a Estadio de El Molinón con 'Tati' Valdés repartiendo juego, Herrero II o Lavandera y Churruca en las alas y Quini como rematador. También hizo debutar a Megido, por quien tenía una especial debilidad. En su etapa, el Sporting volvió a tener internacionales absolutos con la llamada de Kubala a Quini y a Churruca.

Febrero de 2005. El técnico gallego, con su adorado Quini, en la visita gijonesa a Vigo.
Febrero de 2005. El técnico gallego, con su adorado Quini, en la visita gijonesa a Vigo. / M. R.

Una de sus características eran los silbidos para pedir a sus jugadores que no se echaran atrás. En su paso por el Sporting dejó numerosas anécdotas. Una de sus manías era el control sobre la disciplina de sus jugadores, a quienes no permitía ausentarse de Gijón si no eran citados para un viaje. Para ello controlaba el kilometraje de los coches. Cuando los futbolistas lo descubrieron, pusieron una gamuza en la pantalla del cuentakilómetros. Lavandera pudo haber sido el más afectado por la picaresca.

En su segunda temporada en Primera, la 'Tribunona' recriminó a la directiva la marcha del equipo, que no era alarmante. Dos fallos defensivos en un duelo ante el Celta encendieron a la afición. La directiva lo asumió con temor y lo cambió.

Después de su etapa gijonesa, Carriega vivió una dilatada trayectoria en banquillos de clubes de alto nivel, siempre caracterizado por su estilo dinámico y ofensivo, con los 'zaraguayos' del Zaragoza o en el Atlético de Hugo Sánchez, además de haber sido de los pocos que entrenó al Sevilla y al Betis. En todos fue un descubridor de talentos. Era un entrañable hombre de fútbol. En el Sporting dejó huella.

A las cinco de esta tarde, en el iglesia de Santiago de Allariz, se celebrará un funeral. Luego será enterrado en el panteón familiar en el cementerio de la localidad orensana.

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