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Fiestón de madrugada en Chamartín

Fiestón de madrugada en Chamartín

El Madrid vuelve a aplastar al Barça con golazos de Asensio y Benzema y se lleva una Supercopa que reafirma su dominio

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

El Real Madrid de Zidane es, ahora mismo sin duda alguna, el mejor club del mundo. No es cosa de títulos, acumula en unos meses todos los torneos posibles menos la Copa del Rey, sino porque supera con una facilidad desconocida e inaudita al Barcelona, el último que osó robarle la ‘orejona’ con un tridente que ya no existe desde el adiós de Neymar. Completó un primer tiempo soberbio, de juego alegre y constante disfrute con la pelota ante unos azulgrana que sufrían persiguiendo la bola. Parece que este equipo blanco tiene tanto futuro por delante que su actuación pareció devaluar el precio de la plantilla de su máximo rival, triste e inmerso en una guerra interna que afecta a plantilla y directa. El Bernabéu disfrutó con el baño nocturno y se acostó tarde, bien entrada la madrugada con la adrenalina por las nubes y la sonrisa en la cara.

susta este Real Madrid. Es un bloque compacto, fuerte y con confianza ante otro en formación y con muchas dudas. Las conclusiones pueden ser precipitadas a estas alturas. Sí, estamos en agosto y es complicado olvidarlo cuando el trofeo se entrega a la una de la mañana. Es cierto que es verano y parte de la población está de vacaciones, pero un ‘clásico’ a las once de la noche... no parece muy serio. La hora no molestó a Zidane, que no podía optar de inicio por la BBC, a la que sólo ha usado junta en 25 de los partidos que ha estado en el cargo, y pensó que era buen momento para mezclar a Asensio con Benzema. Concedió descanso a Bale... pero también a Casemiro e Isco, enchufado en los últimos encuentros.

No le pudo salir mejor, ya que marcaron dos golazos en un primer acto en el que Valverde apostó por un 3-5-2 que le estalló en la cara desde que Asensio soltó un zurdazo de los suyos, una descomunal ‘folha seca’ que dejó petrificado a Ter Stegen. El gol mereció los pañuelos que segundos después asomaron con timidez para protestar un supuesto complot arbitral. El balear golpea a la pelota como Recoba, pero es mucho más que un pie izquierdo como el charrúa.

La directiva azulgrana debería lamentarse de haber dejado escapar a Marco Asensio

Sorprende el joven internacional por su atrevimiento permanente y seguro que el aficionado culé volvió a cuestionar el por qué de su no fichaje, cuando Nadal lo recomendó. Pudo ser del Barça por cuatro millones de euros en cash que salvaran la economía del Mallorca, algo que finalmente decidió no ejecutar en lo que ahora se intuye como error para la historia.

Fallido plan de Valverde

Se abrió el partido, tuvo tres llegadas el Barça pero se expuso tanto que el Madrid empezó a marearle por unas bandas donde no había las coberturas necesarias. Messi, que desperdició la más clara al querer driblar a Keylor, bajaba porque Busquets no achicaba y Andre Gomes era incapaz de generar juego junto a Rakitic. Más de uno recordó que Paulinho llega a un club que prescindió en este lustro de Thiago o Cesc. El Madrid era dueño de la bola con unos eléctricos Modric y Kroos que contaban con la ayuda de Kovacic, llegaba sin sufrimiento y terminaba las jugadas. Marcelo malgastó la sentencia y Lucas tuvo el 2-0 pero el palo frenó su golpeo con la zurda, su pierna menos natural. El segundo llegó en una acción colectiva soberbia, finalizada por Benzema con un sombrero y volea mágica en el área de un equipo con tres centrales. El francés, más delgado que nunca, incluso rozó el 3-0 pero le frenó Ter Stegen.

Supercopa

Tras el descanso la final pasó a disputarse ya en jueves, pero el cambio de día no modificó el guión del miércoles. La diferencia entre ambos ahora es abismal, complicada de cambiar sin nuevos nombres pensará un Valverde que volvió a defensa de cuatro. Lo hizo por obligación cuando quitó a un renqueante Piqué, que se fue entre gritos de ‘Se queda’ a modo sorna’, por Semedo. Messi, el único azulgrana a la altura, tuvo un ramalazo de orgullo. Se estrelló con el palo en un slalom, algo que también hizo Luis Suárez en un cabezazo con Keylor fuera de la meta, y luego se picó por un vacile de Ramos.

El Barça se quedó sin marcar 24 clásicos después

Valverde metió a Deulofeu y a Digne, lo que a Zidane quizá le sonó a probatura pensando en el futuro. Miró a su banquillo y pensó que era un buen momento para hacer debutar a dos de sus nuevos jóvenes como Theo y Ceballos. Con ellos logró contener el caudal ofensivo de un Barça que llevaba 24 clásicos consecutivos marcando (desde que perdió la final de Copa de 2011 en plena batalla Guardiola-Mourinho) y terminó aún más deprimido por la lesión de Luis Suárez. Ni una buena noticia en plena fiesta madridista.

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