Fase de grupos | Jornada 4

Del «Que viva España» a los «olés» ingleses

Aficionados del Real Madrid antes del partido. /EFE
Aficionados del Real Madrid antes del partido. / EFE

Wembley disfrutó con la victoria del Tottenham, que inflinge la primera derrota en fase de grupos al Real Madrid desde 2012

MANUEL SÁNCHEZ Londres

El equipo de Zidane, irreconocible de principio a fin, cayó con estrépito en Londres y agrava su crisis de juego e identidad. Esto ya no es un resbalón. Por Wembley no apareció ni Cristiano, ni Benzema, ni Sergio Ramos, ni Marcelo, ni Modric o Kroos. Solo los destellos intermitentes de Isco no fueron suficientes para salvar a un Madrid que se hundió en Wembley y cayó ante el impecable Tottenham de Pochettino. La primera derrota de los blancos en una fase de grupos desde 2012.

Lo tuvieron claro los londinenses. Este Madrid está falto de ideas, por lo que le regaló la pelota, el campo, la pelota y la posesión. Le puso la mesa, los platos y los cubiertos para que se entretuviera mientras ellos cocinaban la victoria. Y eso que el equipo blanco salió voluntarioso y lo intentó primero con un disparo de Isco a las manos de Lloris y luego con un cabezazo de Ramos a por encima del larguero. Ahí se acabó el peligro del Madrid, con los 10 de campo metidos en la parcela del Tottenham, Modric y Kroos eran incapaces de conectar con los de arriba, y sus pérdidas de balón superaron con creces sus aciertos.

Sin un centro del campo capaz de crear juego y una delantera desconectada, ni siquiera el contratiempo de la lesión de Alderweireld, que se rompió en una carrera con Casemiro, sirvió para espolear al Madrid. Un pase cruzado a Trippier, que estaba en fuera de juego, sirvió para que este centrara de primeras y Alli, adelantándose a Nacho, marcase tirándose al suelo. El gol sí despertó a los de Zidane, que comenzaron a achuchar al Tottenham y vivieron sus mejores minutos del encuentro. Benzema comenzó a recibir en la posición de ‘10’ y a crear peligro. Cristiano apareció por primera vez en el minuto 32 para lanzar tres bicicletas, un recorte y un disparo al lateral de la red. Fue el último en aparecer y el primero en abandonar el campo al final. Los buenos minutos del Madrid acabaron con los españoles desplazados a Londres cantando el ‘Que viva España’. Un cántico que minutos después cambiaría por los “olés” de los ingleses.

Locura en el estadio

El partido que antaño se remontaría, esta vez se vino completamente abajo. El Tottenham, con resultado a favor, jugó más cómodo aún, y se aprovechó de los errores blancos para sentenciar. Primero, con un malentendido en la defensa que aprovechó Alli para demostrar porqué es uno de los mejores jóvenes del mundo. Dejó a dos tirados y su disparo con pierna derecha para que la bola tocase en Ramos y se colase mansamente en la portería de Casilla. Era el minuto 61, y solo tres más tarde, llegaría la sentencia. Balón en carrera para Kane, que la internó para Christian Eriksen. El ex del Ajax encaró a Casilla como si de un delantero se tratase y la cruzó para acabar de destrozar al Madrid.

Con las casi 90.000 almas en Wembley desatadas, y el Madrid noqueado, los de Zidane se fueron arriba, más por costumbre que por convicción o juego. Esta vez la pegada blanca sí apareció, pero ya demasiado tarde y con el Tottenham imbatible. Cristiano aprovechó una dejada de cara de Benzema para batir la meta de Lloris y aumentar su cuenta goleadora en Copa de Europa hasta los 112 goles (esta edición lleva 6). A partir de ahí, pudo matar el Tottenham a la contra, y pudo recortar el Madrid, pero el fútbol fue justo. Fue un triunfo abultado y merecido a los de Pochettino que pone en entredicho la temporada y la tranquilidad de Zidane.

Además, el Madrid se complica su pase como primero de grupo a octavos de final. Le queda visitar Nicosia y jugar con el Dortmund en casa y ahora mismo es segundo de grupo, con 7 puntos, a tres del Tottenham, que ya está clasificado para la siguiente ronda. Del «Que Viva España» se pasó a los «olés» ingleses. Mucho tendrá que cambiar la actitud en la casa blanca para revertir está situación. Si a Zidane le gustan los retos, está ante uno mayúsculo.

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