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Jornada 34

Y 24 horas después, el Metropolitano se quedó seco

Fernando Torres, encimado por dos futbolistas del Betis. /Juan Medina (Reuters)
Fernando Torres, encimado por dos futbolistas del Betis. / Juan Medina (Reuters)

Tras la borrachera ofensiva de la final de la Copa del Rey, Atlético y Betis se reparten los puntos en un choque vibrante al que sólo le faltó la guinda del gol

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Veinticuatro horas después de ser testigo de una borrachera de goles en la final de la Copa del Rey, el Wanda Metropolitano sirvió como escenario de un empate a nada entre Atlético y Betis tras un vibrante choque al que sólo le faltaron los tantos para redondear una noche de fútbol notable. Reparto de puntos entre rojiblancos y verdiblancos, que cumplimentaron una jornada más en esta recta final de Liga que, con casi toda seguridad, enviará a ambos a Europa: a la Champions a los capitalinos y a la Liga Europa a los andaluces, que volvieron a ofrecer un ejercicio de madurez y finura con el balón ante un cuadro sostenido de nuevo por la inconmensurable figura de Jan Oblak pero que también tuvo la victoria en las botas de Saúl con un formidable latigazo que besó el travesaño.

Valiente propuesta la de Quique Setién en un feudo tan farragoso para cualquier adversario, aunque hace tiempo que este equipo que huele Europa ha demostrado que no se arredra en ningún escenario. Sobó el cuero el Betis en un inicio poderoso del conjunto verdiblanco. Controlar la bola es un mandato irrenunciable desde la llegada del técnico cántabro al banquillo. Conjuga el preparador el gusto por el toque con la verticalidad y rapidez de unos futbolistas que se lanzan en desbandada en busca de la meta rival en cuanto hallan un resquicio. Los encontraba sobre todo Boudebouz, muy libre para comandar las transiciones en la medular. Suyo fue el primer acercamiento con mordiente, con un disparo que repelió Giménez.

Percutía especialmente por el costado derecho el Betis, descargando sobre el francés de ascendencia argelina la responsabilidad de desbordar a Saúl y Lucas, cuyo regreso al once supuso con todo un alivio para el Atlético, que le echó mucho de menos en la derrota ante la Real Sociedad, donde Vrsaljko tuvo que jugar a pierna cambiada. Tras una fría puesta en escena, fue armándose el Atlético con una intensa presión que derivó en un pulso sin cadenas en el que se multiplicaban los espacios a la contra en un permanente ida y vuelta. Enorme ritmo que puso a prueba las piernas de los 22 futbolistas sobre el césped, muy castigadas ya en este tramo final de temporada. Veinte minutos iniciales sin resuello en los que sólo muy de vez en cuando aportaron algo de temple ambas escuadras para oxigenar unos pulmones al límite.

0 Atlético de Madrid

Oblak, Juanfran (Vrsaljko, min. 65), Savic, Giménez, Lucas, Thomas, Gabi, Saúl, Vitolo (Koke, min. 62), Correa (Griezmann, min. 62) y Fernando Torres.

0 Betis

Dani Giménez (Pedro López, min. 38), Barragán, Mandi, Bartra, Amat, Junior, Javi García, Fabián, Boudebouz (Joaquín, min. 64), Tello (Campbell, min. 81) y Loren.

Árbitro:
Martínez Munuera (Comité Valenciano). Mostró amarilla a Fabián, Junior, Bartra, Giménez, Gabi, Campbell y Amat.
Incidencias:
Partido correspondiente a la 34ª jornada de Liga disputado en el Wanda Metropolitano ante 54.594 espectadores.

Llegaba el Betis por lucidez y persistencia, pero también el Atlético por talento, garra y coraje. Tuvo Fernando Torres la mejor del cuadro rojiblanco tras marcharse de Bartra y superar a Dani Giménez levantando el esférico, pero Mandi salvó bajo palos cuando la parroquia local ya cantaba el gol. Apenas 24 horas antes, Iniesta había puesto a sus pies al Wanda Metropolitano, demostrando que los viejos rockeros nunca mueren. El punta de Fuenlabrada, otro ilustre veterano ya con fecha de caducidad, parecía dispuesto a emular al mago de Fuentealbilla en el mismo escenario.

Para entonces el ritmo ya había decaído y lo hizo aún más cuando Dani Giménez se echó al suelo tras sufrir un tirón muscular en un despeje. El vigués, recambio de Adán desde que el madrileño tuvo que pasar por el quirófano para subsanar sus problemas en el pubis, trató de seguir pero acabó teniendo que rendirse a la evidencia y dar la alternativa a Pedro López, que venía de jugar el día anterior con el Betis B en la derrota por 1-2 ante el Cartagena y cuyo bagaje en Primera se limitaba a los diez minutos que disputó en la campaña 13-14 en un Betis-Valladolid. Prueba de fuego para el emeritense en un escenario de relumbrón y a 105 metros de Oblak. Ha echado el candado el esloveno en el feudo rojiblanco, donde no ha encajado ni un tanto en sus diez últimos partidos. Pudo romperle la racha Boudebouz con un remate seco que atajó con la sobriedad que caracteriza al pétreo arquero, aunque la más clara la tuvo Javi García con un disparo que impactó en el lateral de la red.

Pesa el Arsenal

Se marchó descontento Simeone con lo visto en el primer tiempo. El argentino, que había dejado en el banquillo a piezas clave como Godín o Griezmann en un claro indicativo de que el foco está puesto en la cita de la próxima semana ante el Arsenal en semifinales de la Liga Europa, ordenó elevar las líneas para tratar de cortocircuitar el inicio de la circulación de la pelota por parte del Betis. Encimaban con brío por fin los rojiblancos, que pudieron obtener recompensa a su vigorizante regreso de vestuarios en un remate de Vitolo que el canario no acertó a precisar. Respondió con madurez el Betis, demostrando que pese a su juventud, las prometedoras joyas que ha encontrado en la cantera Quique Setién están adquiriendo tablas a ritmo vertiginoso.

Incapaces de desnivelar el marcador, optaron ambos preparadores por introducir más pólvora. Acudió Simeone a Griezmann en sustitución de un Correa que puso más ganas que juego, solidificando además la medular con la incorporación de Koke por Vitolo, que no pudo aprovechar la presencia de Julen Lopetegui para cargarse de argumentos en pos del billete mundialista. Recurrió Quique Setién a Joaquín por un brillante pero ya cansado Boudebouz. Pero fue Saúl el que dejó temblando el travesaño con un latigazo marca de la casa. Un destello de calidad podía inclinar la balanza de cualquier lado pero el duelo acabó muriendo con una pequeña trifulca y un rosario de tarjetas.

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