Messi lidera el tercer triunfo consecutivo en el Bernabéu

El Barça vuelve a atropellar al Madrid en su estadio aunque con una novedad: fue al mediodía y con canciones navideñas

R. ERRASTIIGNACIO TYLKO MADRID. MADRID.

El primer clásico a las 13 horas, al margen de que el resultado pone la Liga imposible para el Madrid, dejó muchas situaciones extrañas para un duelo que se supone vieron millones de chinos delante de la televisión. El duelo siguió el guión habitual desde que Leo Messi está en la Liga, con otra victoria azulgrana en La Castellana, si bien arrancó con la sensación de que ninguno deseaba descolocarse porque el empate no era malo. Eso debe pensar a esta hora el Real Madrid, que volvió a caer por tercera campaña consecutiva en su estadio frente al eterno rival.

Desde dos horas antes había mucho revuelo por el Bernabéu, plagado de turistas. Los valientes que buscaron en la reventa. Los que accedieron al estadio fueron recibidos en siete idiomas por los videomarcadores: chino, ruso, inglés, portugués, alemán, francés y castellano. La megafonía atronó desde 90 minutos antes con temas navideños. La espera fue edulcorada. A las 12:16 saltó André Ter Stegen y se llevó una pitada de las gordas mientras calentaba en el único área con sol hasta ese momento.

Saltó el Madrid mientras sonaba 'Jingle Bells' antes de una versión techno de 'Last Christmas'. Media hora antes del inicio el sonido mutó al tomar protagonismo los patrocinadores del club, justo antes de que compareciese el Barcelona en el césped a las 12:35 mientras los presentes charlaban sobre la decisión de Zidane de colocar a Kovavic en lugar de Isco, el 'vencedor' tras el 0-3. ¿Marcaje al hombre a Messi? No, siguió a Busquets y además completó una primera mitad con pleno de acierto en los pases (24) aunque su repliegue defensivo en el 0-1 afeó su actuación.

El Barça optó por un duelo de bajas revoluciones y más viendo la presión alta del Madrid. Se aceleró solo al ritmo de Messi, que aún caminando fue capaz de generar la primera ocasión de Paulinho con un pase a la espalda de los centrales y otro al revolverse en la banda. El brasileño adelanta la presión, ocupa campo, aporta llegada... Con la pelota es verdad que sufre, pero solo por blindar a Busquets ya es importante para Valverde.

Se lamentarán los blancos en la cena de Nochebuena que su equipo marró sus opciones, ya que Ter Stegen dejó una parada para el recuerdo usando el pie a un zurdazo de Cristiano. Además, Benzema, que llegó a desesperar a su afición al punto de irse silbado otra vez, sigue gafado de cara a gol.

El Madrid perdió la iniciativa, el balón y la chispa en la segunda parte y se fue frustrando, siendo Ramos fue el mejor ejemplo de ello. El capitán, desesperado, golpeó a Luis Suárez en una acción que debió costarle la roja.

Zidane fue superado por un Valverde que con trabajo silencioso, paciencia y eficacia ha cambiado un equipo que parecía a la deriva este verano sin Neymar y ahora reina en la Liga.

Al Barça le venía de perlas un empate en el Bernabéu, pero ganó en cuanto se lo propuso y dio un golpe seguramente definitivo a la Liga porque, hoy por hoy, es infinitamente mejor que un Real Madrid sin juego, sin físico, sin fe y sin una buena dirección desde el banquillo, por más que Zidane haya ganado ocho títulos de diez desde que accedió al cargo. Quedan nada menos que 21 jornadas por delante, pero 14 puntos de ventaja -aunque los blancos aún tienen pendiente el miniderbi de Butarque aplazado por el Mundialito- se antojan una diferencia insalvable. Casi tanta como los nueve de ventaja de los culés sobre el Atlético.

Fiel a su estilo y valiente al advertir que sus rivales flojeaban tras el descanso, Valverde se doctoró en un escenario donde ya ganó con el Athletic al Madrid del cuadrado mágico de Luxemburgo. Ordenó a sus hombres dar un paso adelante en el momento justo, definitivo para descoser a un rival desequlibrado en todos los aspectos.

Luis Suárez acertó en un contragolpe de manual y remató la faena Messi después de un penalti por mano de Carvajal, expulsado. A partir de ahí, el Barça no hizo sangre y al Madrid no le valieron el orgullo y amor propio, valores eternos del club más laureado del mundo. Un equipo que sin acabar la primera vuelta ya ha perdido 10 puntos en su feudo no puede aspirar a ganar la Liga. Pésimo final de un año histórico con ese repóker de títulos.

El clásico más navideño y en sesión infantil castigó el planteamiento de Zidane. Recordó que en la Supercopa Kovacic anuló a Messi, apostó por el croata y ninguneó a Isco. El malagueño ha sido titular en 12 de los 17 choques ligueros y sustituido en ocho. Sintomático. Y eso que el galés Gareth Bale se ha pasado gran parte del curso lesionado. Zinedine Zidane, no obstante, ya dejó intuir en la previa que haría algún cambio en función del rival al afirmar que «contra el Barça siempre hay que pensar más». La teoría, y con frecuencia también la práctica, concluyen que preocuparse más del enemigo que de tu poderío es comenzar a perder el partido. Y más si te juegas la posibilidad de reengancharte a la Liga.

Valverde, con menos donde elegir, no modificó apenas sobre lo previsto. Mantuvo a Sergi Roberto en el lateral derecho, a pesar de que el portugués Semedo rindió bien en el inicio de campaña, y antepuso el buen momento del belga Vermaelen al oficio de Mascherano, ya más fuera que dentro del club. Insistió además en Paulinho para apuntalar el centro del campo. Músculo, llegada desde la segunda línea y experiencia del brasileño, aunque no en los clásicos.

Dominio blanco

Más dominante en el arranque que el Barça, aunque sin perder nunca de vista el repliegue, el Madrid ya dispuso antes de dos ocasiones, además de un gol anulado a CR7 por claro fuera de juego. Ambas las protagonizó Cristiano, lejos de su mejor versión pese a su Balón de Oro y 'The Best' recientes, pero siempre una amenaza. En la primera le pegó una patada al aire tras un pase rasito, excelente, de Kroos y después sólo un pie milagroso de Ter Stegen evitó que su zurdazo fuera gol.

El Barça estaba encantado con el empate sin goles y un partido muy cerrado. Mientras el Madrid no fuera más incisivo, vivía feliz y esperaba a su momento. Eso sí, muy molestos sus defensas y portero con el sol de cara en ese primer tiempo. Messi intervino solo dos veces antes del descanso, pero casi fueron ya dos goles. Dos pases prodigiosos a Paulinho y dos grandes intervenciones de Keylor, una al desviar un toque sutil con la derecha y otra al parar junto al palo el testarazo del brasileño.

En contra de lo que determinaba la clasificación, el Barça salió mucho mejor que su archirrival en la segunda mitad. E hizo trizas pronto el plan de Zidane, con un golt tras un contragolpe de libro que inició Busquets tras un movimiento extraordinario ante Kroos, que sólo le siguió con la mirada. A partir de ahí, internada de Rakitic, apertura de Sergi Roberto, asistencia del canterano y gol de Suárez.

El Madrid estaba ya fuera del partido, y de la Liga. Más aún tras la mano de Carvajal para salvar un gol de Piqué que le costó la expulsión al defensa y el segundo, obra de Messi de penalti. Pitada monumental a Zidane al retirar ya con 0-2 a Benzema y meter a Nacho. Ya entre los olés de la hinchada culé, Zizou introdujo a Asensio y Bale. Ni un minuto para Isco. Y menos mal para el campeón que el Barça contemporizó porque la goleada pudo ser de escándalo. Enorme acelerón de un Barça 'triunfant'.

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