Sporting - Oviedo | Un esperado derbi que fue una fiesta

Los rojiblancos, arrolladores en la primera mitad, se adelantaron con un gol de Carmona, pero Toché igualó en el tramo final del encuentro | El equipo de Herrera cedió terreno tras el descanso y el de Anquela creció con la fórmula directa hacia Toché

Javier Barrio
JAVIER BARRIOGijón

En un derbi volcánico, que supuraba por los ratos de lluvia, el Sporting y el Oviedo se repartieron los tiempos y los puntos de una contienda viril, embalada por momentos y acalorada en el campo y en la grada. El Sporting arrancó arrollador, manifestando más fútbol, pero se gripó de manera misteriosa en la segunda mitad, sobre todo en su tramo final. Fue cuando cedió terreno, abundaron sus pérdidas de balón y reculó ante los pelotazos que silbaban a Toché. La trama resultó creciente para los visitantes. El Oviedo se acható en el primer acto y pudo pagarlo con una cornada de varias trayectorias, pero terminó igualando con la fórmula directa que mejor le va y abrazando un punto con un remache final del espigado delantero. Sabroso para los azules el empate, que festejaron como un valioso botín, pero rácano y amargo para los rojiblancos, que se vieron superiores y desconectaron.

1 Sporting

Mariño, Lora, Álex Pérez, Barba, Canella, Sergio, Moi, Carmona, Rubén Bergantiños. M, 14), Santos (Álex López. M, 86) y Stefan (Carlos Castro. M, 77).

1 Oviedo

Juan Carlos, Cotugno, Carlos Owusu. M, 83), Verdés, Christian (Linares. M, 65), Yeboah (A. Níguez. M, 56), Folch, Rocha, Mossa, Saúl y Toché.

Goles:
1-0: M, 13. Carmona. 1-1: M, 85. Toché.
Árbitro:
Guillermo Cuadra Fernández. Amonestó a Rubén García, Lora. En el Oviedo vieron amarilla Cotugno, Yeboah, Verdés, Christian Fernández.
Incidencias:
partido disputado en El Molinón ante 27.506 espectadores.

El derbi en el Norte no coronó rey ni al Sporting, ni al Oviedo. Se quedó a medias. Pero fue todo lo que se intuía en un duelo de máxima rivalidad. Tuvo ratos generosos de fútbol y de brega, y mantuvo acelerado el pulso de El Molinón, que terminó totalmente descamisado. Solo hubo una tregua. La que brindó la gaita con el himno de Asturias. Todo el estadio respetó el momento y participó en la liturgia. Porque el partido, diluvial en su primera fase, nació y creció pasado de revoluciones. Cada disputa fue una descarga de alto voltaje y un quebradero de cabeza para Cuadra Fernández, que prefirió hacerse a un lado y dejar fluir el espectáculo febril que se le presentaba.

Más derbi

El Sporting, huérfano de novedades y que perdió el liderato y la imbatibilidad, salió de la caseta en una furiosa estampida, pero sin perder de vista la alargada estampa de Toché en el retrovisor. Uno de los temidos ‘descolgados’ a los que hacía alusión Herrera. A los cinco minutos ya habían botado los locales tres saques de esquina; uno, un misil directo de Carmona que sacó apurado Juan Carlos. Renovado con el debutante Yeboah y Mossa, el Oviedo enseñaría tímidamente los dientes en una intentona de Toché tras un control fallido de Álex Pérez, pero el delantero tampoco fue capaz de anestesiar la pelota.

Pasada esta incipiente locura, el partido se relajó. Muy poca cosa. Porque en la siguiente escaramuza del Sporting llegó el gol. El Molinón entró en combustión. Nació en una pícara interpretación de Carmona de un golpe franco. Superó la barrera y Juan Carlos tuvo que sofocar como pudo el disparo, afilado con el verde empapado. Rubén García puso el balón de nuevo al área y Carmona embocó con un bonito cabezazo.

Una digestión pesada

La digestión que hizo el Oviedo del tanto fue pesada. Anduvo sonado durante varios minutos por el césped, con varias fugas de agua para taponar que se multiplicaban ante la desesperación de Anquela. Y el Sporting confirmó en este tramo que puede llegar a alcanzar registros muy altos de fútbol, zarandeando a los ovetenses, que ofrecieron una respuesta limitada y siempre por autopista directa, sin peajes. Rubén García volvió a amagar con el mazo en una colada individual, con una finura que se tragó Christian, incapaz de agarrarse al resbaladizo firme. Pero su disparo lo escupió el meta azul, saturado de tajo.

Sobrepasada la media hora, al Oviedo le pasó la tiritona, se aflojó el corsé y se estiró un poco. Envidaba con muchos futbolistas el equipo de Anquela en sus rápidos contragolpes, lo que por otra parte comportaba una empresa arriesgada. Pero sí, comenzaba a olisquear las oportunidades. Mariño bajó al suelo para desviar un remate cruzado, peligroso, de Toché. Y Saúl Berjón se sumó a la réplica con un disparo que se estrelló con un frondoso bosque rojiblanco. Suspiró El Molinón. Maldijo la hinchada azul, que se vio festejando antes de tiempo. El primer acto finalizó con un amago de tangana, nacido de un encontronazo entre Mariño y Verdés, que, con una amarilla, flirteó con la expulsión. Hubo algún empujón y zarandeo en el túnel de vestuarios.

Quizá por eso la continuación fue menos picante en su gestación, con los rojiblancos legañosos. Se entonó el Oviedo tras el receso, más acertado en la construcción de su ofensiva, pero sin terminar de desmelenarse en el ataque. Aunque ya paladeó el empate en un bonito cabezazo de Carlos Hernández al que respondió, felino, Mariño. En un parpadeo, no obstante, el balón llegó al otro área y Santos, crecido, acarició el segundo con un parabólico disparo, aunque la cuadrilla de Herrera comenzaba a bajar sus prestaciones.

Olió la sangre desde el banquillo Anquela. Vio la oportunidad y sacudió el árbol en busca de un mejor enfoque del asunto. Retiró primero a Yeboah, fatigado, y más tarde puso otra marcha a su ofensiva con la entrada de Linares, situado de camino hacia la torre Toché, que ya daba las luces largas. El partido se aceleró de nuevo y la velocidad de Santos amenazó el aire que dejaba el Oviedo a su espalda, aunque a los azules, con desventaja en el marcador, no les quedaba otra que asumir el riesgo. Y dieron más palique al balón que nunca. Pese a que manifestó más fútbol, la tendencia del Sporting fue inversa, terminando parapetado en su campo.

No le gustó demasiado ese escenario de sometimiento a Herrera, que cambió varias piezas en el tablero. Metió en el guiso a Bergantiños, retirando a Rubén García, y ventiló la zona de vanguardia con Castro por Stefan. El técnico catalán completó con Álex López, buscando garantizarse más balón y menos descontrol. Para entonces ya se había cedido mucho terreno, sin que los cambios embellecieran el panorama. El Oviedo metió a base de pelotazos al Sporting, achantado, en la cueva de Mariño. En esas, un balón salpicado al área local favoreció la carrera de Cotugno. El lateral pateó con todo y, tras el desvío del portero del Sporting, Toché cantó bingo. A partir de ahí hubo más miedo que ocasiones y más hueso que solomillo. El balón apenas corrió. El primer derbi en catorce años se marchitó entre nervios, con un empate que encajó desagradable en el sportinguismo, pero que fue festejado con euforia por los azules.

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