Un reencuentro de alta tensión

Agentes de intervención cargan contra algunos grupos de aficionados locales, que bloquearon el paso del vehículo oficial del Sporting. / JOAQUÍN PAÑEDA

El botellazo al autocar azul y una carga policial marcaron la previa del partido

IVÁN ÁLVAREZVÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN / OVIEDO.

La fiesta del fútbol asturiano no pudo desarrollarse de forma inmaculada. Ni siquiera el despliegue policial, sin precedentes en un derbi, pudo garantizar la total convivencia pacífica, alterada con la llegada de los autocares al estadio.

Como estaba planificado, la caravana de seguidores oviedistas partió desde el Carlos Tartiere rumbo a Gijón con las 1.200 enviadas por el club gijonés mientras los aledaños de El Molinón comenzaban a poblarse de aficionados rojiblancos. Muchos fijaban su mirada en las pantallas de televisión de los bares cercanos, para mitigar la impaciencia hasta que el balón echase a rodar y ver la etapa de La Vuelta, el otro polo del deporte en Asturias ayer.

Entre cánticos de aliento a su equipo, entremezclados con letras de mofa hacia el conjunto carbayón, comenzaban a arremolinarse en torno al garaje del estadio los aficionados sportinguistas, señal inequívoca de que se acercaba la llegada de ambos equipos. Fue entonces cuando se enturbió el ambiente.

Antes llegaron los aficionados oviedistas, dirigidos a una zona delimitada en las horas previas cerca de la puerta elegida para el acceso al municipal gijonés. En orden y custodiados por las fuerzas policiales, fueron desfilando por las escaleras de los autocares los hinchas del conjunto carbayón mientras se producía un cruce de insultos con algunos seguidores del conjunto anfitrión. Intercambios de improperios enmarcados en un clima de hostilidad que aumentó su nivel cuando se acercó a la orilla del Piles la plantilla dirigida por Anquela.

Pasaban apenas unos minutos de las cuatro de la tarde cuando llegó la expedición de la plantilla azul, repartida en dos autocares y recibida con una pitada ensordecedora. En un gesto bochornoso, una botella lanzada desde el interior de la marabunta de aficionados impactó contra la luna delantera del vehículo.

Los incidentes no se frenaron ahí y volvieron a producirse en medio de la euforia por la llegada de los jugadores de Paco Herrera. Nueve minutos para recorrer los últimos 200 metros empleó el autocar del equipo local, rápidamente cercado por una marea de aficionados y numerosas bengalas que fueron el preludio de una carga policial contra los seguidores más radicales del Sporting. Pasada la tempestad de la refriega, a falta de una hora para el inicio del partido, se abrió el paso por la zona Norte, que había permanecido cerrado hasta la entrada de la afición del Oviedo, retenida tras el pitido final en el estadio como marcaba el protocolo de seguridad del partido, con más tensión de la deseada en el reencuentro entre aficiones más de catorce años después.

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