Fútbol

Un secuestro que tuvo en vilo a España

Quini, con cazadora clara, en los momentos posteriores a su liberación el 25 de marzo de 1981. /
Quini, con cazadora clara, en los momentos posteriores a su liberación el 25 de marzo de 1981.

Quini estuvo encerrado en un zulo casi un mes. Décadas después, el mítico futbolista aseguraba no recordar nada del horroroso episodio

COLPISA

Enrique Castro ‘Quini’ tuvo en vilo a la sociedad española en 1981. El 1 de marzo, con el país todavía muy afectado por el intento de golpe de Estado del 23-F, el mítico jugador fue secuestrado. Venía de jugar un encuentro con el Barcelona ante el Hércules en el Camp Nou. Cuando se disponía a ir al aeropuerto a recoger a su esposa, tres individuos lo abordaron y le hicieron subir a su coche a punta de pistola. Poco después abandonaron el vehículo y lo metieron en una furgoneta para llevarlo a Zaragoza, donde pasó 25 días cautivo. El episodio tuvo un desenlace feliz. El 25 de marzo, sus captores fueron detenidos y el futbolista, uno de los máximos referentes de aquella época, pudo ser rescatado sano y salvo. Tres décadas y media después, el astro afirmaba que no recordaba aquel horrendo episodio que le tocó vivir.

«Es como si aquellos días se hubiesen borrado de mi memoria, así que prefiero no hablar de ello», señalaba Quini hace un par de años, cuando contaba 66 y habían transcurrido 35 de aquel convulso mes. No era el futbolista un hombre rencoroso y ya durante el juicio posterior a su secuestro renunció a exigir indemnización alguna a sus raptores. «Aquello lo tengo completamente olvidado», aseguraba sin titubear. «Si no fuera por las llamadas que me hacéis desde los medios de comunicación, ni siquiera me acordaría», decía el por entonces responsable de Relaciones Institucionales del Sporting.

Los medios, en efecto, volvieron una y otra vez a ese episodio que se desencadenó un domingo por la tarde. El Barça, que se conducía con paso firme, le había hecho seis goles al Hércules, la mitad de ellos con la firma de Quini. Josep Lluis Núñez, presidente del club azulgrana en aquella época, le había reclutado la temporada anterior por 80 millones de pesetas. Acierto pleno. Con el triplete a sus espaldas, el gijonés regresaba a su casa, en la Gran Vía de Carles III, un inmueble en el que tenía de vecino a su amigo y compañero de plantilla José Ramón Alexanko. Vio un rato el programa ‘Estudio Estadio’ antes de dirigirse al aeropuerto a buscar a su mujer Mari Nieves, que había pasado unos días con su familia en Gijón en compañía de los dos hijos del matrimonio.

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En el momento en que Quini se disponía a abrir su coche, un Ford Granada, unos desconocidos le encañonaron y le obligaron a sentarse en la parte trasera. Condujeron hasta el mercado de Les Corts, le pusieron una capucha y le metieron en una caja en una furgoneta DKW. En ese vehículo le trasladaron hasta Zaragoza, donde le recluyeron en un zulo de madera de nueve metros cuadrados que sus secuestradores habían improvisado en el sótano de un taller de motos.

Extrañada por el hecho de que su marido no la aguardase en el aeropuerto, la mujer de Quini cogió mientras tanto un taxi para volver a su casa, donde acostó a los niños y esperó su llegada. Intranquila, hacia la una de la madrugada despertó a su vecino Alexanko. Concluyeron que algo malo le había pasado al atacante asturiano. Llamaron al Barça y a la Policía. La noticia se extendió de inmediato.

Fin de la pesadilla

Un colchón, un saco de dormir y un cubo fue todo lo que encontró Quini en el habitáculo en el que hubo de soportar su cautiverio. Sus captores, que no le maltrataron físicamente, le daban bocadillos e incluso aplaudían sus esfuerzos por mantenerse en forma en tan duras condiciones.

Luego llegaría la hora de la negociación. Los secuestradores, dos mecánicos y un electricista en paro, llamaron a la esposa de Quini para hacerle saber que está con vida y le ofrecieron como prueba una carta escrita por el futbolista depositada en los aseos de un bar. Las llamadas se sucederían esos días. En una de ellas quedó fijada la cifra en la que tasaban la liberación del deportista. 100 millones de pesetas (600.000 euros actuales) en billetes usados. Una vez desechada la participación de ETA o los Grapo, los especialistas buscaron el hilo que les condujese a los autores del secuestro, que no tenían antecedentes. A medida que pasaron los días, el nerviosismo se fue extendiendo, hasta el punto de que Núñez sacó los 100 millones de una sucursal de Bankinter que guardó por las noches bajo llave en uno de los baños de la casa de Quini.

Una estratagema sirvió para poner fin a la pesadilla. Se convenció a los raptores para que abriesen una cuenta en Suiza, en la que habrían de recibir el rescate. Dieron su beneplácito. Y cuando uno de ellos acudió a Ginebra a sacar medio millón, quedaron al descubierto. El 25 de marzo, Quini era liberado sano y salvo. Dos semanas después volvía a hacer lo que mejor sabía: marcar goles. Acabó la temporada como máximo realizador del campeonato. A sus captores les cayó una pena de diez años de cárcel. Quini no quiso oír hablar de indemnizaciones. «Hay que pasar página y mirar adelante», dijo durante el juicio ‘El Brujo’.

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