El gran día de...

Un sueño en un recorte de periódico

Arturo, en el campo de fútbol del Berrón./P. Nosti
Arturo, en el campo de fútbol del Berrón. / P. Nosti

Arturo Martínez recuerda su ilusión cuando EL COMERCIO publicó su fichaje por el alevín del Sporting | El exrojiblanco, con 119 partidos disputados en el primer equipo, dirige desde hace tres años una empresa de coaching que busca el desarrollo personal a través del fútbol

VÍCTOR M. ROBLEDO

A Arturo Martínez Noval (Gijón, 1969) no se le olvida el cosquilleo que sintió un día del verano de 1979 cuando su abuelo le leyó un breve de las páginas de deportes de EL COMERCIO. Dos semanas antes, Arturo había estado por primera vez en su vida en la Escuela de Fútbol de Mareo para realizar una prueba de ingreso en el alevín B del Sporting. «Mi padre se había enterado por algún conocido de que organizaban esas pruebas y me preguntó si me apetecía. Los que participamos hicimos ejercicios de conducción, golpeos a puerta y terminamos con un partido en el campo número 7, que entonces estaba debajo del actual número 1. Al acabar ya me dijeron que me habían cogido. Días después salieron en el periódico todas las plantillas. Cuando mi abuelo me enseñó mi nombre me puse más contento que yo qué se, ¡era casi un sueño!», recuerda el exjugador rojiblanco.

Arturo puede presumir de ser uno de los pocos futbolistas formados íntegramente en Mareo que han llegado a la primera plantilla del Sporting. Antes de aquella prueba, su contacto con el fútbol había sido puramente callejero: «Me crié en El Natahoyo y en Los Campos y nunca había jugado en ningún otro equipo, siempre en la calle, con los amigos. En cada foto que tengo de pequeño salgo con un balón. Mi padre había pasado por equipos como el Somió o el Ceares, así que de ahí me viene la afición». Sus visitas a El Molinón ya eran frecuentes, con un jugador acaparando buena tarde de sus miradas: Uría. «Era mi favorito y me fijaba mucho en él, aunque también en otros como Redondo o Ciriaco, que fue después mi entrenador», explica el exlateral rojiblanco.

El único jugador una aquella generación que creció en los campos de tierra de Mareo hasta el primer equipo fue Arturo. Él, que no conocía la Escuela de Fútbol hasta entonces, acabó pasando allí casi media vida. El premio del debut en Primera le llegó de la mano de Novoa casi diez años después, en la temporada 78-88, en un partido ante el Cádiz. El gijonés sustituyó a Iñaki Eraña a nueve minutos del final. Precisamente el conjunto cadista, próximo rival del Sporting, marcó buena parte de la trayectoria de Arturo. «Después del debut tuve que hacer la mili y me reincorporé al Sporting en la temporada 90-91. La verdad que no estaba jugando mucho, hasta que Ciriaco me eligió en un partido contra ellos y me puso como carrilero. Ganamos 3-1 y las tres asistencias fueron mías: el primero lo marcó un jugador del Cádiz en propia puerta y los otros dos los metió Luhovy». Esa actuación consolidó a Arturo en el once y ahuyentó los fantasmas de una posible salida del club de su vida.

Arturo, durante su etapa en el primer equipo rojiblanco.
Arturo, durante su etapa en el primer equipo rojiblanco. / Caicoya

El paso de Arturo por el primer equipo del Sporting se saldó con 119 partidos oficiales disputados, en los que anotó dos goles. El gijonés, por ejemplo, formó en la alineación inicial del último partido rojiblanco en competición europea hasta la fecha, ante el Steaua de Bucarest. En 1995, «tal vez por un error de juventud», confiesa, Arturo salió de Mareo. «En aquel momento el entrenador era García Remón y consideró que tenía que traer a otros futbolistas. Yo era uno de los descartes. No hubo ni conflicto. No supe esperar y aceptar que en un momento determinado podía cambiar esas ideas. Querían traspasarme, no estuve por la labor y rescindí», resume.

Breve etapa como entrenador

Lejos de Gijón, la carrera de Arturo se prolongó hasta los 37 años, con pasos por el Logronés, el Marino, el Elche, el Zamora, el Mensajero, el Llanes y el Berrón. Después, cambió las botas de fútbol por la pizarra de entrenador. «Tenía el primer curso del título, que lo saqué cuando jugaba en Logroño. La verdad que no era algo que me llamase mucho la atención, pero luego empecé a entrenar al Llano 2000 y al Roces y me enganché», explica el exjugador del Sporting, que hasta la pasada temporada estuvo al frente del Berrón.

Durante algunos años, Arturo trabajó como comercial para varias firmas, aunque el mundo del fútbol le sirvió para descubrir la vocación que lo mantiene ocupado en la actualidad: el coaching personal. «Estaba entrenando en el Roces y vino a dar una charla Imanol Ibarrondo, que es una de las principales referencias del coaching. Su charla me marcó. Sentí cosas que me llamaron la atención, como si ya estuvieran dentro de mí. Me certifiqué en la Escuela Europea de Líderes a partir de ahí creé con un socio una empresa», explica.

‘Be you, be different’ lleva funcionando tres años. Arturo y su equipo trabajan el desarrollo personal de niños y adultos con el fútbol como eje central. «A través de un balón buscamos lanzar mensajes de respeto, liderazgo, comunicación, empatía…», resume el exrojiblanco. Desde el Ayuntamiento de Gijón y la Consejería de Educación del Principado están desarrollando programas con colegios como actividades extraescolares. En diciembre, además, organizan un campus de tecnificación  en el campo del Veriña.

«Si yo en mi etapa profesional hubiese sido capaz de encontrar un coach, alguien que me explicase todo esto de las emociones, de aceptar que un día vas a estar arriba y otro no tan arriba… Si me hubiesen enseñado eso, no me hubiera marchado del Sporting y seguramente habría sido mejor en mi vida profesional y personal», reconoce Arturo, que concluye el repaso de su trayectoria hilando un dato con su ocupación: «Ya no vale con llevar a un niño a un club a pegar cuatro patadas a un balón porque de cada 18.000 solo llega uno a profesional. Los demás van a ser una cosa: personas». En ayudar a que se desarrollen desde el fútbol trabaja ahora aquel bravo lateral del Sporting.

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