El Comercio

El entrenamiento de los maestros

Fernando Robleño realiza unos estiramientos en el calentamiento previo al inicio de su entrenamiento en Paracuellos del Jarama.
Fernando Robleño realiza unos estiramientos en el calentamiento previo al inicio de su entrenamiento en Paracuellos del Jarama. / FOTOS: NEWSPHOTOPRESS
  • Los entrenamientos incluyen muchas horas de gimnasio y de carrera para aumentar la resistencia física, que se completan con la práctica del judo, pelota y deportes de raqueta

  • Fernando Robleño, que el viernes torea en Gijón, explica a EL COMERCIO cómo es la preparación de los diestros

Los inviernos son la «despensa» donde se acumula toda la carga de trabajo. Una especie de pretemporada en la que el esfuerzo físico y los entrenamientos son exigentes, para que, una vez llegue la primavera y den comienzo las grandes ferias taurinas -el «escaparate»-, el torero pueda disfrutar en cada faena sin que le fallen las piernas. Ni las piernas, ni los brazos, ni la cintura, ni la cabeza, porque la preparación física y mental que se necesita para saltar al ruedo cada vez es más minuciosa y elevada.

El diestro Fernando Robleño (Madrid, 1979), que lidiará con los toros de La Quinta el próximo viernes, día de Begoña, en Gijón. El diestro prepara en Madrid la cita del próximo viernes en El Bibio y explica a EL COMERCIO cómo se entrena un torero.

«Durante los meses de invierno es cuando hacemos la preparación fuerte. Entrenamos al máximo para estar preparados durante la temporada», explica. Para su entrenamiento diario, Robleño se une habitualmente a un grupo de amigos del municipio madrileño donde reside, Paracuellos del Jarama, quienes cuentan además con un preparador físico que les programa un variado 'planning' de ejercicios. «Para nosotros es muy importante la resistencia», explica el torero, que califica como «fundamental» la necesidad de alcanzar un buen fondo físico «porque hay tardes en las que debemos tirar de ello».

Para conseguir un estado de forma óptimo, durante su 'pretemporada', Robleño se ejercita cuatro días a la semana. Dos de ellos dedicados a completar circuitos de velocidad en la pista de atletismo del Complejo Deportivo de Paracuellos, y otros dos destinados a carrera continua. «Los días más fuertes los hacemos el domingo y te tiras una hora y media corriendo, que pueden ser unos 18 o 20 kilómetros aproximadamente», asegura el diestro.

Las series en la pista, para ganar rapidez, también logran hacer sudar al torero y se alternan con circuitos por cuestas y rampas empinadas, «que son durísimas». Después llega el turno de ir al gimnasio, donde se intercalan ejercicios para fortalecer piernas y brazos. «Puedes tirarte toda una mañana, porque en el gimnasio empiezas a calentar y hay variedad de máquinas para realizar miles de ejercicios», describe Robleño. A partir de ahí, «cada uno, lo que se quiera machacar», añade.

Fortaleza y flexibilidad

En este aspecto, el torero recuerda que «hay que estar fuerte, pero también es importante la flexibilidad». Se debe buscar un equilibrio ya que con flexibilidad «consigues que tu forma de torear sea más pura, más auténtica y a la vez más bonita. Si no estás flexible pareces un tronco y aquello no tiene ninguna belleza». Para estar asentado, recuerda Robleño, se debe tener «una buena cintura, una buena fuerza y una buena estabilidad».

Finalmente, durante la temporada, el objetivo pasa por mantenerse en forma. «Salgo a 'rodar' tres días a la semana», indica el diestro madrileño, quien también centra su actividad en ensayar el toreo de salón -realizar los movimientos de la lidia, pero sin la presencia del toro- «porque ahora mismo es el ejercicio más importante que hay que hacer» para afrontar los 20 o 25 festejos a los que suele acudir actualmente cada temporada. Tras los ensayos de salón, llega el momento de practicar en los tentaderos -toros a puerta cerrada- y, finalmente, salir a la plaza.

El frontón y los deportes de raqueta son practicados habitualmente por los toreros ya que les ayuda a mantener la intensidad y fortalecer los brazos. Aunque en el caso del madrileño, solo echa algún partido de vez en cuando. «No es mi punto fuerte, aunque el tiempo tampoco me lo permite», señala. «Entre los entrenamientos, el toreo de salón y las horas que estás entrando al carro a matar, conlleva mucho tiempo», añade. Con todo, cada torero cuenta con su propio 'librillo' y varios de sus compañeros de profesión practican algunas artes marciales, como el kárate y el judo, que mejoran los reflejos. «También son importantes y es un buen entrenamiento», valora.

Con el paso del tiempo, la preparación y las técnicas de entrenamiento de los toreros han cambiado. Los más veteranos no se ejercitaban con tanto énfasis. «En la escuela taurina, los maestros y los profesionales comentaban que, como mucho, lo que hacían era jugar al frontón y caminar largas distancias», recuerda Robleño. «Hoy día las faenas exigen mucho porque hay que estar mucho tiempo delante del toro. A lo mejor una faena antes eran 40 muletazos y hoy día tienen que ser 80 o 90, entonces para aguantar eso hay que tener una preparación mayor», añade.

Si es clave la preparación física para un torero, la mental no le va a la zaga. «Es todo un conjunto lo que hace que uno pueda torear. La preparación física, mental y la intuición personal de lo que seas capaz de hacer delante del animal», señala el madrileño.

Sufrimiento durante el año

Una vez concluida la temporada, los toreros se someten a un chequeo médico. Y, casi siempre, los resultados «salen un poco mal». Es, según Robleño, «lógico debido a lo que sufrimos durante la temporada. La gente solo te ve dos horas en la plaza, pero por detrás se lleva una vida dura y sacrificada. Son muchas horas de viaje, muchos kilómetros y a veces las comidas son a destiempo. Cambian los horarios, los climas y eso al cuerpo le influye».

Con trece o catorce cornadas recibidas a lo largo de su carrera, Fernando Robleño explica que la recuperación tras la embestida puede ser «inmediata, o puede que la cornada esté rondando tu mente toda tu vida». Pese a los riesgos, considera que el toreo «es un arte y no un trabajo», por lo que a la hora de entrenarse influye en gran medida su estado de ánimo y «la afición que cada uno tenga. En mi caso, puedo pasar cada día, con los trastos de torear en la mano, cuatro o cinco horas» y, de esta forma, sus más allegados le han encontrado ya en varias ocasiones, con el capote y la muleta, durante toda una tarde.

El viernes, Robleño llega a Gijón con ganas de triunfar. Saltará a la arena de El Bibio en compañía de 'El Cid' y Javier Castaño. Abrir la puerta grande de la plaza gijonesa le haría mucha ilusión. Y con ganas de ser el triunfador de la feria apura su preparación para la cita asturiana.