El Comercio

Dopaje

Mireia Belmonte, entre las nuevas filtraciones de 'Fancy Bears'

Belmonte, en un acto de promoción.
Belmonte, en un acto de promoción. / EFE
  • El grupo de hackers ruso enseña la autorización de la nadadora por su fármaco contra el asma

La lista de revelaciones de Fancy Bears sobre las autorizaciones de uso terapéutico (AUT) ha incluido su primer deportista español: Mireia Belmonte. El grupo de hackers rusos enseñó el permiso médico de la badalonesa por el que se le permitió la inhalación de salbutamol hasta mayo de 2013, según los datos de la Agencia Mundial Antidopaje. El tratamiento de la nadadora corresponde a su conocido asma, que se une a su alergia al cloro como desventajas en su carrera deportiva y la exención ha sido firmada por la Federación Internacional de Natación.

«A veces, cuando hay mucho cloro, empiezo a ahogarme», ha reconocido en más de una ocasión Mireia Belmonte, que sufre en las piscinas con mayor índice con este elemento. En realidad, la nadadora no es exactamente alérgica, sino que sufre por su sensibilidad al componente. Según explica el Colegio Americano de Alergia, Asma e Inmunología, en estos casos el cloro irrita las vías respiratorias, las sensibiliza, lo que puede contribuir a la aparición de alergias y aumentar el riesgo de asma (enfermedad que ya sufre la española). El salbutamol se prescribe como tratamiento o prevención para afecciones pulmonares que suelen conllevar sensación de ahogo y respiración entrecortada. El consumo de Mireia Belmonte es por inhalación a través del popular ‘Ventolín’.

No son los únicos obstáculos que el cuerpo ha puesto a Belmonte. La nadadora catalana empezó en la pileta cuando era una niña para corregir su escoliosis y se ha colgado cuatro medallas olímpicas después de competir en tres ediciones de los Juegos Olímpicos. Su preparación se suele basar en un gran volumen de entrenamientos por orden de su entrenador, Fred Vergnoux. La deportista suele sumar hasta 12 sesiones semanales en sus épocas de mayor exigencia: 180 minutos en el agua (a veces con un 5.000 a ritmo de competición para acabar la rutina del sábado), tres sesiones de fuerza de dos horas, tres de crossfit de una hora, tres de carrera en montaña de 55 minutos, tres de trabajo cardiovascular de 45 minutos, tres de bicicleta estática de 45 minutos y dos de recuperación mediante crioterapia (frío extremo controlado para acelerar la recuperación física).

Además, la badalonesa alterna las piscinas catalanas con concentraciones en la altura de Sierra Nevada para mejorar la capacidad de oxigenación y otros deportes como el boxeo o el trial porque le gusta cambiar de modalidad para estimular su sacrificio. Incluso probó su capacidad de fondista en pruebas en aguas abiertas del mar con resultados muy diversos. No obstante, sus últimas mejoras reconocidas han sido el llamado ‘entrenamiento invisible’ al vigilar su nutrición (se mantiene en torno a los 60 kilogramos) y garantizarse un mínimo de horas de sueño (al menos ocho por orden de su técnico).

Por otra parte, las AUT se han convertido en permisos muy frecuentes en algunos deportes, puesto que permiten a los deportistas superar sus limitaciones por diversas enfermedades. Al mismo tiempo se han convertido en recursos encubiertos para forzar exenciones que proporcionan fármacos que ayudan a diversas mejoras. «¿Es posible que alguien pudiera tratar de jugar con el sistema y conseguir una ventaja? Bueno, sí. Esos significaría que tiene un médico que está en connivencia con usted para romper las reglas», reconoció esta semana Stuart Miller, director del programa antidopaje de la Federación Internacional de Tenis al New York Times. La posibilidad de hacer trampas con el sistema es lo que hace que las revelaciones de los hackers rusos están abriendo el debate sobre la legitimidad de cada una de las autorizaciones y están poniendo la lupa sobre algunos de los deportistas con privilegios. «Esto plantea muchas preguntas. ¿Cómo deportistas sanos pueden tomar legalmente medicamentos prohibidos al resto?», se preguntó Vladimir Putin, presidente de Rusia, el país que disponía de un sistema organizado de dopaje según las informaciones del todavía inacabado ‘informe McLaren'.