El Comercio

Piragüismo

El Club Kayak Siero cumple veinte años

Las jóvenes promesasdel club.
DLas jóvenes promesasdel club. / Pablo Nosti
  • Presume de ser uno de los equipos de piragüismo con mayor número de palistas, que comparten parentesco y entrenamiento

a del Club Kayak Siero es una gran familia y, como tal, no faltan en ella el patriarca, los hijos pródigos, los nietos de los que estar orgullosos, los cuñados protestones y hasta alguna suegra que domina el remo. Todos sacan adelante un equipo de piragüismo que ya es un emblema en La Pola y con todos ellos lidia, desde hace más de cuatro décadas, Juanjo Domínguez, uno de los fundadores, vinculado desde niño al río Nora. «Antiguamente no había equipos, se competía por ayuntamientos», recuerda.

Corrían los años setenta cuando junto a Nacho Fonseca decidió comprar una piragua y probar suerte en Villaviciosa, compitiendo sin estar federados. «Cuando nos intentamos subir en El Puntal volcamos más de veinte veces», relata divertido. Al año siguiente pusieron en marcha la sección de piragüismo en el Club Los Pepitas, al que pertenecían. Y, a partir de ahí, todo fue crecer. «Al principio éramos cincuenta o sesenta, pero que se subieran a la piragua, media docena», señala Domínguez.

Sin embargo, las diferencias de criterio con la directiva de aquel entonces les llevaron a emprender la aventura por su cuenta y en 1996, hace ya 20 años, crearon el Club Kayak Siero, que en la actualidad acoge a unos setenta palistas de todas las edades.

Desde los inicios, Juanjo se ha encargado de enseñar a remar, a desenvolverse en el río, a ganar y también a perder. «Hay que estar preparados para todo», defiende. Logró sacar el título más alto de entrenador, el de nivel tres, y ha perdido la cuenta del número de pupilos que ha tenido. «Muchísimos, serán unos mil», apunta. Siempre volcado con los más jóvenes, la pasada semana se emocionó cuando en la fiesta de fin de temporada le sorprendieron con varios regalos. «Me planteo dejarlo porque ya son muchos años y uno cansa. Pero luego estos guajes me dicen que si me voy yo, ellos también, y no quiero que eso pase», confiesa.

450 metros de río

Su labor no ha sido ni es fácil. Del kilómetro de río con el que contaban al principio se quedaron con menos de la mitad tras las obras de la autovía, lo que los obliga a desplazarse los fines de semana a Trasona o a Villaviciosa para mejorar la preparación. «Es como si a un atleta de velocidad lo pones a entrenar en el salón de su casa», compara Domínguez.

Aun así, nadie pierde la ilusión y la camaradería se palpa en la nave de El Bayu. «Aquí lo único que se exige es saber nadar», explica Domínguez, que presume también de que el de Siero es uno de los pocos equipos en los que entrenan familias completas.

Es el caso de Ramón y Jaime Noval, padre e hijo, que comparten afición con otros hermanos y primos. «Empecé de guaje porque nunca fui futbolero y era una alternativa; lo tuve que dejar un tiempo, pero volví para animar a Jaime a que viniera», relata Ramón. «Lo que más me gusta es que es un deporte que se practica en la naturaleza y que dependes únicamente de ti. Aquí la mala suerte existe, pero la buena te la tienes que ganar».

Juanjo Domínguez, rodeado por los palistas más jóvenes del club

Juanjo Domínguez, rodeado por los palistas más jóvenes del club / Pablo Nosti

A Jaime, en cambio, la piragua se le resistió. «Llevo diez años pero, al principio, no me apetecía nada y me costaba mucho venir. Luego ya vi que entrenando se conseguía ganar y me enganché», reconoce. El pasado año debutó en el Campeonato del Mundo de Maratón en la localidad húngara de Györ –en el que quedó undécimo en K-1 Junior– y ahora, a sus diecinueve años, trata de compaginar sus estudios de Derecho y Administración y Dirección de Empresas con el deporte. «Es bastante complicado porque requiere un esfuerzo extra, sobre todo por los horarios de las clases y porque competir a un nivel alto supone pasar las tardes en el río, pero merece la pena», señala.

No es el único. Juanjo Domínguez sabe que la etapa de la universidad es la más complicada para los palistas, pero también asegura que la gran mayoría de los que se van vuelven con el paso del tiempo. A Léa Orsettig, a sus catorce años, aún le queda trayectoria por delante hasta plantearse su futuro. Comenzó hace ocho años gracias a su hermano Simon, otra joven promesa a la que los estudios han apartado temporalmente de la competición. «Quise seguir su ejemplo, me dio por probarlo y desde entonces no he faltado a casi ningún entrenamiento», explica. En los campeonatos de España en los que ha participado ha quedado siempre entre las nueve primeras clasificadas tanto en K-1 como en K-2 y destaca que «lo mejor del piragüismo es el buen rollo que tenemos todos».

Treinta y cinco años remando

Un ambiente familiar del que también está orgulloso Lelo Cuesta, presidente del Kayak Siero desde hace cuatro años y palista desde hace treinta y cinco. «El año que hice la mili no competí, pero nunca dejé de entrenar», asegura. Lo suyo fue ver al asturiano Herminio Menéndez ganar una medalla, saber que Juanjo Domínguez estaba impulsando el piragüismo y bajar al río. «Hay años que son mejores pero, en general, el club está muy bien», asegura.

Destaca que tiene cubiertas casi todas las categorías, algo que considera «fundamental» para la continuidad del equipo. «No sé qué es, pero la piragua tiene algo que engancha y aquí eso se palpa, es para estar orgulloso», añade.