El Comercio

Diez años de tatami

Ricardo García Mendaña, con sus jóvenes alumnos en el sala del Santa Olaya.
Ricardo García Mendaña, con sus jóvenes alumnos en el sala del Santa Olaya. / AURELIO FLÓREZ
  • El arte marcial cumplirá muy pronto una década como una de las actividades de mayor aceptación

La actividad de kárate acaba de comenzar un año más en el Santa Olaya y, como cada curso deportivo -próximamente serán diez-, se cuelga el cartel de no hay plazas en la oficinas de la entidad fabril. El 'culpable' no es otro que el gijonés Ricardo García Mendaña, que hace ya muchos años decidió que el kárate iba a ser su vida y que el pasado mes de junio alcanzó el séptimo DAN en esta disciplina, categoría que pocos karatecas tienen en España.

«Llegué al Santa Olaya para ofrecer el kárate a sus socios y compartir con ellos este deporte que es tan bonito. Desde el principio encajó muy bien», afirma Ricardo García Mendaña, quien no duda en señalar que «es un gran club, en el que se encarnan valores como el esfuerzo, el sacrificio, la entrega y la solidaridad y que en la vida, como en el deporte, no hay atajos».

Desde entonces, la familia olayista entorno al tatami no ha hecho más que crecer y los cursos de kárate superan los 80 alumnos. Se imparten en los niveles de prepárate, infantil y adultos.

El técnico gijonés intenta sobre todo que «todos ellos disfruten». Para lograrlo, las sesiones semanales siguen objetivos diferentes. Los lunes, kumite, los miércoles el trabajo se centra más en la técnica y los viernes es cuando se mezclan ambas vertientes del kárate para que cada día sea diferente. Si desean seguir progresando, tienen que tener cierto dominio del combate y, si quieren competir a cierto nivel, pueden pasar al grupo de Gijón Kárate, donde ya pueden tener mayor dedicación.

Tiene como orgullo que a través de los años no han sido pocos los alumnos que han comenzado en el prepárate y han continuado en la actividad hasta ahora e, incluso, unos 40 al alcanzado el grado de cinturón negro: «Es un orgullo que hayan comenzado conmigo y hayan alcanzado un grado tan alto». Resalta que muchos de ellos no han entendido el kárate solo como un deporte, sino también como educación. «En sus estudios obtiene calificaciones muy brillantes. Han desarrollado una personalidad capaz de superar retos de forma constante», apunta.