El Comercio

Los judocas avilesinos cierran el torneo más competido con once medallas

Uno de los combates femeninos de la Supercopa infantil.
Uno de los combates femeninos de la Supercopa infantil. / MARIETA
  • Un polideportivo del Quirinal lleno hasta los topes acogió ayer la Supercopa infantil y la competición alevín por equipos

De récord. Así fue la décimo sexta edición del Torneo Internacional de Judo Villa de Avilés, organizado un año más por el Judo Club Avilés bajo la dirección de Carlos Fernández. Uno de los deportes con más licencias de nuestro país pese a no encontrarse entre los más mediáticos colapsó más que nunca la ciudad para albergar a más de 5.000 almas entre judocas y acompañantes, los cuales llenaron el polideportivo del Quirinal durante las dos jornadas de competición.

Tras la Supercopa de España cadete y la competición junior del sábado, ayer se celebró la Supercopa infantil y el torneo alevín por equipos, con buen papel de nuevo de la expedición avilesina, que ya acumulaba siete metales. En la categoría infantil, los clubes locales se repartieron dos preseas. Alba Barreiro, del Judo Avilés, fue plata en -52 kilos; mientras que Iria Cuesta, del Judo Sanfer, hizo lo propio en +63. Como anécdota, cabe reseñar que Alba es hermana de Andrea, que el sábado se colgó la medalla de oro en la categoría junior.

Posterior a la Supercopa de España infantil tuvo lugar la competición alevín por equipos, en la que el Judo Avilés se volvió a subir al podio después de varios años sin conseguirlo, debido al gran nivel de los clubes participantes. Este año, pese a que la cantidad de equipos había aumentado, el conjunto avilesino mostró su mejor nivel para colar hasta a dos equipos entre los tres mejores, si bien el primer puesto cayó en manos del Judo Palencia, con Judo Coruña también bronce, empatado a puntos con el Judo Avilés B.

De esa forma, la competición alevín puso fin a un fin de semana plagado de judo y de deporte en la ciudad de Avilés. Judocas y acompañantes procedentes de todas las comunidades autónomas españolas y de países extranjeros como Portugal, Italia, Francia, Moldavia o Bulgaria llegaron a la ciudad por tierra y aire para situarla en el mapa, como ocurriera durante el verano con el Campeonato del Mundo de duatlón.

El polideportivo del Quirinal, un pabellón de los más bonitos del norte de España y con capacidad para más de 4.000 espectadores se llenó hasta los topes, algo que apenas ha ocurrido desde su inauguración en 2003. Sólo eventos como el Campeonato del Mundo de Escalada, con permiso de puntuales visitas de las selecciones absolutas masculinas de fútbol-sala o voleibol, han conseguido ocupar unos asientos muy exigentes con el deporte local.

«Estamos muertos, muy cansados, pero también muy satisfechos. Parecía imposible crecer más, pero lo hemos vuelto a hacer. El pabellón ha estado hasta arriba, más que nunca, la ciudad también, y es para estar muy orgullosos», explicaba ayer un exhausto Carlos Fernández.