El Comercio

Pedaladas de solidaridad hasta Kenia

Pedaladas de solidaridad hasta Kenia
  • El gijonés Nicolás Merino parte en bicicleta hasta Tala para recaudar fondos para construir un orfanato

Nicolás Merino comunicó a sus amigos, hace ocho meses, la aventura que tenía entre manos: «Chavales, vuelvo a Tala en octubre». El gijonés había estado, hace tres años, en la localidad de Kenia ayudando a los más necesitados. Lo más complicado fue explicar en casa que el medio de transporte con el que se iba a desplazar a África no iba a ser el avión. Ni el coche. «Me voy en bicicleta por un fin benéfico», dijo en casa ante la mirada atónita de sus padres. No debe resultar fácil asimilar que tu hijo se va cinco meses en bicicleta para recorrer 10.000 kilómetros en solitario.

Poco a poco, lo que comenzó siendo un sueño iba cogiendo la forma necesaria para convertirse en realidad. El objetivo de esta aventura no es otro que recaudar la mayor cantidad posible de euros para terminar el Orfanato de Kubaka en Tala. «Hace años estuve allí y se me quedó una espina clavada. Ha llegado el momento y pedalearé hasta llegar a la que fue mi casa durante unos meses. Nadie se puede hacer a la idea de lo felices que son allí con muy poco», subrayó.

La fecha de salida la marcó en el mes de junio. El 30 de octubre comenzaría su andadura desde la puerta de su casa. Dicho y hecho. Ayer a las 10 de la mañana su madre y su hermana bajaron con Nicolás y su bicicleta para despedirlo con lágrimas en los ojos, una escena presenciada por EL COMERCIO, que compartió con el protagonista un buen trayecto del viaje. No fueron las únicas que se acercaron para desearle suerte. Sus amigos y amigas, además de su novia, no quisieron perderse la ocasión de ver sus primeras pedaladas.

«No me gustan las despedidas. Quería empezar a rodar porque estaba siendo el centro de atención», dijo Nicolás a los pocos kilómetros de abandonar Gijón. Rafael Méndez y Borja Castaño acompañaron a su amigo, además de este diario, hasta los pies del Puerto de Pajares. Las primeras horas no fueron en solitario.

Primera etapa

Gijón, Langreo, Mieres, Pola de Lena y Campomanes. Todos ellos fueron cayendo con el paso de las horas. En torno a las cuatro de la tarde, Merino se quedó solo en su viaje hacia Tala. «Ha sido un placer; muchas gracias por haberme acompañado», comentó. Unos minutos después se puso el casco, bebió el último sorbo de una Coca-Cola, y con firmeza encaró los últimos 15 kilómetros de la primera etapa. Aunque ya había recorrido gran parte de la distancia marcada para el primer día, todavía le quedaba lo peor: el Puerto de Pajares.

No será una aventura fácil. Nicolás tendrá días buenos, regulares y malos. Muy malos. La soledad marcará el trayecto, pero el fin solidario de ayudar a personas que de verdad están sufriendo no hay dinero que lo pague. Cinco meses por y para los más necesitados. Cinco meses con el pueblo de Tala en la mente. España de Norte a Sur y África de Oeste a Este bien merecen que se recaude el dinero suficiente para que se concluyan las obras del Orfanato de Kubaka. Suerte y a por todas Nicolás.