El Comercio

El último golpe de Perico Fernández

Perico Fernández lanza un directo a Gómez Fouz en uno de los dos combates entre ambos.
Perico Fernández lanza un directo a Gómez Fouz en uno de los dos combates entre ambos. / E. C.
  • Muere a los 64 años el campeón del mundo y leyenda del boxeo en la década de los 70, que llegó a vivir en la indigencia la última etapa de su vida

Leyenda del boxeo en la década de los 70, Perico Fernández perdió ayer su combate con la vida. Enfermo de alzhéimer y diabetes, el excampeón del mundo de los pesos superligeros falleció a los 64 años en el centro neuropsiquátrico de Zaragoza en el que estaba ingresado.

Abandonado desde hace un lustro, antes de pasar los últimos meses en la clínica tutelada por el Instituto Aragonés de Servicios Sociales en la que fue hospitalizado al empeorar su estado de salud, Perico Fernández llegó a vivir en la indigencia y a dormir en una de las habitaciones de un club de alterne de Zaragoza que le prestaba un amigo que regentaba el local. Perico Fernández alcanzó la gloria universal en Roma cuando solo tenía 21 años, el 21 de septiembre de 1974, al derrotar al japonés Lion Furuyama a los puntos, pero al igual que su ascenso en el mundo del boxeo fue meteórico, la caída del púgil aragonés también fue fulgurante.

La pelea que marcó su declive deportivo y personal fue la que le ganó en 1977, en Madrid, el tailandés Suansak Muangsurin. Aquel combate, revancha del título mundial que le había arrebatado dos años antes el asiático en Bangkok por KO, lo perdió a los puntos y precipitó su despedida de los cuadriláteros.

«Era un hombre de buen corazón, como un niño grande. Se crió como se crió y notabas que le faltaban cosas, pero era una buena persona», recuerda el exboxeador ovetense José Ramón Gómez Fouz, que se enfrentó con el aragonés en 1973 con el título nacional en juego en Madrid. «Yo era encajador y noté que hacía daño. Llegamos a pelear dos veces, una me ganó por puntos y la otra hicimos nulo», explica el expúgil asturiano, que ejerció de anfitrión en su última visita al Principado.

«Hace cosa de tres años vino por Asturias con un amigo. Quería comer marisco. Le invité y recuerdo la gran importancia que le dio a que le pagase esa comida», rememora Gómez Fouz sobre esa reunión entre cubiertos en Lugones, cuando la enfermedad que le terminó llevando a la lona apenas le había dado los primeros golpes. «Todavía estaba bien, pero uno de sus acompañantes me dijo que ya tenía despistes», explica acerca del primer español que revalidó el título mundial . «Tenía que haberme cuidado más», lamentaba en el ocaso de su vida.