Judo

Las Barreiro no tienen rival en el tatami

La hermanas Barreiro muerden sus respectivas medallas, gesto habitual a lo largo de su corta pero exitosa carrera./José Prieto
La hermanas Barreiro muerden sus respectivas medallas, gesto habitual a lo largo de su corta pero exitosa carrera. / José Prieto

Alba sigue los pasos de su hermana Andrea y ambas se codean con la élite del judo nacional

Santy Menor
SANTY MENORAvilés

Es complicado ver a dos hermanas que se lleven tan bien como Andrea y Alba Barreiro. El carné de identidad dice que se llevan siete años, pero en el día a día parecen compañeras de clase. La mayor, Andrea, tiene 21 años y acaba de aterrizar en la categoría senior después de una exitosa etapa junior que la llevó a la selección española. Aunque no lo parezca, la menor, Alba, tiene catorce, si bien por su mente ya pasa dedicarse profesionalmente al judo y a estudiar Medicina.

Las dos aman este deporte por encima de todas las cosas, idilio que comenzó cuando Andrea comenzó a ver entrenar día a día a los pupilos de Carlos Fernández en el polideportivo del Quirinal. «Empecé de muy pequeña en gimnasia rítmica, pero no se me daba muy bien y cada vez que veía a los de judo me quedaba prendada mirando. Yo también quería». Sus padres apoyaron el cambio y ahí comenzó una relación con el Judo Avilés que se mantiene hasta la fecha y que no tiene visos de terminarse pronto. «Este club es una familia. Aunque tengo amigos fuera, de clase y demás, mi mejor amiga es Raquel Rodríguez, con quien llevo compitiendo desde pequeña. Me encanta venir a entrenar y también dar clase a los pequeños».

Entre ellos, a veces está su hermana Alba, que, como no podía ser de otra manera, comenzó en el judo por imitar a Andrea. «Desde pequeña siempre me gustó hacer lo que ella hacía y claro, con el judo no iba a ser menos». Sin embargo, sobre el tatami son muy diferentes. No se parecen en nada. Andrea mide 1,78 metros y es todo garra. «No sé contemporizar. Tenga a quien tenga delante voy con todo y me dejo la piel, Sin embargo, mi hermana –de 1,60 metros de estatura– es mucho más lista y más fría. Mide muy bien a su rival y realiza el combate que mejor convenga según la ocasión. También es más técnica. Si sigue así, me superará seguro», sonríe una Andrea a la que se le iluminan los ojos cuando habla de su hermana pequeña. En ese sentido, recuerda que «yo tengo medallas, pero ningún oro nacional, y ella ya tiene dos».

Andrea estudia magisterio por Educación Primaria y tiene una gran vocación para enseñar. Además de su faceta como judoca, que le ha llevado esta temporada a ser tercera de España universitaria o bronce en la Liga Nacional de Primera División, es monitora del campus del club que se celebrará una vez más este verano, y también dirige a varios grupos de los más pequeños del club. «Me encanta enseñar a los más pequeños. Me lo paso muy bien, ellos aprenden y la verdad es que me tienen ganada».

Mano a mano

A veces también le toca echar una mano con los infantiles y dirigir a su hermano, algo que Alba lleva muy bien. Aunque Andrea asegura que «los trato a todos por igual», a su hermana menor le puede la inocencia y reconoce que «está muy pendiente de mí y me ayuda a mejorar. Sabe cuáles son mis puntos fuertes y débiles y lo que me tiene que decir para que lo haga bien».

La cantidad de horas que pasan juntas a lo largo de la semana no sólo no desgasta su relación, sino que la fortalece. «Cuando voy a competir es muy importante que Andrea venga conmigo y esté detrás. Sabe lo que me tiene que decir antes de salir al tatami y las cosas siempre van mejor», asegura Alba. Andrea tiene claro que «seguiré acompañándola como estoy haciendo hasta ahora siempre que sea compatible con mis competiciones, pero siempre le digo que es una situación más mental que otra cosa. Ella está capacitada para hacerlo bien siempre».

Unidas desde la niñez por una misma pasión.
Unidas desde la niñez por una misma pasión. / José Prieto

A sus catorce años Alba se expresa prácticamente como una persona adulta. Las competiciones la han curtido y se desenvuelve durante la entrevista como si hubiese realizado miles, algo muy distinto a lo que ocurre con la mayoría de deportistas de su edad. Cuestionada por sus planes de futuro, la joven judoca avilesina asegura que su ilusión es «estudiar Medicina», aunque desvela que «lo que más me gusta es el judo y si tengo la más mínima posibilidad de llegar a ser profesional lo intentaré», admite convencida, poniendo como ejemplo a su compañera de club Jaione Ekisoain.

La temporada ha terminado para ambas, que ya piensan en el verano. Sin embargo, las dos, y sobre todo la pequeña, reconocen que «no se puede parar de entrenar más de una semana, porque septiembre está ahí y luego se nota mucho a la hora de competir». Palabra de Barreiro, un apellido sinónimo de éxito.

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